En la asamblea de IU se va a elucidar quién será el coordinador de la unión. Hay tres personalidades que aspiran al puesto. Una mujer, Ángeles Maestro, militante activa, comunista convencida, ex diputada y quien aparece con menos posibilidades, representa la candidatura del sector crítico del PCE. Y dos hombres, que tienen más posibilidades. Ambos son diferentes. Frutos es el mayor (61 años) y el que tiene mayor experiencia, miembro del Partido Comunista desde 1963, es un trabajador, “visitó” la cárcel en la época franquista y sustituyó a Anguita en el puesto de secretario del PCE en 1998, en 1999 fue nombrado candidato del partido a las elecciones generales, es hombre austero y duro. El segundo es un médico, Gaspar Llamazares, tiene 43 años y es el más joven de los tres candidatos varones. Estudió un master de Salud Publica en Cuba, inició su vida política en el PCE en 1981, es coordinador de IU en Asturias y secretario del Partido Comunista de Asturias, es diputado en el Congreso. El tercero en discordia era Luis Carlos Rejón, (49 años) profesor de Historia, ingreso en el PC en 1970, sustituyó a Anguita en 1988 en la dirección de IU en Andalucía, donde consiguió, en 1994, 20 escaños en el parlamento de Andalucía, tras los resultados de 1996, dimitió como coordinador de IU en Andalucía. Finalmente, Rejón se integró en la candidatura de Llamazares. Todos los candidatos son miembros del PC, el partido hegemónico en IU.
En la VI Asamblea se trata fundamentalmente de hacer algo para salir de la situación que se creó en las elecciones del 2000, donde se pasó de los 2.342.673 votos de 1996 a 1.253.779, lo que se reflejó en la caída de 19 escaños a 8. Piensan que un nuevo coordinador podrá mejorar la situación. La ausencia de discusiones doctrinales en la preparación de la asamblea llama la atención; se discutieron las cualidades y defectos de los candidatos posibles y se buscaron apoyos en las federaciones en torno a las personalidades, pero no se planteó un problema político, el problema: la perdida de casi la mitad del electorado, 1.088.894 electores, en sólo cuatro años.
Anguita siempre decía que el pacto con el PSOE sólo se realizaría en torno al programa del PCE. ¡El programa!, ¡El Programa!, repetían los militantes. Ellos, IU, tenían un programa nacional, ellos no cederían nunca en el Programa. Eran, así lo declaraban con orgullo, hombres de doctrina, y no unos politicastros. Esa seguridad doctrinal se mantuvo después de la derrota electoral del 2000. Anguita y otros declararon que la causa del desastre era que el pueblo no había comprendido el mensaje del partido. Lo que traducido al habla callejera da: el pueblo, tan bruto e inculto (por culpa del imperialismo y sus secuaces aquí), no se había apercibido de las verdades del Programa. El pueblo estaba engañado, la demostración la ofrecía, a cualquiera que pensase correctamente, el resultado de las elecciones. El programa era correcto, el pueblo era el que estaba enajenado, por el liberalismo y los malos.
En 1953, el 17 de junio, se produjo en la Alemania socialista una insurrección de los obreros, reprimida con toda la violencia. Los intelectuales comunistas alemanes dijeron que “el pueblo había perdido la confianza del Gobierno” a lo que respondió Brecht que lo que tenía que hacer el gobierno “era disolver el pueblo y elegir otro”. En esto del marxismo-leninismo, el tiempo, y las costumbres, no pasan.
En la Asamblea de IU no participarán buena parte de los partidos de la unión, Izquierda Republicana lo ha declarado así, a los verdes no se les oye, y los socialistas no han dicho nada. Es que a todos estos partidos se les marginaba, a los socialistas un poco menos. El PCE era la fuerza dominante y por eso todos los candidatos a la dirección son miembros del Partido.
En esta Asamblea no se discutirán doctrinas, no parecen tenerlas, el programa se guardará para cuando el pueblo de votantes esté menos enajenado y pueda comprenderlo. Se buscará el mejor Coordinador, aquel que presente mejor al exterior. En el aspecto ideológico tampoco habrá discusión. De haberla sería grave, pues se podría escindir el propio PC.
Dentro del PCE se pueden distinguir, mal que bien, varias posiciones. Hay una opinión que piensa que no se deben abandonar la doctrinas fundacionales. En este ámbito, que no corriente, se encuentran la totalidad de aquellos que no les molesta que les llamen “estalinianos”, casi todos los más veteranos, que dicho sea de paso son los más activos en las acciones, reparto de octavillas, manifestaciones, pega de carteles, etc. Para otros es necesario romper con un pasado que no es defendible. Son menos, ya que la mayoría de los que así piensan se han marchado del Partido. Queda el grupo mayoritario formado por todos los que creen que hay que mantener el aparato del partido: federaciones, células, clubes y el resto, incluso si hay que ceder en la “doctrina”, para después hacer lo que hay que hacer. En esto hay división de pareceres, ya que dentro de este último grupo se encuentran algunos que piensan como los veteranos, otros pretende reformar el partido y los hay que piensan que con el tiempo se podrá hacer algo nuevo.
Esta heterogeneidad es la gran debilidad de IU, mejor dicho del PCE. La diversidad es el fruto de la ausencia, una larga ausencia, de doctrina. En su lugar jugaba el modelo URSS, el mundo del socialismo real y sus realizaciones, que permitía la adhesión a una doctrina por sus frutos, sin necesidad de conocerla. El hundimiento de ese mundo “ejemplar” arrastró la doctrina. Tenían la fe del carbonero (stajanovista en este caso), creían en lo que creía el Santo Partido, y cuando el Santo Partido (de la URSS) dejo de creer, la fe se debilitó.
Hoy los modelos son débiles: Corea del Norte que espera como agua en mayo la llegada de Clinton, China en vías de aburguesamiento y Cuba que subsiste gracias a su turismo “emocional”. Con una fe evanescente, el desmenuzamiento organizativo es normal y en caso de fracaso electoral mortal.
En esta asamblea, es lo que se deduce de los “debates”, se trata de ofrecer una “imagen” de partido de izquierdas nuevo. El “cartel” que muestre la nueva imagen será, en un primer momento, para la militancia y para el público elector, el Coordinador de IU. Es necesario que sea de izquierdas y nuevo.
De los dos candidatos varones, Llamazares es el que ofrece las condiciones mejores. Es hombre del aparato del partido, lo que le confiere un carácter de izquierdista, empezó a militar durante la transición, eso muestra que es nuevo. Recuérdese lo que ha pasado en el PSOE, el secretario actual ha vivido toda su vida política en el aparato del partido, y comenzó su militancia en la transición. Hoy por hoy, Llamazares aparece como el Zapatero de IU.
La VI Asamblea de IU puede mostrar que no hay Unión, por la ausencia de unionistas y que IU es de hecho casi sólo el PCE. Parece difícil que en la situación actual se produzca un renuevo de algo en un congreso de una agrupación de partidos, de los que sólo aparece uno. El riesgo es que se pase de la Unión a la Unidad. IU permitía, teóricamente, la existencia de pequeños partidos, su desaparición podría hacerlos desaparecer del panorama político. El empobrecimiento nunca es bueno.
