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Maura, el estadista desaprovechado

Obligó a que ondease la bandera nacional. Como dice José María Marco, Maura fue el único intento serio de democratizar España antes de la República y la derecha lo ha olvidado.

Obligó a que ondease la bandera nacional. Como dice José María Marco, Maura fue el único intento serio de democratizar España antes de la República y la derecha lo ha olvidado.
Wikipedia

La Restauración y el turno de partidos, que implicaba pacificar España a cambio de falsear el sufragio y la representación política, tuvo sentido en los primeros años, cuando Antonio Cánovas del Castillo trataba de establecer un régimen estable en un país con ganada fama de caótico después del Sexenio Revolucionario, cuando se libraron tres guerras civiles simultáneas. Pasado un tiempo, sin embargo, el artificio se convirtió en una farsa, una farsa, además, inútil.

El conservador Francisco Silvela declaró en 1895 su asombro y tristeza por lo poco que se había aprovechado la paz en los veinte años transcurridos desde el regreso de los Borbones para mejorar desde el crédito de la moneda al tendido de ferrocarriles. El Desastre de 1898 lo confirmó, así como el suicida criterio del pesimista Cánovas de mantener a España aislada internacionalmente.

Aparte de perder la flota y las provincias de Ultramar, el régimen se tambaleó. Los dos partidos perdieron a sus líderes (Cánovas, asesinado en 1897; y Sagasta, fallecido en 1903) y sus compañeros de generación se resistían a aceptar los cambios, como la irrupción de las masas en la política y de la "cuestión social", y la renovación por parte de los jóvenes. Entre éstos se encontraban el mallorquín Antonio Maura, nacido en 1853, y el gallego José Canalejas, nacido en 1854. La resistencia y las divisiones en estos dos partidos debilitaron la Restauración.

Maura comenzó su vida política como protegido del liberal Germán Gamazo y hasta fue ministro dos veces, ocasión en la que propuso un plan de autonomía para Cuba. En 1902, la facción gamacista, encabezada por Maura, se separó del partido liberal e ingresó en el conservador. Era tal su brillantez intelectual y su oratoria que al año siguiente sustituyó a Silvela (fallecido en 1905) y ascendió a jefe del partido. Antes de concluir 1902, presidió por primera vez el gobierno, aunque éste sólo duró un año.

En los 47 años de la Restauración, hasta el pronunciamiento del general Primo de Rivera, en septiembre de 1923, hubo 47 gobiernos y 21 elecciones a Cortes.

La renovación del conservadurismo

Después de año y medio de gobiernos liberales, en enero de 1907, Alfonso XIII llamó a la presidencia a Maura, que comenzó así su Gobierno Largo, pues se extendió hasta octubre de 1909. Estos 34 meses con un mismo presidente fueron el ejecutivo más prolongado desde los cuatro años y medio de Sagasta entre 1885 y 1890.

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Antonio Maura dando un discurso en 1916

En ese tiempo, Maura procedió a ejecutar su "revolución desde arriba". Aprobó la Ley de Administración Local y una nueva ley electoral (ambas contra el caciquismo); la Ley de Huelga; diversas medidas para moralizar la policía, los tribunales y la vida pública (prohibió las corridas de toros los domingos); la repoblación de montes; la recuperación de la Armada y el desarrollo de los astilleros mediante la Ley de Organizaciones Marítimas y Armamentos Navales; la protección a la industria mediante el intervencionismo público. Hasta instauró la obligación de que ondease la bandera nacional en los edificios oficiales.

En cambio, su proyecto de ley antiterrorista para acabar con la lacra del pistolerismo y los atentados, provocó una reacción en contra de todos los demás partidos, desde los burgueses a la UGT. En uno de los debates, Pablo Iglesias, el único diputado socialista entonces, le amenazó de muerte. Nació el "¡Maura, no!", ayudado por la arrogancia del personaje.

Renovó a los conservadores, con el uso de la prensa, mítines multitudinarios, comités electorales y centros de instrucción para obreros, junto con un programa de propuestas positivas y apelaciones a la libertad con responsabilidad. Semejantes novedades asustaron a los liberales. Éstos, dirigidos por el masón Segismundo Moret, unidos a los republicanos, la extrema izquierda, un sector de la prensa y los poderes fácticos, consiguieron que el rey le destituyera tras la Semana Trágica de 1909.

El anciano Moret (nació en 1838) duró sólo unos meses en la presidencia. En febrero de 1910 le reemplazó Canalejas, hasta su asesinato en noviembre de 1912 por un pistolero anarquista. En tres años, las momias de la Restauración se libraron de los reformadores que podían haber salvado ésta.

Llamado demasiado tarde

En ambos partidos (Maura presidió el conservador hasta 1913) comenzó el fraccionamiento en camarillas, que llevaron a gobiernos débiles, incapaces de solucionar los problemas nacionales por egoísmo. Un solo ejemplo: el catalanista Francesc Cambó, otro gran político, pero arruinado por su nacionalismo, se jactó de haber tumbado en 1916 el proyecto de presupuesto elaborado por el liberal Santiago Alba, porque introducía un impuesto a los beneficios extraordinarios por la guerra y, además, quería vengarse de las medidas contra el catalanismo tomadas por éste cuando fue ministro de Gobernación.

Durante la Primera Guerra Mundial, Maura optó por la neutralidad, que defendía también Eduardo Dato. Hacia el final del conflicto se pronunció por inclinarse a favor de los Aliados, aunque sin dejar de ser neutrales, dada la división social entre germanófilos y aliadófilos.

Una vez superada la crisis del año 1917 (juntas militares, huelga general revolucionaria, inflación y desabastecimiento, asamblea de parlamentarios, Cortes cerradas y gobierno mediante decretos). La corona y la clase política trataron de salvar el régimen mediante el primer gobierno de concentración, presidido por el liberal Manuel García Prieto. En marzo de 1918, el rey llamó al prestigioso y ya mayor Maura para otro gobierno de concentración.

El mallorquín se quejó de que le habían desperdiciado los mismos que le reclamaban asustados. "Me han requisado para presidirlos a todos. Veremos cuánto dura la monserga" dijo a su hijo Gabriel. El régimen ya era incurable, en parte también por el empecinamiento de gran parte de los electores en seguir votando a las camarillas. Entre marzo de 1918 y septiembre de 1923, Maura desempeñó tres veces el cargo de presidente, aunque su tiempo se quedó en año y medio. La última vez fue para tratar de superar el desastre de Annual.

Retirado de la política

Maura, más demócrata que muchos de sus adversarios, no quiso colaborar con la Dictadura de Primo de Rivera. En cambio, numerosos antiguos jóvenes mauristas, como José Calvo Sotelo, se incorporaron al nuevo régimen con la esperanza de cumplir el deseo de regenerar España. Una nueva decepción para el viejo león, que se retiró definitivamente de la política.

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Antonio Maura

El 12 de diciembre de 1925, Antonio Maura sufrió un infarto mortal en el Palacio del Canto del Pico, en Torrelodones, propiedad del conde de Las Almenas, al que había ido a visitar. Tres días antes había fallecido Pablo Iglesias, el fundador del PSOE, quien le había amenazado de muerte en el Congreso el 7 de julio de 1910. Al funeral del conservador asistió el propio Primo de Rivera, con quien Maura se había enfrentado. Sin embargo, el del socialista, celebrado bajo un régimen militar (la Dictadura mimó al PSOE y la UGT), congregó a más de 100.000 personas.

Maura, junto con Canalejas, pudo haber dirigido la Restauración hacia un régimen verdaderamente parlamentario, pero fue boicoteado por todos aquellos que se sentían tan cómodos con la situación vigente que se negaban a ver los incendios que crecían. Se recurrió a él como último recurso, para evitar el desmoronamiento.

Y nada pudo hacer. Su tiempo había pasado. Uno de sus hijos, Miguel, fue fundamental en la conspiración que derrocó la Monarquía entre 1930 y 1931 e hizo huir a Alfonso XIII. Otro de ellos, Honorio, fue asesinado por milicianos anarquistas en Fuenterrabía en septiembre de 1936.

Como dice José María Marco, Maura fue el único intento serio de democratizar la vida española antes de la República y la derecha lo ha olvidado.

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