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Milutin Ivkovic, el ídolo del fútbol yugoslavo por su resistencia a los nazis

Considerado uno de los mejores defensas del fútbol yugoslavo, la historia de Ivkovic habla de fútbol y de guerra. De patriotismo. De resistencia.

Considerado uno de los mejores defensas del fútbol yugoslavo, la historia de Ivkovic habla de fútbol y de guerra. De patriotismo. De resistencia.
Milutin Ivkovic como capitán de la selección de fútbol de Yugoslavia en el Mundial de 1930 | Archivo

Hoy que se disputa el duelo entre España y Serbia correspondiente a la jornada 4 de la Liga de Naciones, recordamos la historia de Milutin Ivkovic. Capitán de la primera gran selección yugoslava, ídolo de la nación por su resistencia durante la Seguna Guerra Mundial, y que terminó siendo fusilado por los nazis.

Nacido en Belgrado, entonces Reino de Serbia, el 3 de marzo de 1906, Milutin Ivkovik nace con su destino sellado. Es descendiente del héroe nacional Radomir Putnik, mariscal de campo y jefe del Estado Mayor General de Serbia durante las guerras de los Balcanes y la Primera Guerra Mundial.

Sin embargo, lo que más apasiona a Ivkovic es el fútbol. Su corpulencia (mide 1'88m), su liderazgo, su inteligencia en el campo y su capacidad de sacrificio le hacen desempeñarse como defensa, en una época en la que los equipos juegan con una línea de dos o, como mucho, tres zagueros.

Con apenas 16 años ya debuta con el primer equipo del SK Jugoslavija, uno de los más exitosos del incipiente fútbol serbio y posteriormente yugoslavo, y que en 1945 se convierte en el Estrella Roja, el club más laureado del país. Ahí completará ocho temporadas, en las que conquista el Campeonato Yugoslavo en tres ocasiones.

En 1930, en un movimiento muy polémico sobre todo de cara a los aficionados, Milutin Ivkovic ficha por el BASK, el otro gran equipo de Belgrado. Y es ahí donde alcanzará su mayor fama como futbolista.

Su mayor fama, y sus mayores cotas como internacional. Ya había debutado con Yugoslavia en 1924, participando en los Juegos Olímpicos de Amsterdam de 1928. Pero sería en el Mundial de 1930 donde Ivkovic alcanzaría su estatus de leyenda.

Yugoslavia es el único equipo europeo (de los cuatro participantes, junto a Bélgica, Francia y Rumanía) que supera la primera fase en el campeonato disputado en Uruguay. Lo hace al imponerse a Bolivia (4-0) y a Brasil, una de las grandes candidatas al título final (2-1) en la fase de grupos. Y lo hace con Milutin Ivkovic como capitán.

El camino yugoslavo termina en semifinales, donde cae ante la anfitriona -a la postre campeona- Uruguay, en un partido rodeado de una inmensa polémica arbitral. Yugoslavia terminará cuarta el Mundial, al negarse a disputar el partido por la tercera plaza como protesta por el maltrato sufrido en semifinales.

Pero el nombre de Milutin Ivkovic queda para siempre. En su país, en Yugoslavia, por lo logrado. Pero también en el resto del mundo. Será escogido dentro del Equipo de las Estrellas de la Copa del Mundo. Y no serán pocos los conjuntos sudamericanos y europeos que quieren hacerse con su fichaje.

Sin embargo, Ivkovic continúa jugando en el BASK, donde terminará por retirarse en 1935.

Impasible ante el invasor

Tras dejar el fútbol, Milutin Ivkovic abre en Belgrado una consulta médica especializada en dermatología, después de haberse graduado de sus estudios de medicina en 1931.

Pero no se conforma con su vida tranquila como doctor y padre de familia. Sus muestras de repulsa ante los movimientos crecientes en buena parte de Europa son continuas, tal y como se relata en el libro Un calcio a la guerra. Lo reflejan sus protestas contra la celebración de los Juegos Olímpicos de 1936 en plena Alemania Nazi. O sus artículos periódicos en el semanal Mladost, que poco más tarde terminaría siendo prohibido por las autoridades del país.

En 1941, cuando Yugoslavia es invadida por Alemania -con la ayuda de la Italia de Mussolini- se acrecentan estas actividades de Ivkovic. "Han llegado más problemas. En forma de invasores crueles y despiadados de un país que ni siquiera limita con nosotros, sino que está dirigido por un loco criminal con delirios incontrolados de grandeza. Y no puedo quedarme de brazos cruzados. Amo a mi país, que siempre me ha dado todo lo que he necesitado. Ahora ha llegado el momento de corresponder", escribiría en uno de sus artículos.

Y no sólo contra los invasores. También contras los Ustacha, los monstruos que horrorizaban a los mismos nazis, y que no tardaron en convertirse en aliados de alemanes e italianos.

Por todo ello, durante los siguientes meses será arrestado en varias ocasiones por la Gestapo. Aunque siempre consigue salir libre, principalmente por su pasado como futbolista y por la consideración que todos los yugoslavos tenían hacia su figura.

Y así será hasta el 6 de mayo de 1943. Tras la disputa de un partido de exhibición por el 40 aniversario de su último equipo, el BASK, Milutin Ivkovic vuelve a ser arrestado. Pero en esta ocasión no queda libre. Es enviado al campo de concentración de Banjica, el más grande de Serbia. Unas semanas más tarde -no se sabe muy bien cuándo, pero se estima que entre el 23 y el 25 de mayo- Milutin Ivkovic es fusilado. Tiene 37 años.

El recuerdo del futbolista, sin embargo, continúa intacto. De ello se encarga, de manera tangible, una placa en su honor ubicada en los exteriores del estadio Partizán. Una calle en el centro de la ciudad de Belgrado. Y un monumento con su figura como futbolista erigido en los accesos al estadio del Estrella Roja.

Porque Milutin Ivkovic es ídolo por igual -quizá el único- de los grandes equipos -y grandes rivales- de Belgrado. Es ídolo eterno del fútbol serbio.

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