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Si Pardo Bazán se hubiera aconsejado a sí misma

El aliento de las llamas habla de pazos, literatas y pulsiones humanas en la que se ha desdoblado la personalidad de doña Emilia en dos personajes.

El aliento de las llamas habla de pazos, literatas y pulsiones humanas en la que se ha desdoblado la personalidad de doña Emilia en dos personajes.
Emilia Pardo Bazan | Archivo

La nada, aquí. Son las enigmáticas palabras que pueden leerse en una placa en el pazo de Mariñán, en La Coruña, un lugar levantado en el siglo XV con funciones defensivas que tuvo su esplendor como lugar de recreo y esparcimiento en el XVIII. Ha sido el lugar escogido para esconder el secreto que mueve los hilos de El aliento de las llamas (Suma), una novela sobre pazos, literatas y pulsiones humanas inspirada en Emilia Pardo Bazán.

"Me gusta entender la literatura como algo que te acaricia, que te deja poso, y que te agita. Para eso no puedes quedarte en una novela de misterio, que te entretiene y que está muy bien porque te proporciona suspense, pero debe haber algo más. Esta es una novela intimista", explica la escritora gallega Ángela Banzas a Libertad Digital. "Es una novela con piel de misterio, que nos lleva a un pazo; con el corazón de mujeres literatas, campesinas y trabajadores; y el alma de reflexiones sobre la liberación, los impulsos, el ansia de venganza o el perdón. Mi objetivo con esta novela es que el lector sienta".

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En 1889, la escritora Elvira Pardo Losada recibe un encargo de su gran amigo, cómplice de su intelectualidad y sus impulsos, el pintor Leonardo Ardiles, que apura los minutos en esta vida: "Te ruego que busques a Jimena. Jimena... es todo. Todo. La nada, aquí. La nada, aquí". La autora viajará hasta el pazo de Mariñán en busca de respuestas.

Banzas ha desdoblado la personalidad de Emilia Pardo Bazán en dos personajes. El lector encontrará "a la condesa de Figueroa, que recoge el testigo de una Pardo Bazán con experiencia, con más años, más reflexiva", y Elvira, "una joven escritora con la curiosidad necesaria para escribir y querer indagar". Ellas mantendrán una serie de conversaciones muy atractivas para el lector. Es como si la propia Pardo Bazán, ya asimilados los conocimientos que solo el tiempo aporta, pudiera aconsejarse a sí misma, en su versión de juventud, sobre el amor y los sentimientos que remueven por dentro.

Elvira Pardo Losada se presenta en esta novela como una mujer doblemente traicionada. Acaba de ser rechazada por la Real Academia de la Lengua y su amante le ha traicionado. Es fácil encontrar las coincidencias con doña Emilia: "Debía ser muy frustrante que intelectuales, compañeros a los que admiraba y a los que ayudó, se burlasen de ella, como el desafortunado comentario de Juan Valera diciendo que no podía entrar en la RAE porque sus hechuras no encontraban lugar en aquellos sillones. Sufrió la indiferencia, el paternalismo, el infantilizar su figura…"

La discriminación sufrida por Pardo Bazán la vivió previamente Gertrudis Gómez de Avellaneda, como se ve en la novela -junto a otras notas de
las biografías de ambas-. "Siempre he sentido mucho respeto hacia la figura de doña Emilia, desde niña he leído sus obras y me han interesado mucho sus ideas sobre la educación", explica la autora. "Concebía la educación como única vía de mejora social para la mujer. Ella tuvo la fortuna de tener un padre que la apoyó y que alimentó sus ganas de aprender. Eso me ha resultado siempre muy inspirador", añade. Para Ángela Banzas, no hay mejor restitución que "leer sus obras".

En ese sentido, la novela abunda en el "poder trasformador que tiene la escritura". "Para el personaje principal, es bálsamo, pero también le ayuda a arder. Hago esa exploración de la condición humana. Los seres humanos somos imprevisibles y ante los mismos hechos una persona puede actuar con ansias de venganza y otra perdonar".

Es una novela de literatas, sí, pero sobre todo de mujeres: "Estoy muy agradecida a toda esa generación de mujeres que eran analfabetas, que no pudieron estudiar pero trabajaron duramente para poder darle esa oportunidad a los y las que venían detrás".

Herido por Galdós

A nivel personal, doña Emilia vivió diferentes desencuentros con Benito Pérez Galdós cuyo eco retumba en la novela. "Pardo Bazán entendía el amor más parecido a la amistad, el estar en condiciones de igualdad, seres independientes, de forma voluntaria y a través de la admiración. Decía que las mujeres eran distintas a los hombres, pero igual que una mujer era distinta a otra mujer y un hombre distinto a otro hombre. Esto era muy trasgresor. Elvira recoge este pensamiento. Esa figura de la mujer que se marchita por no ser reconocida, por ser invisibilizada, y eso, para una intelectual, era tremendamente doloroso. Se sentía frustrada. No encontró esa admiración dentro del campo amoroso que se necesita para estar en igualdad de condiciones dentro de una pareja" .

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Aquel "la nada, aquí" con el que arranca la historia comulga con el espacio en el que se desarrolla la acción, por su arquitectura, su niebla, sus sonidos y sus olores que otorgan a la autora gallega los ingredientes que necesitaba para desarrollar su historia. "Está colocada justo delante de la ría, frente a ella está el mar, y se ve la otra orilla. Te lleva a pensar en las dos orillas, la terrenal y la no terrenal. Las leyendas siempre suelen tener una raíz en la realidad".

"Si algo me gustaba especialmente de la forma de pensar de doña Emilia es que se necesitaba recuperar la vida contemplativa, en el silencio es donde realmente nos encontramos", entiende. El lector encontrará muchos juegos simbólicos, el fuego, las llamas, los narcisos, la figura del donjuán.

Ángela Banzas. El aliento de las llamas. Suma, 2024. Precio: 22,90 €. Páginas: 400.

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