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Eray Cömert incendia el Ciudad de Valencia con una celebración cargada de polémica

El valencianista cogió un banderín del Levante, puso su camiseta encima y empezó a ondearlo, causando una tangana y lluvia de objetos desde la grada.

El valencianista cogió un banderín del Levante, puso su camiseta encima y empezó a ondearlo, causando una tangana y lluvia de objetos desde la grada.
Cordon Press

Lo que debía ser un triunfo balsámico del Valencia CF sobre el Levante UD en el Estadio Ciudad de Valencia (0-2), en uno de los derbis de la vigésimo cuarta jornada de LaLiga EA Sports, terminó convertido en un episodio lleno de tensiones, reproches y gestos que nadie —ni dentro ni fuera del terreno de juego— esperaba ver en un partido que se presumía eléctrico por la clasificación pero no por provocaciones.

Ganó el Valencia con goles de Largie Ramazani y Umar Sadiq, dos dianas que, en circunstancias normales, habrían bastado para que la afición ché celebrase con moderación un triunfo que le da aire en la tabla y, de paso, empuja al Levante hacia el abismo de la permanencia.

Pero lo que debía ser un gesto de alegría se transformó en un problema de proporciones indeseadas cuando Eray Cömert, central suizo del Valencia, decidió escenificar su festejo de una manera que ha sido interpretada por muchos como claramente provocadora.

El gesto que encendió la mecha

Al finalizar el encuentro en el Ciudad de Valencia, Cömert se dirigió a la banda donde estaba parte de la afición valencianista, tomó un banderín de córner del Levante, colocó su camiseta encima y comenzó a ondearlo, como si con ello pretendiera subrayar la supremacía de su equipo sobre el eterno rival.

La escena, que duró apenas unos segundos, fue interpretada por jugadores, técnicos y aficionados del Levante como una provocación innecesaria, especialmente porque el partido se jugaba en territorio granota, en un estadio que vive sus semanas más duras en LaLiga EA Sports.

Tangana, intercambio de reproches y botellazos

La respuesta no se hizo esperar. Empleados y miembros del cuerpo técnico del Levante se acercaron a recriminar el gesto, mientras que las tensiones se elevaron al punto de originar una tangana entre jugadores de ambos equipos.

Como si la provocación fuera poca, desde las gradas comenzaron a caer botellas y objetos, dirigidos tanto a Cömert como a otros futbolistas que intentaban calmar los ánimos. El central helvético, de 28 años, incluso recibió uno de esos proyectiles, un botellazo que impactó mientras se retiraba hacia los vestuarios, subrayando la pésima imagen que la acción dejó en Orriols.

La violencia verbal y física —aunque menor en intensidad— fue tan palpable que el propio ambiente del estadio, que durante todo el partido había sido hostil hacia ciertos jugadores por motivos extradeportivos, se convirtió en un polvorín imposible de controlar.

Críticas, disculpas y división de opiniones

Tras el altercado, las reacciones oficiales no se hicieron esperar. El capitán del Valencia, César Tárrega, señaló con dureza a Cömert: "Hay que pedir perdón porque no era lo que tocaba. Sabemos dónde estamos, en qué campo y en qué ciudad estamos celebrando".

Estas palabras se suman a las del técnico del Levante, Luís Castro, que lamentó el gesto y recordó que "las personas que no saben ganar o perder no dan nada al fútbol", subrayando que el respeto debe prevalecer incluso en derrotas difíciles.

Fuera del césped, el propio Cömert se vio obligado a emitir un comunicado en redes sociales para pedir disculpas y aclarar que "bajo ninguna circunstancia he pretendido humillar al Levante ni a sus aficionados" y que su acción fue fruto de la emoción de un derbi.

A pesar de todo, el debate no ha terminado: hay quienes consideran el gesto una falta de respeto gratuita y otros que lo ven como una reacción impulsiva de un profesional inmerso en la euforia competitiva. Lo cierto es que, más allá de interpretaciones subjetivas, la escena ha enturbiado una victoria que debía celebrarse con alegría contenida y que ahora pasará a la historia del derbi valenciano por motivos extradeportivos.

En definitiva, la victoria del Valencia por 0-2 acabará siendo recordada no por la calidad de sus goles, sino por una imagen que nadie habría querido protagonizar: un central ondeando un banderín rival con su camiseta por encima, provocando una pelea, botellazos y una cascada de críticas que, más allá de la clasificación liguera, deja un sabor amargo entre todos los implicados.

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