
El historiador Juan Pablo Fusi ha rechazado de forma tajante las acusaciones que le atribuyen el uso de Inteligencia Artificial en la redacción de Vidas españolas. Razón biográfica de España (siglos XVI-XX), obra firmada junto a Ricardo García Cárcel. La polémica surge a raíz de una reseña publicada el pasado 21 de febrero en varios periódicos del Grupo Correo, en la que el crítico José Luis García Martín denuncia la presencia de más de 500 erratas y sostiene que ese volumen de errores sería indicio del uso de herramientas automatizadas.
Fusi considera que la acusación carece de fundamento y que se basa en una deducción sin pruebas. Asegura que no emplea ese tipo de tecnología en su trabajo intelectual y que ni siquiera forma parte de su forma de escribir. "Más o menos sé lo que es la Inteligencia Artificial, pero no sé ni cómo se usa ni qué utilidad concreta tiene para un escritor", afirma, subrayando que lo que está en juego no es una discusión técnica, sino una impugnación directa de la autoría del libro.
Una acusación que cuestiona la autoría
En declaraciones a El Mundo, el catedrático emérito de Historia Contemporánea defiende que los textos de Vidas españolas responden a un planteamiento interpretativo personal, fácilmente reconocible por cualquier lector habitual de ensayo histórico. A su juicio, se trata de perfiles construidos a partir de valoraciones propias, con enfoques distintos según el personaje, algo que considera incompatible con una escritura generada por una máquina. "Son textos indudablemente personales, basados en interpretaciones, imposibles para una máquina", explica, insistiendo en que no existe una plantilla narrativa ni un esquema repetido entre las distintas entradas.
El historiador no niega la existencia de erratas, aunque rechaza que puedan utilizarse como prueba de fraude. Reconoce que en una obra con una alta densidad de datos es inevitable que aparezcan errores y admite que su método de corrección no es infalible. "Hay erratas, porque es inevitable que en un libro con tanta información no aparezcan. Yo corrijo mucho peor en pantalla que en papel", señala, antes de invitar a los críticos a leer los textos y valorar su contenido más allá de los fallos formales.
El peso del proyecto editorial
La controversia adquiere especial relevancia por el perfil de los autores y por el respaldo institucional del proyecto. Vidas españolas fue promovido inicialmente por la Fundación Juan March y cuenta con un prólogo firmado por su director, Javier Gomá. Fusi, formado en Oxford, ha publicado más de treinta libros y ha dirigido instituciones como la Biblioteca Nacional o la Fundación Ortega y Gasset. García Cárcel es catedrático de Historia Moderna, académico de la Real Academia de la Historia y Premio Nacional de Historia.
El volumen reúne 51 biografías breves de figuras españolas entre los siglos XVI y XX y, según la editorial Taurus, aspira a revisar el género biográfico tradicional, situando a cada personaje en su contexto político, social y cultural. Los autores defienden que ese enfoque analítico se percibe con claridad en el estilo y en el contenido de los textos.
Fusi remite, por ejemplo, a la entrada dedicada a Hernán Cortés, donde se evita una lectura maniquea y se presenta al conquistador como una figura compleja, marcada por la capacidad de adaptación, la habilidad diplomática y el uso calculado de la persuasión. Otro caso es el perfil de Hernando de Talavera, en el que se desarrolla una reflexión histórica sobre el concepto de tolerancia y se recuerda, citando a Francisco Tomás y Valiente y a Ángel Alcalá, que el pensamiento español había elaborado ese debate mucho antes de la Ilustración.
La crítica mantiene sus reproches
Pese a estas explicaciones, García Martín sostiene que el tipo de erratas detectadas resulta reconocible para cualquier docente acostumbrado a corregir trabajos académicos y afirma que algunos errores proceden directamente de Wikipedia, cuyas biografías, añade, son en ocasiones más completas que las del propio libro. Frente a esta acusación, Fusi y García Cárcel insisten en que basta con leer la obra para comprobar que no responde a una escritura mecánica ni al uso encubierto de Inteligencia Artificial.


