
El equipo dirigido por Diego Pablo Simeone ha logrado una importantísima victoria a domicilio tras imponerse por un ajustado 1-2 en su siempre complicada visita a El Sadar. En un encuentro marcado por la intensidad y el rigor táctico, los rojiblancos lograron sumar tres puntos vitales para mantenerse en los puestos de privilegio de la clasificación, demostrando su probada capacidad de sufrimiento tras quedarse en inferioridad numérica durante la recta final del choque.
El partido comenzó con el ritmo vertiginoso que suele proponer el conjunto navarro ante su afición. Sin embargo, un error en la retaguardia local decantó la balanza rápidamente. Apenas se había superado el minuto catorce cuando el colegiado señaló una pena máxima a favor de los visitantes. El atacante Ademola Lookman asumió la responsabilidad y, con un disparo certero y lleno de aplomo, no perdonó desde los once metros para firmar el 0-1, asestando un duro golpe anímico a la aguerrida escuadra rojilla.
Tras el paso por los vestuarios, Osasuna adelantó notablemente sus líneas en busca de la igualada, dejando espacios a la espalda de su defensa. Esta circunstancia fue aprovechada a la perfección por el planteamiento visitante. En el minuto 70, una rápida transición ofensiva culminó en las botas de Alexander Sorloth. El espigado delantero noruego hizo gala de su contundencia dentro del área para batir al guardameta y colocar un 0-2 que parecía sentenciar el encuentro y garantizar la tranquilidad de la expedición madrileña.
Lejos de rendirse de forma prematura, el cuadro pamplonica encontró un inesperado balón de oxígeno poco después. En el minuto 78, una dura pugna por el esférico supuso la segunda cartulina amarilla para Marcos Llorente. La severa decisión arbitral obligó al equipo madrileño a afrontar el tramo decisivo del partido con apenas diez hombres sobre el terreno de juego, lo que provocó un repliegue absoluto de sus líneas para defender la renta obtenida frente a los constantes envites locales.
El acoso de los rojillos se volvió incesante. Fruto de esa presión agobiante, en el minuto 90 apareció Kike Barja para acortar distancias con un remate que encendió a la grada y devolvió la esperanza al estadio. El tiempo de descuento se convirtió en un auténtico asedio sobre la portería visitante, pero la tradicional solidez del bloque colchonero resistió el empuje final para certificar un triunfo de enorme valor en uno de los feudos más exigentes del campeonato.
