L D (EFE)
La selección catalana entendió el partido como una fiesta, a la que respondieron con un registro histórico 96.700 aficionados, y apostó por un esquema táctico de claro corte ofensivo, idéntico al de su rival. El equipo de Luiz Felipe Scolari, en medio de este ambiente, dejó primero que Cataluña contentase a los suyos con empuje y ganas, a la espera de que pasase esta efervescencia para imponer su calidad técnica. Sobrepasada esa fase, que duró aproximadamente un cuarto de hora, Ronaldo dio un susto cuando estuvo a punto de culminar un remate de cabeza, Denilson advirtió poco después con caracoleos por su banda y, finalmente, Ronaldinho Gaúcho inauguró el marcador al transformar un lanzamiento de falta directo.
Brasil pudo aumentar su ventaja ocho minutos más tarde, pero Víctor Valdés despejó en una brillante intervención un disparo a bocajarro de Denilson, que había recibido un servicio de Ronaldo. Cataluña demostraba mientras tanto que lo suyo eran ganas y poco más, falta de orden táctico ante los escasos dos entrenamientos que han compartido sus jugadores antes de esta cita. Brasil, de todos modos, tampoco está para muchas florituras, quizá con las excepciones del delantero bético y de Ronaldinho Gaúcho, por lo que el espectáculo estuvo a menudo en las gradas, donde el público puso de manifiesto que había venido a una fiesta del fútbol catalán.
Ronaldo también le puso empeño, quizá motivado por el reencuentro con el campo donde disfrutó de su mejor año como profesional, pero el centro del campo brasileño, aunque superior, no pareció el de un firme candidato al cetro mundial. Tuvo que ser de nuevo Ronaldinho Gaúcho el que interviniese de forma decisiva, al aprovecharse de un robo de balón para plantarse en solitario ante Víctor Valdés y batirlo por bajo con una frialdad sorprendente por su juventud. El segundo tanto brasileño dio paso al descanso y, en la reanudación, el equipo de Luis Felipe Scolari convenció todavía menos que en la primera mitad. Quizá Scolari podía apelar a las bajas de jugadores importantes como el barcelonista Vitor Borba Rivaldo o el madridista Roberto Carlos, pero su homólogo catalán, Ángel Alonso, también tenía a mano ese recurso ante las bajas de los mundialistas Xavi, Puyol, Sergio, Curro Torres y Luque o de los lesionados Sergi, Guardiola, Gabri y Dani.
Brasil dio tantas facilidades en la segunda parte que, al final, Catalunya logró su tanto para desatar el delirio de una afición entregada. Jordi envió un balón al segundo palo, donde Oscar peinó el balón hacia atrás para que Luis García, también de cabeza, batiese a Marco con un típico "gol fantasma" que el colegiado no dudó en conceder como válido. Los posteriores cambios masivos provocaron un cierto desconcierto sobre el campo del que se aprovechó Brasil para lograr su tercer tanto por medio de Edmilson, quien se hizo con un rechace en el interior del área catalana y superó a Arnau de fuerte disparo. El resto fueron todavía más cambios, más festejos en la grada y, al final, una victoria obligada de los brasileños que todavía deberán mejorar mucho si quieren convertirse en Japón y Corea en pentacampeones.
Brasil pudo aumentar su ventaja ocho minutos más tarde, pero Víctor Valdés despejó en una brillante intervención un disparo a bocajarro de Denilson, que había recibido un servicio de Ronaldo. Cataluña demostraba mientras tanto que lo suyo eran ganas y poco más, falta de orden táctico ante los escasos dos entrenamientos que han compartido sus jugadores antes de esta cita. Brasil, de todos modos, tampoco está para muchas florituras, quizá con las excepciones del delantero bético y de Ronaldinho Gaúcho, por lo que el espectáculo estuvo a menudo en las gradas, donde el público puso de manifiesto que había venido a una fiesta del fútbol catalán.
Ronaldo también le puso empeño, quizá motivado por el reencuentro con el campo donde disfrutó de su mejor año como profesional, pero el centro del campo brasileño, aunque superior, no pareció el de un firme candidato al cetro mundial. Tuvo que ser de nuevo Ronaldinho Gaúcho el que interviniese de forma decisiva, al aprovecharse de un robo de balón para plantarse en solitario ante Víctor Valdés y batirlo por bajo con una frialdad sorprendente por su juventud. El segundo tanto brasileño dio paso al descanso y, en la reanudación, el equipo de Luis Felipe Scolari convenció todavía menos que en la primera mitad. Quizá Scolari podía apelar a las bajas de jugadores importantes como el barcelonista Vitor Borba Rivaldo o el madridista Roberto Carlos, pero su homólogo catalán, Ángel Alonso, también tenía a mano ese recurso ante las bajas de los mundialistas Xavi, Puyol, Sergio, Curro Torres y Luque o de los lesionados Sergi, Guardiola, Gabri y Dani.
Brasil dio tantas facilidades en la segunda parte que, al final, Catalunya logró su tanto para desatar el delirio de una afición entregada. Jordi envió un balón al segundo palo, donde Oscar peinó el balón hacia atrás para que Luis García, también de cabeza, batiese a Marco con un típico "gol fantasma" que el colegiado no dudó en conceder como válido. Los posteriores cambios masivos provocaron un cierto desconcierto sobre el campo del que se aprovechó Brasil para lograr su tercer tanto por medio de Edmilson, quien se hizo con un rechace en el interior del área catalana y superó a Arnau de fuerte disparo. El resto fueron todavía más cambios, más festejos en la grada y, al final, una victoria obligada de los brasileños que todavía deberán mejorar mucho si quieren convertirse en Japón y Corea en pentacampeones.
