L D (EFE)
El equipo que dirige Javier Lozano se paseó ante la selección nipona que poco pudo hacer ante el vendaval que se le avecinó. La superioridad de los campeones del mundo, manifiesta antes de pisar la cancha, eclipsó desde el primer momento cualquier conato de plantar cara de su rival. El seleccionador japonés, Harada Michito, y su escuadra llegaron al Torneo del Centenario del Real Madrid de un "grande" del fútbol con libreta y bolígrafo en mano para tomar apuntes del equipo más potente del fútbol sala en la actualidad, y el Pabellón Parque Corredor se transformó en un aula magna.
Para los españoles fue coser y cantar una vez que hilvanaron el patrón de Lozano para los primeros compases, que no era otro que apretar en los primeros minutos para obtener una ventaja suficiente que les diera tranquilidad. Así, dispuso a Joan Linares, Javier Sánchez y Daniel Ibañes para los primeros envites. Una escuadra totalmente ofensiva y creativa, aunque fue Kike Boned, un hombre con tareas defensivas, quien firmó las dos primeras dianas. Lozano consiguió su objetivo a los diez minutos. Los goles de Andreu Linares y el primero del hispano brasileño Paulo Roberto, máximo anotador del partido, otorgaron la tranquilidad pretendida.
Pero el equipo español no se dedicó a vivir de las rentas en un choque que resultó ser un entrenamiento con vistas a la final del domingo, con casi total seguridad ante Brasil. A pesar de las facilidades de la selección nipona, propiciadas por su empeño en ejercer una defensa al hombre con la que abrían huecos enormes y que transformaron su portería en un coladero, los hombres de Lozano no se despojaron ni un momento del traje de faena y no cejaron ni un instante en su intento de burlar la débil retaguardia del contrario. La selección española mantuvo en todo momento la concentración y la agresividad en un gesto de no menospreciar a su rival que, por otra parte, no se amilanó y recurrió a su velocidad con la que pretendió tentar la sorpresa.
Japón lo intentó en alguna ocasión, aunque en balde, frente a un equipo con tantos argumentos tácticos y técnicos como el español y que, además, no se metió las manos en los bolsillos. España disputará la final el domingo a partir de las 13,00 horas frente al vencedor del partido entre Brasil y Egipto, que lucharán por un puesto el sábado a las 13,45.
Para los españoles fue coser y cantar una vez que hilvanaron el patrón de Lozano para los primeros compases, que no era otro que apretar en los primeros minutos para obtener una ventaja suficiente que les diera tranquilidad. Así, dispuso a Joan Linares, Javier Sánchez y Daniel Ibañes para los primeros envites. Una escuadra totalmente ofensiva y creativa, aunque fue Kike Boned, un hombre con tareas defensivas, quien firmó las dos primeras dianas. Lozano consiguió su objetivo a los diez minutos. Los goles de Andreu Linares y el primero del hispano brasileño Paulo Roberto, máximo anotador del partido, otorgaron la tranquilidad pretendida.
Pero el equipo español no se dedicó a vivir de las rentas en un choque que resultó ser un entrenamiento con vistas a la final del domingo, con casi total seguridad ante Brasil. A pesar de las facilidades de la selección nipona, propiciadas por su empeño en ejercer una defensa al hombre con la que abrían huecos enormes y que transformaron su portería en un coladero, los hombres de Lozano no se despojaron ni un momento del traje de faena y no cejaron ni un instante en su intento de burlar la débil retaguardia del contrario. La selección española mantuvo en todo momento la concentración y la agresividad en un gesto de no menospreciar a su rival que, por otra parte, no se amilanó y recurrió a su velocidad con la que pretendió tentar la sorpresa.
Japón lo intentó en alguna ocasión, aunque en balde, frente a un equipo con tantos argumentos tácticos y técnicos como el español y que, además, no se metió las manos en los bolsillos. España disputará la final el domingo a partir de las 13,00 horas frente al vencedor del partido entre Brasil y Egipto, que lucharán por un puesto el sábado a las 13,45.
