
Hoy en día —y a la espera de que acabe instalándose un cronómetro que contabilice únicamente el tiempo de juego real— es habitual que un partido, con sus dos prolongaciones, se vaya a los 100 minutos o incluso más. Razones hay para ello, entre atender a lesionados, la posibilidad de efectuar cinco sustituciones por equipo, la revisión de jugadas dudosas a cargo del VAR, o —en los meses en que aprieta el calor— las pausas de hidratación. Pero en 1966 los encuentros de fútbol solían durar exactamente los 90 minutos reglamentarios, con alguno más de propina si se habían producido percances o algún incidente.
Sin embargo, hubo un partido (correspondiente a la Liga 66-67) cuya duración llegó hasta cerca del minuto 100, sin existir motivo aparente para ello. Y no se trataba de un partido digamos ‘normal’, sino de todo un Real Madrid-Barça, en el Bernabéu y con las cámaras de TVE presentes. Y para avivar más la polémica, el tiempo reglamentario había concluido con empate a cero, y precisamente en esa inesperada prórroga iba a producirse el tanto que desharía la pertinaz igualada, concediéndole los dos puntos — con los que entonces se remuneraba la victoria— a uno de los contendientes. Y merece la pena que nos detengamos en ese choque en la cumbre, así como en las circunstancias que van a rodearle.
Veloso marca el gol del triunfo en el 93’
La fecha fue el 20 de noviembre de 1966, justo nueve años antes de lo que ya todos sabemos… décima jornada de Liga. El Madrid compartía liderato con el Valencia, con 14 puntos, mientras que el Barça ocupaba la tercera plaza, a dos del dúo de cabeza. De modo que el resultado podía ser muy importante de cara el título. Bastante frío en la capital, y no demasiado público en las gradas (había televisión en directo). Con arbitraje del vizcaíno Ortiz de Mendíbil, ambos equipos van a presentar las siguiente alineaciones: por el Real Madrid, Betancort; Pachín, De Felipe, Sanchís; Pirri, Zoco; Veloso, Amancio, Grosso, Velázquez y Gento; y por el Barcelona, Sadurní; Benitez, Gallego, Foncho; Montesinos, Torres; Rifé, Muller, Vidal, Fusté y Zaballa. Paco Gento y el alsaciano y exmadridista Lucien Muller ejercieron de capitanes.
El auténtico héroe del partido va a ser el guardameta azulgrana Sadurní, que haciendo honor a su nombre de pila —Salvador— librará a los suyos de una goleada. Así que se llega al final del tiempo reglamentario con el marcador inicial, pero Ortiz de Mendíbil no va a dar por concluido el partido, y en el minuto 93 Veloso consigue marcar para los blancos. El encuentro se prolongaría cinco minutos más, hasta el 98, y entonces sí que el prestigioso colegiado vizcaíno lo dio por finiquitado. Como es lógico, los azulgranas pusieron el grito en el cielo, pues ya acariciaban un valioso empate, y en esas protestas al parecer se excedió el central Gallego, quien según consigno el árbitro en el acta no le llamó precisamente "bonito", algo que le costaría tres partidos de suspensión al zaguero internacional originario de Puerto Real.
Ortiz de Mendíbil justificó su sorprendente decisión alegando que había detenido el cronómetro siempre que se producía alguna interrupción del juego, y de ahí saldrían esos 8 minutos suplementarios de la discordia. En Can Barça, sin embargo, no aceptaron sus explicaciones, y procedieron a recusarle, mecanismo que entonces utilizaban los clubes para evitar a los jueces cuyo arbitraje les hubiera parecido desfavorable (unos años después lo harían también con otro vasco, Guruceta a cuenta del famoso y supuesto penalti de Rifé a Velázquez, cometido fuera del área).
Ortiz de Mendíbil, el árbitro de la moviola
El gran protagonista a la postre del partido fue uno de los nombres míticos del arbitraje español. José María Ortiz de Mendíbil Monasterio había nacido en Portugalete (Vizcaya) el 11 de agosto de 1926 y falleció en la también vizcaína localidad de Algorta un 15 de septiembre de 2015. Perito mercantil de profesión, antes de cumplir los 30 ya pitaba en Primera División, donde figuraría durante 18 temporadas, desde la 54-55 al final de la 71-72. En ese tiempo dirigió 241 partidos de la máxima categoría, con un balance de 138 victorias locales, 59 empates y 44 triunfos visitantes. Desde la temporada 58-59 hasta el momento de su retirada fue árbitro internacional.
A largo de tan dilatada trayectoria dirigió algunos encuentros especialmente señalados: la final de la Copa Intercontinental de 1964, entre el Inter de Milán y el Independiente argentino, la repetición de la final de la Eurocopa de 1968 (Italia -Yugoslavia), las finales de la Recopa de 1968 y 1972 (Milan-Hamburgo y Glasgow Rangers-Dinamo de Moscú, respectivamente), las de la Copa del Generalísimo de 1970 y 1972 (Real Madrid-Valencia y Atlético de Madrid-Valencia), la semifinal del Mundial de México de 1970 Brasil-Uruguay, y sobre todo final de la Copa de Europa de 1969, disputada en el estadio Santiago Bernabéu entre el AC Milan y el Ajax de Amsterdam, donde se produjo un hecho insólito en el mundo del fútbol como es que el árbitro salió del campo a hombros de los aficionados (supongo que de los tifosi del conjunto vencedor). Evidentemente parecía darle suerte al fútbol italiano y al madrileño.
Nada más colgar el silbato, pasó a colaborar con el recién nacido programa dominical de información deportiva Estudio Estadio, comentando las jugadas polémicas de varios partidos de la jornada con la ayuda de un armatoste tecnológico que pronto se haría muy popular: la moviola Ortiz de Mendíbil fue tildado de "madridista" a raíz de este dilatado Madrid-Barça, calificativo que acentuaron otras actuaciones suyas, como un gol concedido a los merengues en un derbi de la Capital celebrado en la temporada 68-69, o no considerar punible una dura entrada de central blanco De Felipe al ariete barcelonista Bustillo, a raíz de la cual el jugador maño se pasó en el dique seco la práctica totalidad del curso 69-70, no volviendo a recuperar ya jamás el nivel exhibido antes del percance.
Son las eternas polémicas arbitrales, que ni siquiera el último grito de la tecnología, léase VAR, ha conseguido ni conseguirá nunca acallar.
