
Cuando no sé qué leer, siempre me fío de las recomendaciones de Pilar Alegría, que por algo fue ministra de Educación. Como muestra de su buen criterio, el pasado día 23 subió un vídeo a Instagram para deleite de todos los letraheridos. En él aparecía Pilar Alegría sentada en un suelo de parqué y con una estantería llena de libros a su espalda. Estaba la exministra descalza como sus heroínas literarias: las que salen enseñando su casa en las revistas del corazón.
El vídeo empezó con una frase que me sumió en el desconcierto. Dijo Pilar Alegría: "He estado esperando que llegara el 23 de mayo para haceros mis recomendaciones literarias". ¿Cómo que el 23 de mayo? ¿Acaso no sabe la exministra de Educación que el Día del Libro es el 23 de abril? Para aumentar la confusión, el vídeo iba acompañado del hashtag #felizpostdiadellibro.
Caben por tanto solo dos explicaciones: o bien Pilar Alegría cree efectivamente que el 23 de mayo es el Día del Libro (Feliz Post del Día del Libro), o bien ha tardado tanto en leerse los libros que se le pasó el 23 de abril y ha elegido el siguiente 23 del calendario para hacernos sus recomendaciones (Feliz Postdía del Libro).
Lo siguiente que dijo Pilar Alegría es: "Tengo cuatro libros. Dos reconozco que ya me los he leído y otros dos espero poderlo hacer próximamente". Aquí pensé cuatro cosas. La primera fue que menos mal que Pilar Alegría se había decidido a grabar este vídeo el 23 de mayo porque, si hubiésemos tenido que esperar a que se acabase los cuatro libros, nos habríamos quedado sin sus recomendaciones literarias como mínimo hasta el 23 de noviembre, y esto es algo que no nos podemos permitir. A esto se añade que en noviembre arrecia el frío —y más todavía en Aragón—, así que Pilar Alegría habría tenido que salir con unas pantuflas de paño en vez de descalza, y esto es algo que tampoco nos podemos permitir.
Lo segundo en lo que pensé fue en la estantería repleta de libros que aparecía en el vídeo. Si de los cuatro libros que Pilar Alegría tenía en el suelo, dos no se los había leído, ¿por qué no elegía otros dos de todos los que había en la estantería? Tal vez porque tampoco se había leído ninguno.
Mi tercer pensamiento fue: si Pilar Alegría solo se había leído dos libros, ¿por qué demonios tenía que recomendarnos cuatro?
La cuarta cosa en la que pensé fue en el uso de la palabra "reconozco". Pilar Alegría no había dicho: "Dos ya me los he leído y otros dos reconozco que todavía no", sino que sus palabras habían sido: "Dos reconozco que ya me los he leído y otros dos espero poderlo hacer próximamente". A lo mejor, pensé, lo normal para Pilar Alegría es no leerse ninguno de los libros que recomienda, y por eso había querido ser honesta y reconocer que en estos dos casos había hecho una excepción.
Como prueba de que Pilar Alegría se había leído esos dos libros (Historias de fantasmas, de Siri Hustvedt, y Plomo, de José Luis Sastre) dijo del primero de ellos que era "maravilloso, muy personal y muy profundo", y del segundo que era "una maravilla", que es una forma maravillosa de no decir maravillosamente nada.
Los dos libros que Pilar Alegría no se había leído eran Manual de terapia felina, de Joaquín Berges, y el quinto volumen de la serie M, de Antonio Scurati. De Joaquín Berges, dijo que lo característico de este autor era "utilizar la comedia con la buena literatura" y que lo hacía siempre "de forma maravillosa". Del cuarto libro, Pilar Alegría dijo que era "estupendo, maravilloso" y que "merece la pena" leerlo, aunque me da a mí que no lo hará. Porque entre la pena de leer y la alegría de no hacerlo, Pilar elige siempre lo segundo.
