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El proyecto que ilusiona a Alejandro Sanz en Cádiz: un museo en Alcalá de los Gazules

El regidor Javier Pizarro, primo del artista, promueve este espacio dedicado a la carrera del músico en la población natal de su madre.

Gtres

La trascendencia musical de Alejandro Sanz, con algo más de treinta y cinco años de carrera, veinticinco millones de discos vendidos, ganador de 24 Grammys latinos y 4 de Estados Unidos, cuando actualmente está inmerso en otra de sus habituales giras por medio mundo, lo convierten en un artista internacional de primera fila. ¿Qué le puede faltar ahora al cantante madrileño, gaditano de corazón, cubierto de millones en sus cuentas corrientes, patrimonio importante diversificado, la fama que atesora ya desde que estrenara "Corazón partido" y algún otro de sus muchos sueños? Porque en el amor, puede considerarse muy afortunado, aunque cambie de pareja de vez en cuando sin acabar de estabilizar su vida sentimental.

Pues ahora resulta que hay un proyecto que lo ilusiona: un museo que llevará su nombre en Alcalá de los Gazules, el pueblo natal de su madre.

Recuerdos de su infancia

¿Quién ha movido los resortes precisos para que en ese pueblo gaditano, donde nació María Pizarro, su madre, vaya a instalarse en fecha aún indeterminada? Su primo Javier Pizarro, que ejerce allí de alcalde y está convencido de que cuando se inaugure, atraerá al pueblo a muchos turistas más, sobre todo seguidores del ídolo de tantas canciones románticas.

Madrileño de nacimiento, es por afinidades familiares sentimentalmente unido a la Andalucía gaditana, muy en concreto a Algeciras, que considera sede de sus raíces culturales. Llegados los veranos, siendo niño y adolescente, los pasaba en Alcalá de los Gazules, bello pueblo de hermoso nombre también. No recordamos que otros cantantes masculinos tengan su museo también, salvo Raphael en la ciudad donde vino al mundo, Linares. En cuanto a ellas, sí que lo tienen Concha Piquer, en el barrio valenciano de Sagunto, su tierra; Lola Flores, en Jerez de la Frontera y Rocío Jurado en Chipiona; estos dos últimos inaugurados no hace mucho tras muchos intentos fallidos.

Otro himno al Real Madrid

Alejandro Sanz viene moviéndose en la música pop con baladas románticas, unas veces con ritmos latinos y otras con sones flamencos; estos últimos no los olvida, herencia de sus ancestros. Y eso que en sus comienzos, cuando hacía llamarse Alejandro Magno, disfrutaba con el heavy metal

Merodeaba por bares cutres y puticlubs, ofreciendo allí sus primeras canciones. Le pagaban cuatro perras, insuficientes para de noche volver en taxi a casa. A sus puertas, le esperaban muchos días decenas de admiradoras, que lo acosaban. Por las tardes era habitual en una sala de billar, donde hizo amistades peligrosas con miembros de bandas juveniles que armaban broncas al dos por tres. Con uno de ellos, "El Mole" tuvo sus más y sus menos, cuando Alejandro se atrevió a quitarle una novia. Jugándose el tipo porque aquel chulo de barrio portaba una mochila con una pistola y bate dentro.

Le costó ir pergeñando luego letras de largos párrafos mientras argumentaba sus historias. En su primera discográfica le decían que las hiciera más cortas, pero él fue imponiendo su estilo.

Hasta llegar a nuestros días, ya con una abultada discografía, con su álbum decimocuarto, "¿Y ahora qué?", título asimismo de su actual gira. Y al margen de su repertorio, por ser "hincha" del Real Madrid, ha compuesto un himno (debe ser el quinto de los que ya dispone el club merengue), de él la letra; la música del cubano Carlos Varela.

Con Candela Márquez | Archivo

Ha sufrido depresión severa

Conste, dicho por el propio Alejandro, que aunque su devoción sea por el Madrid, el Barça también le hace tilín. Diplomático que es.

Confiesa ser un Sagitario al que le encanta su soledad, y llevar siempre a cabo lo que quiere; amar mucho a su familia, hijos, amigos y hacer disfrutar a la gente que disfruta de sus canciones. Uno de esos colegas inolvidables era Antonio Flores. Desvela: "La última vez que hablamos fue la víspera de su muerte. Me dijo que fuera a verlo a su cabaña, en el chalé familiar "El Lerele". Pero no fui. Me he arrepentido toda mi vida de esa ausencia, aquel día de mayo de 1965".

Alejandro confiesa: "No me gusta fingir ni dar pena nunca". Pero no pudo evitar que la prensa diera buena cuenta no hace mucho tiempo de la depresión severa que acusó, sufriendo unos irreprimibles temblores por todo su cuerpo. Lo explicaba así: "Te sientes con un inmenso vacío, que no sabes por qué te viene. Una de sus consecuencias es que no le encuentras sentido a tu existencia. El psiquiatra que me atendió dijo que procurara no aislarme, que me dejara querer".

Pero, su depresión, ¿pudo causarla su ritmo profesional, de giras casi interminables, echando de menos a sus amigos de siempre, a su tierra? Contaba esto: "A mí todo el rollo depresivo ése me vino en un hotel. Los hoteles son muy ingratos cuando por mi trabajo has de estar muchos días alejado de tu vida normal, encerrado horas y horas en tu habitación. La soledad me llevó a esa situación. Yo es que necesito tener cerca de mí a algún conocido. Atravesé una etapa en la que me desencanté muchísimo de la música, no le encontraba sentido. En el mundo de los flamencos existe siempre el chistoso que va con algún artista para hacerle la vida más fácil. Y a eso he recurrido yo alguna vez invitando a alguno de esos".

Alejandro, que es de carácter sensible y agradable, ya era en él costumbre de recibir en algunas de sus casas a gente amiga, entre cantantes y actores sobre todo. Ana Mena, Michelle Jenner, Silvia Abascal, Fernando Tejero y otros son algunas de esas visitas.

Aceptó ser protagonista de un documental, Cuando nadie me ve, donde daba rienda suelta a recuerdos de su vida.

¿Te gusta, Alejandro, expresar todos tus sentimientos a la gente que te rodea, o a uno solo? "A veces, sí, abiertamente, pero es que yo me dedico a escribir canciones y no voy a malgastar frases con el primero que tenga a mano. Estaría en esos casos desaprovechando algo que puede desembocar en una letra".

Pintor en ratos de ocio

Para un cantante de éxito como ocurre con Alejandro Sanz, tener alguna afición al margen de su carrera es positivo. Le sirve para distraerse de tensiones que le producen sus giras, su presencia constante en los escenarios. De ahí que haya aprovechado para dar rienda a sus impulsos artísticos, dibujando y pintando, al punto de que haya celebrado ya algunas exposiciones. Lo que ocurre, cuenta divertido, es que apenas vende sus obras: las suele regalar.

¿Cómo es un día normal en su vida, ya a sus cincuenta y siete años? Se levanta a las nueve de la mañana. Hasta después del almuerzo no hace absolutamente nada. El desayuno se lo sirven en la cama. Lee entre las sábanas algún periódico. Baja al gimnasio que tiene instalado en su residencia. Nada un rato. Es la hora de comer y como tiene buen apetito da buena cuenta de la pitanza. Si tiene amigos, o le apetece, cocina él. Comidas de cuchara, o de influencia andaluza siempre. La paella se le da bien. A partir de acabar la sobremesa planea sus actividades y compromisos. Y si tiene la tarde libre, lee.

No toca la guitarra a diario. Se ha comprado un tocadiscos, donde escucha vinilos del pasado. Hoy, por cierto, reeditados en las tiendas, como si estuvieran de moda desde hace unos años. Y a un precio no muy asequible.

Hay una pequeña historia que tiene que ver con su primera guitarra, la que satisfizo a plazos con las pagas que le daba su padre, y es con la que, confiesa, ha compuesto todas sus canciones. Tanto la quería que "dormía" con ella; sólo le faltaba haberla metido en su cama. Se le ocurrió, en mal día, trasladarla de sitio, junto al piano, en el salón. Alguien tropezó y la guitarra quedó inservible, a la espera de si algún lutier le devuelve el sonido que él conseguía pulsando sus cuerdas desde hace varias décadas.

Tatuaje con rostro materno

Los ídolos del cine y la canción son muy receptivos desde hace tiempo a los tatuajes. Salvo excepciones en los actores, los demás los esconden o en todo caso son desconocidos para sus "fans". Alejandro Sanz tiene los brazos tatuados. Uno de ellos con la reproducción del famoso cuadro de Picasso, el "Guernica". Pero el más querido por él lleva el rostro de su madre, en el pecho. Hacia ella siempre sintió un cariño especial. Ella, que no veía claro al principio la decisión de Alejandro de ser cantante, le daba la barrila con este sermón: "Hijo mío, hazte oficinista, que así no pasarás hambre". Luego se convirtió en su "fan" número 1. Murió en 2012. En cuanto a su padre, era músico, tocaba en un grupo y escuchándolo, Alejandro vio en él a la figura a imitar. Muy amigo de Paco de Lucía, Alejandro amplió esa relación. Falleció en 2005. Y Manuel Alejandro lo apadrinó artísticamente.

Su costumbre de cambiar de pareja

Ese mundo en el que transcurre su vida le ha permitido conocer gentes diversas, de culturas variadas. Y las mujeres han cautivado siempre a este artista gaditano, admirador de la belleza femenina. Las conquistas con su arte, y asimismo con su simpatía. Jaydy Michel, Valeria Rivera y Raquel Perera han sido las tres más importantes de su vida, madres de cuatro hijos que han hecho de él un padrazo: Manuela, Alexander, Dylan y Alma se llaman esos descendientes de los que Alejandro se encuentra muy satisfecho.

Lo que no vemos en él es un deseo de estabilizar su vida amorosa, puesto que ha tenido infinidad de novias y no suele prolongar mucho tiempo esas relaciones. La última de ella, la valenciana Candela Márquez, su pareja durante sólo unos meses. La elogiaba como una mujer perfecta… para estas Navidades decirle adiós.

El número de su teléfono móvil sólo lo tienen sus más íntimos. Se defiende de ser molestado, perseguido sobre todo de enloquecidas admiradoras. Y las redes sociales no son para él imprescindibles.

Como en su mente bullen siempre proyectos, el más cercano es el de un musical, "El alma al aire", que desea estrenarlo a final de este año.

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