
El Clásico no entiende de amistades ni de colores compartidos, en este caso en la Selección Española. En la final de la Supercopa de España disputada en Riad, donde el FC Barcelona se impuso por 3-2 al Real Madrid, la tensión competitiva alcanzó su punto álgido en el minuto 57. Lo que comenzó como una falta táctica terminó en un careo directo entre dos de los jugadores que comparten vestuario en la selección nacional: Lamine Yamal y Dean Huijsen.
El detonante fue una acción que nada tenía que ver con ninguno de los dos… Una entrada de Raúl Asencio sobre Pedri para frenar un contragolpe azulgrana. Mientras el árbitro Munuera Montero amonestaba al canario, el campo se convirtió en un hervidero. En medio del caos, Fede Valverde y Eric García ya habían intercambiado empujones, pero el foco se desplazó rápidamente hacia el joven delantero del Barça.
📹 La tensión entre Lamine, Asencio y Huijsen.#DeportePlus #superSupercopa pic.twitter.com/SzZtwi36Y0
— Fútbol en Movistar Plus+ (@MovistarFutbol) January 11, 2026
Lamine Yamal, con una calma inicial que desapareció en segundos, se acercó a Asencio para pedir explicaciones por la dureza de la acción. Fue entonces cuando intervino Dean Huijsen... El central blanco, en un intento por proteger a su compañero de equipo, apartó a Lamine con un ímpetu que no sentó nada bien al de Rocafonda. Lo que empezó como un intento de separación derivó en una serie de empujones mutuos y brazos en alto.
La secuencia, captada por las cámaras, mostró a un Lamine Yamal visiblemente molesto, espetándole un claro "¿estás loco?" a un Huijsen que no dio un paso atrás. El central del Real Madrid bloqueó en todo momento el paso del azulgrana hacia Asencio, manteniendo el pulso físico hasta que otros jugadores lograron mediar.
Este tipo de roces no son nuevos para la joya del Barça, quien ya tuvo un encontronazo similar con Dani Carvajal en el Clásico de Liga en el Santiago Bernabéu. Sin embargo, lo llamativo de esta ocasión es que ambos futbolistas están llamados a ser piezas fundamentales y titulares en el esquema de la Selección para el próximo Mundial, demostrando que, sobre el césped, la jerarquía y el escudo están por encima de cualquier vínculo internacional.
Pese a lo aparatoso del pique y la intensidad del encuentro —que incluyó la expulsión de Frenkie de Jong—, el incendio se sofocó con el pitido final. La deportividad reinó en la entrega de trofeos; los jugadores del Real Madrid mantuvieron el protocolo y esperaron a que el Barcelona levantara la copa, a pesar de las prisas de Kylian Mbappé por abandonar el terreno de juego.

