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Mano de Dios, pies de Diego

La obra de arte que llevó a cabo Maradona durante todo el campeonato proclamó a Argentina campeona. Nunca hubo una exhibición individual tan sublime.

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La obra de arte que llevó a cabo Maradona durante todo el campeonato proclamó a Argentina campeona. Nunca hubo una exhibición individual tan sublime.
Diego Armando Maradona, besando el trofeo de campeón del mundo.

Dos imágenes quedaron para la eternidad del Mundial de México 86 y de la Argentina que se proclamó campeona. Por un lado, el gol más polémico e injusto que probablemente se haya visto nunca; algunos hablarán de picaresca, otros -los más- de farsa, pero la mano de Maradona terminó con el balón en las redes, y el árbitro concedió un gol que nunca debió dar.

Minutos después, el mismo Maradona, el mismo embustero, llevaba a cabo el gol más bello que nos ha dejado el Mundial en sus casi 100 años de historia ya. De manera incuestionable. Como si estuviera jugando contra niños, el astro argentino se fue marchando de todos y cada uno de los ingleses que le salieron al camino, para terminar marcando a puerta vacía, y dar el pase a los suyos a semifinales. Él solito.

Un Mundial a punto de no disputarse

Pocos imaginaban, cuando a meses de comenzar el campeonato se decidía cambiar la sede del mismo, que todo iba a marchar tan bien. Colombia debía albergar el Mundial, pero de repente decidió que no iba a cumplir con las exigencias mínimas de la FIFA. Esta, de urgencia, tuvo que buscar un país nuevo, y después de barajar diversas opciones, se decidió optar por lo seguro: después del gran éxito de su organización en 1970, México no podía fallar. De este modo, además, se convertía en la primera nación que repetía como sede de un Mundial.

Y ni siquiera un terremoto pudo con él. A ocho meses del campeonato una serie de seísmos sacudieron al país, dejando más de 10.000 muertos y 2.000 millones de dólares invertidos para su reconstrucción. Pero los estadios designados como escenarios de los partidos, así como las diferentes infraestructuras futbolísticas, no resultaron afectadas. Así que, pese a las muchas críticas recibidas, se decidió continuar con la organización, y resultó otro gran un éxito.

Respecto a España 82, se mantuvieron los 24 finalistas, pero se modificó el formato: primero grupos, y después eliminatoria directa: octavos, cuartos, semifinales y final. Más espectáculo. Entre las ausencias destacadas, volvió a fallar Holanda, como si tardara más de una década en reponerse de las dos finales perdidas en los 70. Quedaron también fuera de la Fase Final equipos del nivel de Checoslovaquia o Yugoslavia.

El gol de Míchel

España llegaba a la cita con ilusiones renovadas. Nada quedaba ya de la tremenda decepción de cuatro años antes, en casa. Venía de ser subcampeona de Europa, sólo derrotada por la intratable Francia de Platini. Con la llegada de Miguel Muñoz, el equipo había cambiado de mentalidad. Reapareció la furia española y la presión asfixiante sobre el adversario, pero a ello se añadía un concepto modernista del fútbol, gracias a la incorporación al seno del equipo de la "quinta del Buitre".

Aun así, el primer envite se saldó con derrota. Y qué derrota. Fue ante Brasil, por 1-0, y con el famoso gol anulado a Míchel que sí debía haber subido al marcador. Al día siguiente, los titulares de los principales periódicos de todo el mundo –incluido Brasil- hablaron de injusticia y robo. Un gol que, quizá, hubiera permitido a los nuestros ser campeones de grupo. Pero que, en cualquier caso, no evitó el pase a octavos.

Porque la selección española se recuperó bien de esa primera derrota, y superó a Irlanda del Norte primero, 2-1 con doblete de Butragueño y Salinas; y a Argelia después con un claro 3-0, goles obra de Calderé en dos ocasiones y Eloy.

En octavos tocaba medirse a la que estaba siendo la revelación del campeonato. Una Dinamarca que debutaba en un Mundial, pero que sorprendía a todos con su magia futbolística. Prueba de ello, el 6-1 que le endosó a Uruguay, o la victoria por 2-0 ante nada menos que Alemania. Era la Dinamarca de los Laudrup, Lerby, LArsen, Olsen… y España le pasó por encima.

Fue la tarde mágica de Emilio Butragueño: cuatro goles, nada menos que cuatro goles, anotó aquella tarde en Querétaro el delantero del Real Madrid. Gracias a estos cuatro tantos, Butragueño entró por la puerta grande en la historia mundialista. Mientras, la selección española se atrevía ya a soñar con todo. ¿Por qué no? Más cuando conoció que su rival en cuartos iba a ser Bélgica, a priori inferior.

Pero entonces comenzó, en cierta medida, la maldición de los cuartos. Justo cuando mejor estaba, cuando todas las sensaciones eran más que positivas, se cayó en los penaltis. Durante el partido, 1 a 1, y gracias, porque Señor marcó el empate a falta de cinco minutos para el final. Y en los penaltis… sucumbió España. La selección se marchaba con la sensación de haber dejado pasar una oportunidad histórica. Sería una tónica desde entonces.

La sorpresa marroquí

En la Primera Fase, y con permiso de Dinamarca, quizá el mejor fútbol lo desplegó la Unión Soviética –formada, curiosamente, por una amplia mayoría de futbolistas ucranianos-, que batió por 6-0 a Hungría, y empató con Francia, una de las grandes favoritas al título final. Caería, pero, en octavos, al verse superada por la Bélgica de Scifo en un apasionante partido: 3-4.

La gran sorpresa, sin duda, la protagonizó Marruecos. Con una plantilla entonces desconocida en Europa, se proclamó campeón en un grupo que compartía con nada menos que Inglaterra, Polonia y Portugal. Los magrebíes caerían en octavos ante Alemania.

Pocas más sorpresas se producirían en esta primera fase. Sí hubo una, mayúscula, en octavos de final. Italia, que defendía corona, caería eliminada a las primeras de cambio. Aunque claro, lo haría ante Francia, en lo que para muchos fue una final anticipada. Los goles de Platini y Stopyra así lo quisieron.

Por su parte, Brasil arrolló a Polonia; México e Inglaterra superaron sin dificultades a Bulgaria y Paraguay respectivamente, y Argentina superó por la mínima, con tanto de Pasculli, a Uruguay. Comenzaba su camino hacia lo más alto.

La venganza en el campo de fútbol

El destino quiso que Inglaterra y Argentina se cruzaran en cuartos de final. Un duelo que era mucho más que un partido, con la Guerra de las Malvinas aún latente. El escenario no podía ser mejor, el Estadio Azteca. Por un lado, Maradona, el mejor futbolista del planeta; por el otro, Gary Lineker, máximo goleador del Mundial. Puro espectáculo.

Y el choque transitó como se esperaba: tensión, igualdad, oportunidades, defensas bien situadas… Seguro que nadie esperaba que el primer tanto llegara de la manera que llegó: con la mano. Es decir, ilegal. Poco después llegaría su segundo tanto, el 2-0, una imagen por todos de sobra conocida, y que basta con observar su narración para comprender su magnitud.

Aún así, Inglaterra no se rindió, y Gary Linker acortó distancias a 12 minutos del final. Pero el marcador ya no se iba a volver a mover. Argentina lograba su pase a semifinales, y una venganza moral por la guerra de las Malvinas. Habla Maradona: "Era como ganarle más que nada a un país, no a un equipo de fútbol (…) Sabíamos que habían muerto muchos pibes argentinos allá, que los habían matado como a pajaritos… Y esto era una revancha, era… recuperar algo de las Malvinas (…) ¡Un carajo que iba a ser un partido más".

Inglaterra quedaría tocada para siempre, no por caer ante la albiceleste, sino por el modo en que lo hizo. "Me enferma oír hablar de Maradona", declararía años más tarde Peter Shilton, el guardameta inglés en aquel partido.

Europa acompaña a Argentina

El otro duelo estelar de cuartos de final fue el que enfrentó a Francia y Brasil. Los galos se impusieron en los penaltis, después de empatar por 1-1, en una tanda que viviría uno de los capítulos más curiosos. El francés Bruno Bellone, encargado del tercer lanzamiento, estrelló su disparo en el poste, pero el balón rebotó sobre el cuerpo del portero Carlos Gallo, y terminó entrando. El gol fue concedido, a pesar de que no había ninguna norma al respecto, y ante las protestas de los brasileños. Francia ganó la tanda por 4-3, y la International Board añadió la regla a su normativa.

Además, Alemania también necesitaba de penaltis para deshacerse de la anfitriona México, tras empatar a cero, y como recordábamos anteriormente España caía, también en penaltis, ante Bélgica.

Otra vez Maradona

Francia estaba siendo la selección que más gustaba a lo largo del campeonato. Con futbolistas de la talla de Platini, y llegando como campeona de Europa, se confirmaba como la gran favorita al título. Sin embargo, la practicidad y la contundencia alemana volvieron a ser suficientes para lograr la victoria, apear a los franceses, y meterse en otra final. Un claro 0-2, con goles de Brehme y Voller. Era el fin de la era Platini.

En la otra semifinal, Argentina eliminó a Bélgica. O mejor dicho, Maradona eliminó a Bélgica. Porque nuevamente el pelusa anotó los dos tantos con los que la albiceleste ganó 2-0. Uno, el primero, con una sutil vaselina ante la salida de Pfaff; y otro, el segundo, tras una genial cabalgada en la que dejó atrás a cuatro futbolistas belgas. Una genialidad. Otra más.

Maradona alcanza la gloria

La final se presentaba apasionante. Era la efectividad germana contra la magia de Maradona. Y el partido no decepcionó. Argentina se llegó a poner 2-0, con tantos de Brown en la primera mitad y Valdano en la segunda. Pero los germanos dieron la habitual guerra, y se repusieron a los dos tantos para igualar el choque a falta de diez minutos para el final. Rummenigge y Voller fueron los autores.

Pero Argentina, además de un fútbol preciosista, también destacaba por su espíritu de lucha y enormes ansias de victoria, y lejos de amedrentarse se lanzó a por la victoria y en el 84 Burruchaga lograba el 3-2 definitivo.

Argentina lograba así su segundo campeonato del mundo sólo ocho años después, y Maradona, gran artífice del triunfo, alcanzaba el cetro del fútbol mundial. Alemania, por su parte, emularía a Holanda, perdiendo dos finales consecutivas del Mundial. Italia y Argentina la batieron, respectivamente, en el 82 y el 86. Cuatro años más tarde se desquitaría, precisamente en Italia.

Diego para todos los tiempos

Como decíamos, Maradona alcanzó en el Mundial del 86 el cetro del fútbol mundial. Considerado ya de por sí uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos, la obra de arte que llevó a cabo durante todo el campeonato disputado en México es, para muchos, la principal justificación para considerarlo el más grande.

Y es que el pelusa comandó a un equipo sin grandes nombres a lo más alto. El tópico de que el Mundial lo ganó él solo quizá sea algo exagerado, pero tampoco mucho. Baste con ver los partidos de la fase final de Argentina. Nunca hubo una exhibición individual tan sublime.

Pero sobre todo el partido ante Inglaterra. El 2-1 para la eternidad. Los dos goles fueron obra del mismo genio. Esa tarde en el estadio Azteca, Diego Armando Maradona robó un gol y lo tapó haciendo un golazo. El primero dio lugar a la que ha sido llamada "la mano de Dios"; el segundo, fue sólo con sus pies. Con los pies de Diego.

Ficha Técnica del partido:

Argentina, 3: Pumpido; Batista, Brown, Ruggeri, Giusti; Héctor Enrique, Olarticoechea, Burruchaga (Trobbiani, m. 90); Valdano, Maradona y Cuciuffo. Seleccionador: Carlos Bilardo
Alemania, 2: Schumacher; Briegel, K.H. Foster, Eder, Brehme; Magath (D. Höness, m. 62), Bertold, Jakobs, Matthaus; Rummenigge y Allofs (Völler, m. 46). Seleccionador: Franz Beckenbauer

Goles: 1-0, m.23: Brown; 2-0, m.55: Valdano; 2-1, m.74: Rummenigge; 2-2, m.80: Völler; 3-2, m.84: Burruchaga
Árbitro: Romualdo Arppi (brasileño). Amonestó a Maradona, Olarticoechea, Enrique y Pumpido en Argentina; y a Matthaus y Briegel en Alemania.
29 de junio de 1986, Estadio Azteca, México DF, 114.600 espectadores

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