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'Una cena en casa de los Timmins', minúsculas vanidades

Acaba de publicarse en España esta deliciosa novela corta de William Thackeray, uno de los grandes narradores ingleses de la época del realismo.

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'Una cena en casa de los Timmins', minúsculas vanidades
Una cena en casa de los Timmins | Periférica

William Thackeray (1811-1863) es uno de los grandes narradores ingleses de la época del realismo: la gran figura a la que muchos comparan, por su humor inteligente, con Dickens. A él se deben dos obras maestras bien conocidas, La feria de las vanidades y Barry Lyndon (llevada al cine de modo magistral por Kubrick). Acaba de publicarse (supongo que por primera vez, en España) una deliciosa novela corta, Una cena en casa de los Timmins. La edita Periférica, especialista en estas recuperaciones de textos clásicos, aquí desconocidos.

El argumento plantea una situación con la que es fácil identificarse. En Londres, la Sra. Timmins, esposa de un abogado de clase media, decide dar una cena, en su casa. Esa pretensión, ni insólita ni absurda, desencadena un verdadero calvario de situaciones tragicómicas: el número de comensales (invitan a veinte pero, en la mesa, solo caben diez); hay que elegir el menú, comprar vajilla y utensilios de cocina, contratar a un cocinero y un mayordomo, renovar las cortinas. Antes de nada, hay que seleccionar a los invitados, teniendo en cuenta si son ricos, nobles o familiares. Y todo lo complica la madre de la Sra. Timmins, que quiere organizar y disponer todo... Consecuencias: el pobre Sr. Timmins se arruinará, se romperá la armonía familiar y no se logrará nada de lo que se pretendía. ¿La única solución? Dar otra cena, para invitar a los que no pudieron invitar a la anterior...

Con humor típicamente inglés, lo que aquí se critica es la vanidad, el clasismo ("uno debe estar con los suyos"), la cursilería, el esnobismo, el "quiero y no puedo" de unas clases medias que se empeñan en imitar a los aristócratas. Es algo cercano a lo que leemos en los artículos costumbristas de Larra y en las novelas de Galdós (La de Bringas, por ejemplo).

Como otros grandes novelistas ingleses – Fielding, Smollett, Sterne – Thackeray ha leído a Cervantes y continúa su visión irónica. Aquí, cita al pobre Sancho, gobernador en la ínsula, que se muere de hambre por culpa del terrible doctor (p. 58).

No es éste, evidentemente, un caso aislado; al final, Thackeray generaliza: "En Londres, todo el mundo (me refiero al mundo refinado, claro está, del cual no dudo que el lector es un distinguido ornamento), todo el mundo tiene lo mismo" (p. 56).

Los Timmins viven en la calle Lilliput (el nombre del mundo enano, en Los viajes de Gulliver). La conclusión es implacable: "¡Pobres diablos!" ¿No lo somos todos, en alguna medida, presos de tantas minúsculas vanidades? Una lectura deliciosa.

William M.Thackeray: Una cena en casa de los Timmins, Cáceres, ed. Periférica, mayo de 2016, 62 páginas, 11 euros. ISBN: 978-84-16291-31-1.

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