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Wimbledon, un campeonato único: 135 ediciones a caballo de tres siglos

Claves e historia de uno de los torneos más prestigiosos y con más glamour del tenis

Claves e historia de uno de los torneos más prestigiosos y con más glamour del tenis
Federar y Nadal tras la histórica final de 2008 | Archivo

El lunes da comienzo la fase final de la 135ª edición del torneo de Wimbledon, el campeonato de tenis más antiguo del mundo. Wimbledon ocupa, por derecho propio, un lugar pionero en la historia de este deporte, amén de ser considerado por muchos como el más prestigioso de los cuatro grandes torneos que conforman el Grand Slam, junto al Open de Australia, Roland Garros, y el US Open. Esta es hoy la única competición sobre hierba, habiéndose abandonado esa superficie tanto en el torneo de Estados Unidos como en el australiano en 1974 y 1998, respectivamente. En el año 2002, se cambió la superficie de las pistas londinenses para que fueran más longevas y resistentes, pero el tipo de césped elegido, el Perennial Ryegrass (que se recorta 8 milímetros cada día), al alcanzar mayor crecimiento sobre un terreno más seco y firme, hizo que, desde entonces, la pelota rebotase a mayor altura y menor velocidad.

Por vez primera en la historia, Wimbledon ha permitido a los jugadores practicar en las pistas central y número 1, en un intento de evitar lesiones. El año pasado, algunos jugadores se quejaron del peligroso césped resbaladizo que causó una lesión a la 23 veces ganadora de Grand Slams, Serena Williams, que llegó a perder el equilibrio en la primera ronda. La idea es permitir que los jugadores se ejerciten en las canchas de exhibición antes del torneo que comienza mañana, para que el césped esté más desgastado y menos húmedo, y de este modo los tenistas tengan menos probabilidades de sufrir lesiones. Williams no fue la única en lamentarse por las condiciones de la superficie. El dos veces campeón de Wimbledon, Andy Murray, también consideró "extremadamente" resbaladizas las pistas e insistió en que "no era fácil evolucionar en ellas", mientras que el último campeón del torneo, Novak Djokovic, dijo: "No recuerdo haberme caído tantas veces en una cancha". Sin embargo, el All England Club defendió el estado de la hierba: "La preparación de las canchas de césped se ha llevado a cabo exactamente con el mismo nivel de meticulosidad de los años anteriores", puede leerse en un comunicado de la entidad organizadora.

Nos encontramos actualmente en la fase final de las clasificaciones, sobre la verde hierba y bajo el cambiante cielo del afamado barrio de Londres, en la que compiten los tenistas de menor ranking, con el fin de obtener el máximo de puntos posibles y entrar así en el torneo oficial con el resto de competidores de la élite del tenis mundial. En esta fase de la competición han participado 128 jugadores. Mañana lunes, 27 de junio, empieza la primera ronda oficial del cuadro oficial.

Wimbledon, un torneo único

Wimbledon es, sin duda, un torneo especial, un caso aparte en el universo tenístico, no solo por su prestigio y su superficie, sino por toda la parafernalia que rodea al campeonato: la ya mencionada icónica y llamativa hierba verde, y una pista central que se reserva para acoger la final de cada edición, y ciertas particularidades, como el que no sea ninguna federación la que organiza el certamen sino la entidad anfitriona, o que los cabezas de serie sean designados por el propio club, hasta 2019, algo que ha sido criticado, a veces, por plantear dudas acerca de ciertas arbitrariedades posibles.

Además de todo ello, están la obligatoriedad de usar vestimenta blanca, o la rareza de que en la final haya un mayordomo que lleva la impedimenta de cada uno de los contendientes; también llama la atención la ausencia de publicidad en las pistas, o el hecho de que no se muestre ni se mencione el importe de los premios en metálico (los ganadores individuales de este año se llevarán 2,4 millones de euros, por ejemplo), todo ello enmarcado en un reglado protocolo mediante el cual los vencedores reciben la preciada copa de manos de los duques de Kent, que tienen su propio palco en la pista central. La esencia del torneo quizá surja de ese aristocrático distanciamiento respecto a la parte más comercial y profesional que impregna el circuito profesional.

Los hitos de su historia

Todo comenzó en 1875 en Wimbledon, barrio periférico de Londres. Ese año, el All England Croquet Club, que había sido fundado unos años antes por J.H. Walsh y Henry Jones (ambos dirigían la principal revista de ocio del país The Field) quiso brindar a sus socios otro juego, aparte del croquet. Y es que los dos fundadores habían adquirido, por una módica cantidad, los derechos de un nuevo juego de raqueta y pelota, que había inventado hacía poco el Mayor Wingfield.

Los miembros del All England Croquet Club probaron el juego y, paulatinamente, lo fueron modificando. Fue Henry Jones quien estableció las primeras reglas escritas. Había nacido el tenis como deporte. Eso sí, con unas raquetas aún parecidas a las antiguas palmas que se utilizaban en otros juegos de pelota y red desde hacía siglos.

En aquella época, el tenis no era todavía, evidentemente, el deporte tan popularizado de hoy en día, sino más bien una mera afición, un ocio privado para las clases altas. Sin embargo, el All England Club se esforzó por hacer de Wimbledon una verdadera competición para el público.

En julio de 1877, para intentar superar la crisis financiera que sufría el All England Lawn Tennis and Croquet Club nació el primer torneo de Wimbledon, la primera competición de la historia del tenis. Cabe señalar que hasta 1922 el nombre oficial del torneo era Lawn-Tennis Championship. La primera edición, abierta solo para hombres, duró cinco jornadas. Participaron 22 jugadores y asistieron a los diferentes partidos apenas 200 espectadores. La participación fue yendo en aumento los siguientes años y en 1884 se celebró, por fin, el primer torneo femenino de Wimbledon. Fueron dos hermanas las que jugaron la final. Maud y Lilian Watson. La primera ganó por un marcador de 6/8, 6/3, 6/3.

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La primera final de Wimbledon en 1877

Los años pasaron. A medida que el deporte del tenis se fue internacionalizando, la fama y el prestigio de Wimbledon crecieron. A finales del siglo XIX, el torneo era el campeonato de tenis más importante del mundo, a pesar de la creación de otras competiciones internacionales como el Open de Estados Unidos y el campeonato de tierra batida de París (el futuro Roland Garros).

1922: el gran cambio

Tras el paréntesis debido a la Primera Guerra Mundial, Wimbledon se reanudó en 1919. En 1922, el torneo se trasladó a unas instalaciones más grandes, la actual sede en Church Road de Wimbledon, en las afueras de Londres. El 26 de junio de 1922, se inauguró el recinto de Wimbledon. En la década de los felices años 20, el número de espectadores no dejaba de aumentar (en 1932, se contabilizaron 200.000 visitantes), y Wimbledon estaba dominado por el tenis francés, como el resto del tenis mundial. Ya en la década de los 30, los franceses dieron paso a los norteamericanos.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el torneo se reanudó en 1946. Hasta 1967, eran los estadounidenses y los australianos quienes lo dominaban. Al principio, los títulos fueron para los estadounidenses: Jack Kramer, Budge Patty, Tony Trabert, Maureen Connoly y Althea Gibson (la primera mujer negra en ganar Wimbledon en 1957). Entonces llegó el turno de los australianos (Roy Emerson, John Newcombe, Margaret Smith).

En 1973, Wimbledon se enfrentó a una de sus primeras grandes dificultades. El jugador de la entonces República de Yugoslavia, Nikiki Pilic, acababa de ser sancionado por su federación por negarse a jugar un partido de la Copa Davis. La ATP (Asociación de Tenistas Profesionales) decidió protestar y boicotear el inminente evento de la temporada, que resultó ser el torneo de Wimbledon. El resultado fue que 79 jugadores no participaran en la edición de 1973. La organización temió que el público también se sumara al boicot, pero eso era desconocer la naturaleza de la devota afición londinense: casi 400.000 personas acudieron para apoyar el torneo.

Los años 70 y 80 aportaron importantes novedades. Con motivo del centenario del torneo, en 1977, los organizadores decidieron construir el primer museo internacional de la historia del tenis, que acoge a unos 300.000 espectadores cada año y, en 1979, se acometieron reformas en los edificios del complejo deportivo y se elevó el techo del estadio para crear mil asientos suplementarios. Finalmente, en 1981, Wimbledon compró los terrenos vecinos para construir 4 nuevas pistas y un complejo comercial. Wimbledon ocupa desde entonces 17 hectáreas de superficie, la mayor de los torneos del Grand Slam. Las obras se completan finalmente en 1985 con la ampliación de las instalaciones para los medios de comunicación. En 2009 se inauguró la cubierta retráctil, que permite jugar de noche y al amparo de las inclemencias del tiempo.

En la pista, en los años 70 y 80, los suecos y los estadounidenses dominaban el cuadro masculino. El sueco Bjorn Borg ganó 5 finales consecutivas entre 1976 y 1980 (la final de 1980 contra John McEnroe es aún hoy considerada la más espectacular con un tie-break de 34 puntos y un partido en 5 sets de 3h53, y ha merecido los honores de una película en Hollywood); antes de ceder el paso a otro sueco, Stefan Edberg (1988 y 1990) y al estadounidense John McEnroe (1981, 1983, 1984). Pero Wimbledon también vio la victoria de un joven alemán, Boris Becker, el campeón más joven del torneo, con 17 años, en 1985.

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McEnroe y Borg en la final de 1980

En el lado femenino, el dominio fue estadounidense. Martina Navratilova se convirtió en la jugadora más exitosa de Wimbledon con 9 títulos entre 1978 y 1990, y, entre 1982 y 1990, llegó a la final en todas las ocasiones. Nadie pudo parar a Navratilova, excepto Chris Evert (1981), Evonne Goolagong (1980) y la alemana Steffi Graf (1988 y 1989). Esta última fue la reina de Wimbledon en la década de 1990 con 7 títulos.

Antes del año 2000, el estadounidense Pete Sampras hizo de Wimbledon su coto privado. Con 7 títulos, el récord por entonces.

El siglo XXI vio crecer la hegemonía, en la categoría femenina, de las hermanas Serena y Venus Williams, con 7 y 5 trofeos, respectivamente, si bien en los últimos 4 torneos la corona ha cambiado mucho de cabeza: Muguruza, Kerber, Halep y Barty.

Cabe señalar que los últimos tenistas británicos en ganar en la hierba londinense fueron Andy Murray en 2013 (individual masculino) y Virginia Wade en 1977 (individual femenino).

En la categoría masculina, se han turnado trofeos Roger Federer y Novak Djokovic, con 8 y 6 galardones, respectivamente, si bien Rafael Nadal plantó su particular pica en la hierba de Londres, logrando truncar la serie de 5 victorias consecutivas del suizo en 2008. El mallorquín volvería a ganar en Wimbledon en 2010.

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Nadal y Djokovic en las semis de 2018

En este año mágico de 2022 de Nadal (cabeza de serie número 2 por las ausencias de Medvedev y Zverev) y año del jubileo de platino para la Reina Isabel II, tal vez sea una de las últimas ocasiones para el mallorquín de triunfar en la aristocrática pista central, y conseguir así un histórico trío de títulos ingleses. Pero en las canchas londinenses estarán para impedírselo tanto el actual monarca absoluto de Wimbledon, Novak Djokovic (cabeza de serie número 1), como -por qué no- nuestro compatriota y gran revelación de la temporada, al que todos designan ya como serio aspirante a la corona mundial, la nueva estrella emergente del tenis español, Carlos Alcaraz, que parte como 5º cabeza de serie.

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