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Adiós a Alma María, solista de Los Tres Sudamericanos que triunfó en la España de los 60

La carismática voz del trío paraguayo fallece a los 89 años en Cuenca. Deja un legado de 300 temas que marcaron la historia musical de nuestro país.

La carismática voz del trío paraguayo fallece a los 89 años en Cuenca. Deja un legado de 300 temas que marcaron la historia musical de nuestro país.
Los Tres Sudamericanos. | Archivo

Han pasado más de seis decenios y las canciones de Los Tres Sudamericanos, aunque ya no estuvieran de actualidad, quedaron prendidas en la memoria de varias generaciones. De la primera de ellas, "Me lo dijo Pérez" sería la más recordada. Y después, "Cartagenera", "Pulpa de tamarindo", "La banda está borracha", "Pájaro chogüí", "Recuerdo de Ypacaray"… Más de trescientos títulos formaban parte de su repertorio, aparecidos en discos sencillos, EPs, álbumes… Un centenar al menos de esos formatos. La combinación de voces del trío era perfecta, pero quien llevaba la voz cantante era su vocalista, Alma María, toda una belleza, plena de encanto y simpatía. Acaba de fallecer este pasado sábado en la localidad conquense de Tarancón, donde residía desde hace tiempo junto a su marido, Johnny, componente y líder del grupo. Tenía ochenta y nueve años.

Los miembros de Los Tres Sudamericanos eran naturales de Asunción (Paraguay): Johnny Torales, Alma María Vaesken y Casto Darío. Mediados los años 50 disfrutaban de mucho éxito en su país interpretando melodías, de las llamadas estándar, de Bing Crosby, Frank Sinatra, otras folclóricas de su tierra, y lo hacían en español, inglés y guaraní, la bonita lengua paraguaya.

Alma María descendía de un abuelo nacido en Burgos, una abuela de Turín e hija de padre belga; estudiaba Magisterio y cantaba desde muy chica en acontecimientos familiares. Cursó la carrera de piano, aunque sin ánimo de ejercerla profesionalmente. Era amiga de Casto Darío, que estudiaba Derecho al tiempo que actuaba en una banda, The Harmony Club. Cierto día que ella daba una fiesta en casa se presentaron de improviso dos jóvenes, identificando solo a uno de ellos. El otro, desconocido para la anfitriona, dijo llamarse Johnny Torales. Alma María no tenía idea de quién era. Y resulta que era un ídolo de la canción romántica en todo Paraguay.

Ella, con Casto Darío y Johnny, pasado un tiempo, dieron en formar el trío que los haría famosos. Anecdótico resultó que el primer disco que grabaron, de un solo ejemplar, lo hicieron en una cabina telefónica uniendo sus voces. Disco único que Alma María quiso regalar a un tío suyo.

Quinceañera aún, Alma María y Johnny Torales se hicieron novios. Tuvo ella que convencer a su madre para casarse. Obtenido el permiso la pareja se estableció en Buenos Aires y allí, con Casto Darío, desarrollaron con éxito una larga serie de actuaciones. En el legendario teatro Maipo presentaban un programa que entusiasmaba al público: "La pollera colorá", "Guantanamera", "Alma llanera", "Pájaro campana", "La flor de la canela", "Galopera"… Una tarde recibieron en su camerino a un agente artístico español, el señor Cortés, que les ofreció un contrato de tres meses para actuar en España. Aceptaron de inmediato. No se imaginaban que su estancia en nuestro país se alargaría muchos años.

Algunos de los discos grabados en Buenos Aires ya comenzaron a escucharse en las emisoras de radio españolas. Se afincaron primero en Barcelona, debutaron en la sala "Bolero", y en Madrid en la mítica "Pasapoga", de la Gran Vía. Incorporaron en su repertorio canciones italianas y francesas de moda. Hasta 1965 fijaron su estancia en la capital de España y después lo hicieron en Barcelona. Para tiempo más tarde ya establecerse de nuevo en los Madriles.

Johnny, con sus habituales gafas negras que llevó siempre por una afección ocular, se lucía con varios instrumentos: las maracas, los bongós, en tanto Casto Darío brillaba con la guitarra y era el encargado de presentar algunas piezas con alusiones humorísticas. Alma María destacaba con su poderosa voz. Y así fueron triunfando por toda España. Intervinieron en dos películas musicales, una en Atenas, otra en el Líbano. En 1966 doblaron en español la banda sonora de "El mago de los sueños", adaptación cinematográfica de la entonces serie televisiva "La familia Telerín".

La mayor popularidad, la alcanzaron en la segunda mitad de los años 60, con frecuentes apariciones en la televisión. Y allí, diversificando su repertorio, iban agregando novedades, como "Cuando salí de Cuba", de Luis Aguilé, "Gibraltareña", "Los ejes de mi carreta", "Marionetas en la cuerda", que había estrenado una inglesa, Sandie Shaw, que actuaba descalza, "La chevecha"… "Cartagenera" había sido tiempo atrás una de sus mejores creaciones, que se remonta cuando antes de establecerse en España se hallaban en Buenos Aires, donde un colombiano, Cabanillas, se acercó a ellos ofreciéndoles la partitura. La de una cumbia ambientada en Cartagena de Indias. Cien mil copias vendieron en poco tiempo en 1965 en España, donde la cumbia se puso de moda en las salas de baile.

La popularidad de Los Tres Sudamericanos se extendió por media Europa, actuando en París, Roma, Ginebra… y en Mónaco, donde actuaron durante su tradicional Fiesta de la Rosa ante un selecto auditorio presidido por los príncipes Raniero y Grace, quienes felicitaron cordialmente a Alma María, Johnny y Casto Darío. Entre las personalidades asistentes al evento se encontraba el multimillonario naviero Aristóteles Onassis, quien se acercó a ellos rogándoles si podrían complacerlo interpretando "Granada", de Agustín Lara. Sugerencia que llevaron a efecto. Onassis regaló a Johnny unas gafas de carey, que llevó muchos años puesta. Y éste le recordó que lo había conocido en Buenos Aires, donde salió una temporada con una sobrina suya. Desde luego antes de conocer a Alma María, cuyo matrimonio siempre gozó de estabilidad.

La historia de "Cuando salí de Cuba" es harto conocida. Su autor, Luis Aguilé, la compuso en menos de una hora en casa de unos amigos, mientras preparaban la cena a la que había sido invitado, guitarra en mano, para complacerlos. Resulta que antes de que la estrenara en disco para "La Voz de su Amo", se les adelantó la discográfica Belter con la versión de Los Tres Sudamericanos. Y eso pasó con "Guantanamera" también, cuya versión en español sonó primeramente en las voces del trío paraguayo antes de la de sus creadores, The Sandpipers.

Sería largo continuar con estos relatos. Digamos que Los Tres Sudamericanos siguieron actuando, amoldándose siempre a las novedades folclóricas y románticas que iban apareciendo en el mercado, para versionarlas. Y así, hasta cuando se iba acabando el siglo XX. Parte de sus ganancias la invirtieron en un pequeño club llamado "Vihuela", en los sótanos detrás de las madrileñas Torres de Valencia, frente al parque del Retiro. "Gracias, España" fue su último éxito discográfico.

Resumiendo: junto a sus baladas, cánticos folclóricos y melodías festivaleras, incluyeron en su repertorio ritmos de moda, como el "twist", y hasta algunos rocks. Llenaron una época con su estilo alegre y comunicativo. En 1986 Casto Darío, por razones nunca explicadas, dejó la formación para marcharse a su tierra paraguaya, siendo sustituido por otro guitarrista, Dioni Velázquez. Y Alma María siempre fue la misma, con su sempiterna sonrisa, su carácter divertido, muy querida por los periodistas y admirada por miles y miles de seguidores, los que ahora lamentamos que hemos perdido para siempre su hermosa voz.

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