
El historiador y escritor Sergio Alejo repasó en Es La Mañana de Fin de Semana de esRadio la historia del pan en Roma y su papel en la vida de los ciudadanos. "Si el vino era la sangre que corría por las venas de Roma, el pan era su esqueleto", afirmó Alejo.
El pan era omnipresente, barato de producir y esencial para alimentar a una ciudad que llegó a sumar más de un millón de habitantes. Alejo destacó que mantener alimentada a tanta población "era un desafío logístico enorme, porque había muchas bocas que alimentar y se requería de un alimento que fuera básico y accesible".
La Anona, explicó Alejo, era el sistema de distribución pública de trigo y pan que permitía al Estado romano mantener la paz social: "Cuando había hambre, la ciudad se convertía en un peligro. La Anona aseguraba que cientos de miles de ciudadanos recibieran trigo o pan a precio reducido o incluso gratis".
Los graneros de Sicilia, Egipto y el norte de África eran el corazón de este sistema logístico. "Perder el control de estos territorios significaba perder el control de Roma", advirtió Alejo, recordando que el pan se elaboraba en Roma con molinos y panaderías locales antes de entregarse a la población.
El historiador también destacó el carácter simbólico y político del pan: "No era solo alimento, sino una prueba tangible de ciudadanía. Quien no recibía la Anona, como los exiliados o los esclavos, perdía derechos y estatus". Alejo añadió: "Mientras el pueblo tuviera comida y entretenimiento, tenías bastante. Pan y circo, esa expresión lo define a la perfección".
