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Sergio Ramos irrumpe en la venta del Sevilla: ¿salvador o nuevo actor de una crisis sin fin?

El camero habría preguntado por la situación de la entidad con idea de convertirse en inversor. El culebrón, muy lejos de resolverse.

El camero habría preguntado por la situación de la entidad con idea de convertirse en inversor. El culebrón, muy lejos de resolverse.
Sergio Ramos. | Cordon Press

El culebrón de la venta del Sevilla FC, que parecía abocado a convertirse en otro triste episodio de desposesión patrimonial del fútbol español, ha incorporado este 1 de enero de 2026 un nuevo protagonista.

Se trata de toda una leyenda del deporte de nuestro país como es Sergio Ramos, campeón del mundo con la selección española en 2010 y ganador de cuatro Champions y cinco Ligas con el Real Madrid, entre otros muchos títulos. El nombre del defensa camero, figura mediática de primera fila que el próximo 30 de marzo cumplirá 40 años, aparece ahora en escena no como futbolista, sino como posible inversor en el club nervionense, según ha adelantado As este día de Año Nuevo.

Lo que hasta hace semanas había sido una conversación de despacho entre accionistas mayoritarios, fondos de inversión y consultores financieros, ha tomado ahora tintes inesperados. Una auditoría exhaustiva —la archiconocida due diligence— a la que se ha sometido el Sevilla ha revelado números que asustan incluso a los americanos que se perfilaban como posibles compradores, rebajando sus ofertas de cerca de 3.400 euros por acción a algo más de 2.700 euros por título. El efecto ha sido un brutal frenazo en seco: la operación, que apuntaba a cerrarse en cuestión de semanas, se encuentra ahora en punto muerto y no parece tener visos de abandonar esa situación, al menos a corto plazo.

Interés por la situación financiera del club

Es en este contexto de incertidumbre y de negociación al rojo vivo cuando Ramos, sevillista de origen —ha militado en el club hispalense en dos etapas, en el primer equipo entre 2003 y 2005 y en la temporada 2023/24 — y voz siempre reivindicativa de su tierra, habría iniciado "contactos preliminares para informarse de la situación" y explorar una posible entrada como inversor.

La noticia ha caído como un jarro de agua fría —pero con un brillo mediático extraordinario— en una operación que hasta ahora había estado dominada por actores mucho más institucionales y fríos: grandes fondos de inversión extranjeros, grupos empresariales con intereses estratégicos y hasta la llamada Tercera Vía, la propuesta sevillista de Antonio Lappí y Fede Quintero que, pese a presentar una oferta formal para comprar el club hace semanas, siempre ha quedado lejos de los números exigidos por los máximos accionistas.

Pero la aparición de Ramos —a priori un hombre de fútbol y no un tiburón de la inversión— añade una arista política y emocional a un proceso ya de por sí enrevesado. Lo que se está poniendo en juego no es solo la venta de un club centenario, sino la narrativa del sevillismo frente a la intervención del capital foráneo y la posible mercantilización del deporte.

El contexto económico y el choque de visiones

Recordemos el escenario: el Sevilla FC ha recibido varias ofertas para su venta, entre nacionales e internacionales, y la controvertida posibilidad de que un fondo americano tome el control ha sido la opción que más ha avanzado, con una auditoría ya en marcha y cifras que superan los 3.000 euros por acción.

Esa misma operación ha generado un rechazo palpable entre el sevillismo de base. Organizaciones como la Federación de Peñas Sevillistas San Fernando, Accionistas Unidos y el grupo ultra Biris Norte se han movilizado para exigir transparencia, diálogo y garantías de que el patrimonio histórico del club —como el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán o la ciudad deportiva— no se convierta en botín de inversores sin raigambre local, con el fin de evitar que se reproduzca lo que en los últimos años viene ocurriendo en el Valencia CF con Peter Lim.

En medio de esta tensión, la Tercera Vía, proyecto de empresarios sevillanos que también aspira a hacerse con el Sevilla, ha sido vista por parte del consejo de administración con escepticismo debido a discrepancias económicas y de modelo de gestión, lo que ha dejado vía libre —al menos momentáneamente— a la apuesta de capital extranjero.

¿Qué aporta Sergio Ramos a este tablero?

Aquí es donde la jugada se vuelve particularmente interesante. Ramos, sevillista de corazón, no es un gestor financiero tradicional. Su posible entrada en la ecuación de compra del Sevilla sugiere varias lecturas. Por un lado, estaría el intento de recuperar el alma sevillista del club: en un momento en que las voces populares se sienten desplazadas por capitales ajenos, la figura de Ramos —un hijo de Camas que se formó en la cantera del Sevilla antes de dar el salto al Real Madrid en 2005 con apenas 19 años— puede encarnar una narrativa de resistencia frente a la pérdida de identidad.

Igualmente, se trataría de un movimiento estratégicamente calculado, donde Ramos no sería un mero espectador. Y es que el camero ya es socio inversor del San Fernando, club que preside Monchi, lo que demuestra que ya ha tenido experiencias en estructuras societarias más allá del césped.

También cabe destacar que es una operación con riesgo reputacional, pues no todo el sevillismo ha olvidado el pasado de Ramos —en ocasiones polémico en relación con el Sevilla durante sus años en el Real Madrid— y su figura podría dividir más que unificar. Grupos ultras ya mostraron en el pasado su rechazo hacia el defensa por antiguas tensiones sentimentales con el club. Lo que queda absolutamente claro es que, con independencia de si su oferta concreta prospera o no, Ramos garantiza atención mediática nacional e internacional, algo que ningún fondo o grupo empresarial podría igualar.

¿Una esperanza real o un espejismo?

Así pues, el proceso de venta del Sevilla FC está lejos de resolverse. Al menos a corto plazo. La rebaja en la oferta americana, la persistencia de la Tercera Vía, la movilización del sevillismo y ahora la entrada de Ramos como inversor conforman un cóctel impredecible. Este culebrón no solo se dilatará seguramente en el tiempo, sino que se ha convertido en un símbolo de las tensiones que atraviesan el fútbol moderno: identidad frente a capital, raíces frente a globos de inversión, afición frente a accionistas.

Si Ramos consigue articular una oferta creíble y respaldada —no solo con palabras emotivas— podría convertirse en un catalizador para que el sevillismo recupere voz y peso en la entidad. Si no, su aparición será recordada como un capítulo más de una novela interminable en la que los protagonistas reales siguen siendo números, acciones y balances económicos.

En cualquier caso, 2026 empieza en Nervión con un nombre en boca de todos: Sergio Ramos, el hombre que ha pasado del césped al tablero accionarial del Sevilla FC, con todas las complejidades que ello supone.

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