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Arnhem, la batalla por el puente

El fracaso de los aliados en su intento por entrar en Berlín en 1944 se saldó con injustas destituciones y falseamientos de lo sucedido

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Soldado nazi muerto sobre el puente Arnhem en septiembre de 1944 | Cordon Press

El Rin nace en los Alpes suizos y se dirige al norte; tras hacer de frontera entre Suiza y Austria, luego entre Suiza y Alemania, y después entre Francia y Alemania, constituye la Renania, que se extiende a uno y otro lado del río. Después de enriquecerse con varios e importantes afluentes (entre ellos el Neckar en Mannheim, el Meno en Wiesbaden, el Mosela en Coblenza, y el Ruhr en Duisburgo) tuerce el rumbo hacia el oeste y entra en los Países Bajos; allí, en aquella inmensa planicie, se ensancha y se divide en dos brazos, el Rin propiamente dicho (ahora llamado Bajo Rin) a la derecha y al norte, y el Waal a la izquierda y al sur. Más al sur, el Mosa transcurre también de este a oeste y en paralelo hacia su propia desembocadura en el Mar del Norte. Se presenta así un triple obstáculo natural a quien quiera viajar de sur a norte.

En octubre de 1944 el Alto Mando de los aliados (o SHAEFSupreme Headquarters of Allied Expeditionary Forces—) que dirigía Eisenhower atribuyó a Montgomery la dirección de un audaz ataque a través de esa planicie para llegar directamente al corazón industrial de Alemania —el Ruhr— y más tarde al corazón político del nazismo —Berlín—. El ataque a través del curso bajo del Rin evitaba enfrentarse a la Línea Sigfrido con la que los jerarcas nazis y sus generales pretendían defender el III Reich, pues dicha línea seguía el curso medio del Rin y luego a partir de la divisoria Estrasburgo-Offenburgo se apartaba del río y seguía una línea opuesta a la Línea Maginot francesa.

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El mariscal Montgomery

Eisenhower (a quien el 1 de diciembre de 1944 habría de dársele el rango de General de cinco estrellas o Generalissimo para que tuviera una categoría equivalente a la de Mongtomery, que desde el 1 de septiembre de ese año ya ostentaba la de Mariscal y que estaba bajo las órdenes del norteamericano) había dado preferencia a ese ataque, de auténtica punta de lanza, sobre los planes más clásicos propuestos por Bradley, Bedell-Smith o Patton consistentes en avanzar en línea los tres Grupos de Ejército —el 6º (Devers), el 12º (Bradley), o el 21º (Montgomery)— atacando la Línea Sigfrido y cruzando la Renania hasta alcanzar el Rin.

El plan era ambicioso y arriesgado. Consistía en apoderarse por sorpresa, mediante el lanzamiento de tres Divisiones de Paracaidistas, las norteamericanas 82ª All Americans (Gavin) y 101ª Screaming Eeagles (Taylor) y la 1ª británica (Urquhart), de los puentes que permitían cruzar lo que era un auténtico delta o estuario del Rin, un estuario urbanizado y fijado por construcciones, diques y canales fruto de la incomparable ingeniería holandesa que a lo largo de los siglos había permitido al laborioso pueblo holandés —aunque no sin reveses— contener las aguas y ganar terrenos al mar.

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Paracaidistas ingleses en ruta hacia Holanda

Los puentes se apoyaban en tres importantes poblaciones, Eindhoven, Nimega y Arnheim, situadas a lo largo de un tramo de 96 km de la carretera que de sur a norte permitía dirigirse desde Lommel, en el Limburgo belga, a las llanuras alemanas de la Baja Sajonia y de Luneburgo.

Resultaba llamativo, en todo caso, que Montgomery diseñara un plan tan arriesgado, dependiente solo de una carretera por la que tendrían que avanzar las fuerzas acorazadas (Garden) que acudirían en socorro de los paracaidistas (Market) y que transcurría por terrenos pantanosos, por lo que un atasco en el avance de la unidad que iría en vanguardia, la División de Guardias británica (Adair) pondría en peligro toda la operación; se contaba con que los paracaidistas (equipados con armamento ligero y con suministros de munición limitados) no podrían mantenerse en sus posiciones, los puentes a conquistar, más de 2 ó 3 días.

Y era llamativo que Montgomery afrontara tales riesgos porque contaba con la oposición de Bedell-Smith Jefe de Estado Mayor del SHAEF; de Sosabowski, Jefe de la I Brigada Independiente de Paracaidistas polaca (que formaba parte de la División británica); de Bradley y de Patton, respectivamente Jefes del 21º Grupo de Ejércitos y del Tercer Ejército norteamericano; y aun de su propio Jefe de Estado Mayor, De Guingand. Monty (así se apodaba Montgomery) era especialmente cauto y prudente; apreciaba mucho a sus soldados y éstos le apreciaban a él no por su persona (era particularmente antipático) sino por su dirección y porque no les exponía inútilmente. Monty no quería bajas innecesarias, y siempre creyó que era más fácil reponer material (carros de combate, ametralladoras, etc.) que soldados. No todos los generales pensaban así: Rommel (alemán) y Zhukov (Ruso), entre otros. Por eso la preparación por Montgomery de las Operaciones Lightfoot y Supercharge en El Alamein (1942), Goodwood en Normandía (1944) y Plunder en el Rin (1945) se caracterizaron por su amplitud y minuciosidad, procurando siempre una superioridad nunca inferior a 3:1 tanto en hombres como en material, y en todo caso absoluta superioridad aérea.

La batalla

En el caso de Market-Gardenlos Aliados dominaban los cielos del noroeste de Europa, lo que les permitía no solo enviar a los Países Bajos una respetable flota aérea de aviones de transporte y planeadores de combate sino emplear a fondo los aviones P-47 Thunderbolt (USAAF) y Hawker Typhoon (RAF) de apoyo táctico que podían ametrallar y bombardear a las concentraciones militares alemanas que se interponían en el avance terrestre casi con absoluta impunidad. A estas alturas y en ese escenario bélico (Bélgica, Países Bajos) la Luftwaffehabía quedado reducida a la mínima existencia.

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La ofensiva comenzó el 17 de septiembre de 1944 con el lanzamiento simultáneo de las tres Divisiones de Paracaidistas. La 101ª norteamericana se apoderaría de los puentes sobre el Canal Guillermina en Eindhoven, la 82ª también norteamericana tomaría el del Mosa en Grave y el del Waal en Nimega. La 1ª británica tomaría el puente más lejano, el que cruzaba sobre el Rin en Arnheim. Al mismo tiempo empezaba por tierra desde el Canal Mosa-Escalda (a la altura de Lommel) el avance del XXX Cuerpo de Ejército británico (Horrocks) con la División de Guardias encabezando la marcha. Y en punta de dicha División el III Batallón de los Guardias Irlandeses (Vandeleur). A la 1ª División británica correspondería tomar el más lejano de los puentes (un puente demasiado lejano,sentenció después el mando de la operación).

Pero si algo puede ir mal, irá mal. En este caso, no se había previsto el número de aviones de transporte suficiente para la 1ª División por lo que los lanzamientos tuvieron que hacerse en tres fases. La I Brigada Paracaidista polaca tendría, pues, que esperar al día siguiente para ser lanzada. La zona de toma de tierra estaba en Oosterbeck, a 10 km de al oeste de Arnheim (el lugar quedaba fuera de la fotografía de la zona), lo que obligaba a una peligrosa y retardadora marcha de aproximación. Los equipos de transmisiones tierra-tierra y tierra-aire no funcionaban (no habían sido provistos con las válvulas adecuadas) con lo que el aislamiento del Mando de la División era total y la comunicación con sus propias Brigadas (incluida la Brigada polaca) y con el Mando de la operación era completo.

Por otra parte, la aparición de niebla en los aeródromos de Inglaterra impidió el despegue de los aviones de transporte y planeadores de la segunda oleada; para cuando tuvo lugar el lanzamiento, los alemanes ya se habían recuperado de la sorpresa y su artillería antiaérea pudo derribar a 10 aviones, algunos de los cuales cayeron al suelo antes incluso que los paracaidistas se hubieran lanzado. Para colmo, un soldado alemán encontró en un planeador derribado una carpeta con los planos de la operación, con lo que el mando alemán tuvo enseguida conocimiento de cuáles eran las zonas de toma de tierra y pudieron ocupar parte de ellas. La consecuencia inmediata fue que los suministros que fueron lanzados con la segunda oleada cayeron en manos de los propios alemanes. Otra consecuencia fue que cuando los paracaidistas de la Brigada polaca fue lanzada (3 días más tarde de lo previsto, por el retraso debido a la niebla) su llegada ya era esperada por el enemigo, y los paracaidistas fueron tiroteados por los alemanes antes de que aquéllos pudieran tomar tierra, causándoles enormes bajas.

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Pero el mayor de los errores, que ni Montgomery ni Browning (Jefe del I Cuerpo de Ejército Aerotransportado) quisieron enmendar, fue la información sobre el objetivo. En Arnheim y en sus cercanías estaba acantonado el II SS Panzer Korps (Bittrich) integrado por las Divisiones Acorazadas de las Waffen SS Hohenstaufen (Harzer) y 10ª Frundsberg (Harmel). Eldato había sido proporcionado por la Resistencia holandesa y corroborada por fotografía aérea de la RAF. También les había sido transmitido por la Escuela de Cifra de Bletchley Park a través de Ultra, pero no fue tenido en cuenta quizá porque cuando les fue transmitido a Browning y a Monty ambos lo consideraron poco fiable o la operación ya estaba en marcha y no había forma de pararla.

De modo que solo el II Batallón (Frost) pudo llegar al estribo norte del puente de Arnheim y quedó allí aislado. Fue atacado y, a pesar de su heroica resistencia, prácticamente aniquilado el 21 de septiembre por los blindados y la artillería de la División Hohenstauffen, cuyos efectivos regresaban, precisamente, de batirse con los norteamericanos en Nimega. Los I y III Batallones intentaron socorrer al de Frost, abriéndose paso entre los elementos de la División Frundsbergque los tenían a su vez cercados en Oosterbeek con el Rin a sus espaldas. No pudieron resistir al cada vez más asfixiante cerco de las tropas acorazadas, más numerosas y con armamento pesado. En todo caso, la misión de los paracaidistas era resistir 3 días. El II Batallón agotó la munición en cuatro días y fue entonces cuando los supervivientes tuvieron que rendirse.

El resto de la División aguantó 9 días, hasta el 26 de septiembre. En esa fecha los restos de la División tuvieron que retirarse a través del Rin, con ayuda de los paracaidistas polacos, en botes neumáticos y aprovechando un transbordador de cable instalado aguas debajo de Oosterbeek; aunque la mayor parte tuvo también que rendirse. Efectivamente, el éxito de la compleja Operación Market-Gardendependía de la sorpresa (que los paracaidistas perdieron ya el primer día) y de la rapidez (con la que los blindados del XXX Cuerpo de Ejército británico no se movieron). Les costó avanzar hasta Eindhoven, donde tuvieron que reconstruir el paso sobre el Canal Guillermina cuyo puente había sido volado por los alemanes; se retrasaron en llegar hasta Nimega (a la 82ª División se le encomendó una diversión a los altos de Groesbeek y cuando volvieron a la ruta se encontraron con que tropas alemanas habían ocupado ya el puente); y no pudieron llegar a tiempo a Arnheim. Avanzaban por una sola carretera y cualquier salida por los márgenes suponía la inmovilización del vehículo en terreno pantanoso; cualquier contraataque alemán, aunque fuera rechazado, suponía un retraso; cualquier avería, una paralización momentánea hasta que un vehículo de apoyo la solventara o tuviera que empujar el carro de combate fuera de la carretera.

La 1ª División de Paracaidistas británica (excluida la I Brigada polaca) sufrió 1.500 muertos; 6.000 paracaidistas cayeron prisioneros y 2.000 pudieron escapar a través del Rin. La 1ª Brigada Independiente de Paracaidistas polaca tuvo 500 bajas mortales. Quedaron prisioneros de los alemanes unos 100 paracaidistas polacos.

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Los paracaidistas británicos y los polacos se batieron muy tenazmente y causando también numerosas bajas a las unidades de las Waffen SS (entre las que había tropas holandesas que formaban parte de la División Landstorm Nederland). Causaron a los alemanes, solo en Arnheim y Oosterbeek, 1.700 muertos y 2.000 heridos. Pero los británicos estaban completamente cercados y cuando agotaron la munición no podían seguir combatiendo con bayonetas y a culatazos contra fusiles ametralladores y piezas de artillería de 88 mm en fuego rasante. Eso explica el elevado número de paracaidistas que cayeron prisioneros de los alemanes.

Epílogo

Como consecuencia del fracaso (aunque Montgomery lo transformó en éxito táctico) los Aliados tuvieron que dejar ese frente y regresar a las operaciones clásicas de avanzar en todo el frente de la Línea Sigfrido, dando prioridad al Ejército o Grupo de Ejércitos que en cada caso se encontrase ante el punto más débil del enemigo, a los movimientos envolventes, a las preparaciones artilleras, etc.

Nadie quiso responsabilizarse del fracaso, porque fracaso fue, pues una División entera, la 1ª Paracaidista, dejó de existir. Montgomery y Browning —y otros militares británicos— profesaban una particular inquina contra los polacos a pesar de la significativa participación del II Cuerpo de Ejército polaco (Anders) en Monte Cassino, en Ancona, en la bolsa de Falaise, etc., en la guerra. Entonces Browning cursó un escrito en el que atribuía la responsabilidad del fracaso a… ¡Sosabowski!, que fue el último en llegar al campo de batalla porque la niebla le retuvo (a él y a toda su Brigada) en Inglaterra y que en cuanto tomó tierra ayudó con heroísmo a los británicos en su retirada a través del Rin. Además, para añadir el insulto a la injuria, Montgomery y Browning presionaron al Jefe del Estado Mayor Imperial (Brooke) para que relevara a Sosabowski del mando de la I Brigada Independiente de Paracaidistas, cuando precisamente Sosabowski había sido el impulsor y creador de la Brigada. Brooke a su vez presionó al Estado Mayor polaco y éste le destituyó, destinándole a puestos de retaguardia.

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Tanques aliados cruzando el puente Nijmengan

El puente de Arnheim quedó en poder de los alemanes casi hasta el final de la guerra, pues el frente, ahora oficialmente conocido como el salientede Nimega, quedó allí estabilizado. Desde luego, se esfumó la posibilidad acariciada por los Aliados de rodear la Línea Sigfrido y de llegar a Berlín antes de que terminara 1944. Y aun esa posibilidad se daría solo por el descomunal desgaste que sufría la Wehrmacht en el frente ruso donde morían 90 de cada 100 soldados alemanes que combatían en todos los frentes, y que impedía trasladar tropas al frente occidental. Pareció como que el SHAEF hubiera subestimado la capacidad de reacción de la Wehrmacht y el número de Divisiones que era capaz de movilizar. La intensidad de los combates tras el sorpresivo contraataque alemán en las Ardenas y más tarde en los bosques de Hürtgen mostrarían al SHAEF cuál era la cruda y sangrienta realidad.

Cuando, una semana antes del comienzo de la Operación Market Garden, Browning ofreció a Sosabowski, que discrepaba frontalmente del plan, firmar un documento que exonerara de responsabilidad al polaco si la operación fracasaba, éste, escéptico, respondió ¿de qué serviría?

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