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XABIER ARZALLUZ

La primera biografía del “Rey sin corona” del País Vasco

Un trabajo de investigación elaborado por los periodistas José Díaz Herrera e Isabel Durán, demuestra que Xabier Arzalluz ha reescrito su propia historia, al igual que la del País Vasco. Una obra polémica que arrojará nuevas luces sobre el contencioso que tiñe el país de sangre desde hace más de treinta años.

L. D.- Desde hace más de 20 años, Arzalluz es el hombre más poderoso y temido del País Vasco. Presidente del EBB, la Asamblea Nacional del PNV, es el único político que actúa como un señor feudal. Sin someterse al dictado de las urnas cada cuatro años, nombra presidentes autonómicos, negocia transferencias, controla el Parlamento y el Gobierno, y con una minoría exigua en la Asamblea legislativa vasca (entre 22 y 25 diputados de 75) impone gobiernos al resto de los partidos desde 1986 y gobierna en más del 75 por ciento de ayuntamientos, diputaciones forales, asambleas territoriales, parlamento vasco y Gobierno de Euskadi.

Xabier Arzalluz Antía nació el 24 de agosto de 1932, día de San Bartolomé. Hijo de Felipe Higinio Arzalluz Eizmendi y de Manuela Antía Alberdi, el día de su nacimiento en su pueblo Azkoitia (Guipúzcoa) se produjeron grandes acontecimientos, entre ellos unas torrenciales lluvias con gran aparato eléctrico que anunciaban la llegada del redentor de los vascos al mundo.

El Rey sin corona del nacionalismo vasco, es hijo de un requeté –el “Tejero” de Azkoitia–, que el 20 de julio de 1936 sublevó el cuartel de la Guardia Civil durante la Guerra. Estuvo preso en Juin Torrea (Azkoitia) hasta el 20 de septiembre en que las tropas del general Emilio Mola tomaron la localidad, uniéndose con 49 años al Alzamiento y siendo necesaria la intervención de Casilda Ampuero (la mujer de Mola) y la de la Cruz Roja para que regresara de la guerra.

En pago a sus servicios en la Cruzada, donde trasladó gran parte de las balas de cañón con las que se bombardeó Peña Lemona y Bilbao, Franco concedió a su padre el privilegio de formar parte de su guardia de honor y le premió con un estanco, privilegio solo permitido a los mutilados de guerra. El estanco se instaló en los bajos de su casa, con una gran bandera de España en la fachada y en los veranos, durante muchos años, se veía a Xabier Arzalluz despachar timbres, tabaco y pólizas en el establecimiento.

Hijo menor de una familia de 12 hermanos, de los que cinco fallecieron poco después de su alumbramiento, el 12 de septiembre de 1943 ingresó en el colegio San José que la compañía de Jesús tiene en Durango (Vizcaya). De allí fue trasladado al colegio apostólico Javier (Navarra) donde acabó el bachillerato siendo destinado al actual hospital psiquiátrico de Oña (Burgos), entonces centro de estudios de la Compañía de Jesús, donde mientras hacía el noviciado se entretenía tocando el Himno Nacional. Por último, de allí fue trasladado a Loyola, donde concluyó el juniorado, con el objetivo de convertirse en hombre al servicio de Dios en la tierra.

La misma senda siguieron cuatro de sus siete hermanos supervivientes (Nemesio, Jorge, Marichu y Primitiva), formando parte de diversas órdenes religiosas, y los otros dos (Victoria y Claudio) cursaron estudios civiles para quedarse al cuidado de sus padres.

Considerado un alumno mediocre por la mayoría de sus compañeros y por la propia Compañía de Jesús, en principio no fue destinado a realizar estudios superiores –para convertirse en un príncipe de la Orden– sino a Zaragoza donde ejerció de maestrillo en el Colegio Jesús María-El Salvador.

Pero Xabier Arzalluz no quería pasar el resto de sus días “confesando beatas ni de portero en una casa de la Compañía de Jesús” y tras presionar a sus superiores (al padre Marina, concretamente) se le permite hacer la carrera de Derecho en la Universidad de Zaragoza, estudios que termina ocho y no tres años después, como afirma su biografía oficial.

A finales de los cincuenta es nombrado subdirector del colegio Mayor Pignatelli, de Zaragoza (de la Compañía de Jesús), donde pocos meses después de marcharse, la brigada político social de San Sebastián organiza una redada y detiene a un grupo de miembros de ETA, uno de los cuales es condenado por propaganda y asociación ilegal.

En la capital del Ebro, Arzalluz entró en contacto también, entre 1961 y 1965, durante algunos periodos cortos de estancia para examinarse de Derecho Procesal 1 y Derecho Procesal 2, con algunos dirigentes terroristas que regresaban de Argel, a donde habían acudido entrenarse militarmente con el Frente de Liberación Nacional argelino, tras la liberación del país africano.

A comienzos de los sesenta la Orden le envía a estudiar Teología al seminario de Santk Georgen (Fránkfort), donde es ordenado sacerdote junto con otros dos españoles (Javier Paricio y José del Rey Fajardo) el 27 de agosto de 1963 y donde entra en contacto con los curas encargados del apostolado a los emigrantes españoles en Fránkfort y Bonn, especialmente con Joaquín Ruíz-Giménez Aguilar (hijo del ex ministro de Franco), Javier Larrauri (hoy en el PNV) y Javier Lacarra, dos curas navarros, encargados de velar por las almas de los 280.000 emigrantes españoles en Alemania.

En esa época todos ellos se conocían por motes. Así Javier Paricio era conocido por El Marqués , porque debido a su porte aristocrático se llevaba a las chicas de calle, (“yo no vuelvo a salir contigo, que las mujeres sólo te miran a ti”, le decía Arzalluz); José del Rey Fajardo, hoy de Rector en una Universidad de Venezuela, era identificado por El Ciudadano . A Arzalluz se le conocía como El Nazi , debido a la intransigencia y el mesianismo con que imponía sus ideas en reuniones salpicadas con partidas de mus, juego al que el ex jesuita es muy aficionado y regadas con licor Frangélico, que duraban hasta las cinco y seis de la mañana. (el propio Arzalluz ha dicho que su bisabuelo, un carpintero de Regíl (Guipúzcoa) ganó al séptimo marqués de Paz la casa familiar, de Azkoitia, en una partida de mus).

Realiza los últimos votos (de obediencia al Papa, lo que le convierte en soldado de Cristo), el 2 de febrero de 1967 y es expulsado de la Compañía de Jesús (tras el correspondiente expediente de secularización y reducción al estado laical, para cubrir las apariencias), el 7 de diciembre de 1970.

Las razones de la expulsión se deben, al parecer, a que desde 1967 Xabier Arzalluz, entonces profesor adjunto de la cátedra de Pablo Lucas Verdú en la Universidad de Deusto, había comenzado a salir con una chica, rompiendo así el voto de celibato que se exige a los sacerdotes.

A finales de los sesenta, Arzalluz pretende dedicarse a la política. Tras la caída de la Democracia Cristiana en Alemania y el ascenso al poder de Willy Brandt, sospecha que el futuro de Europa está en la social-democracia. Por eso, tras pasar unos meses en Deusto, le dice a su amigo Pablo Lucas Verdú que le recomiende al catedrático de Teoría del Estado de Madrid, Carlos Ollero, para formar parte de su cátedra, entonces semillero de socialistas como Raúl Morodo, Enrique Tierno Galván, Francisco Bobillo, José Antonio Maraval, Fernando Morán, Luis Díez del Corral, Pedro de Vega, Julián Santamaría, Enrique Ruíz García o Carmen Ninou Guinot.

La experiencia le resultó nefasta. Aunque se le admitió como profesor en prácticas, debido a su feroz anticomunismo nunca impartió una sola clase de Derecho Político y fue relegado por sus compañeros al seminario de Teoría del Estado y a cuidar a los alumnos para que no copiaran en periodo de exámenes.

En ese periodo, Arzalluz dejó de residir en las casas de la Compañía de Jesús y, en compañía de su primo Basilio, se instaló en el despacho del abogado matrimonialista Ignacio Careaga, situado en el barrio de la Estrella de Madrid. Dormía en una cama plegable, carecía de agua caliente para ducharse y se preparaba el café para el desayuno en un infiernillo. Para sobrevivir traducía libros del alemán e impartía clases de español a los alemanes que pretendían instalarse en Madrid, entre ellos a varios periodistas.

Tampoco terminó su tesis doctoral, a la que dedicó seis años de su vida. Destinada a analizar el periodo de la democracia-cristiana de Bonn, inspirada en la figura del ex colaborador nazi Kurt Georg Kiesinger, un político que tras la Segunda Guerra Mundial llegó a ser canciller de la RFA, acerca de su existencia sólo hay un artículo publicado en la revista de la cátedra de Carlos Ollero de Madrid.

Tras abandonar la sotana, sin acabar el doctorado, Arzalluz imparte Derecho Político en la Universidad de Deusto en dos periodos. Desde el curso 1973-74 al 79-80 y desde 1985-85 hasta el 30 de septiembre de 1999 en que se jubila. Enseña la asignatura en euskera y aunque aprueba a todo el mundo, en el curso 85-86 sólo tiene 37 alumnos, mientras que el otro titular de la asignatura, Beobide (que suspende hasta el 70 por ciento de los alumnos), tiene 347 estudiantes.

A partir de 1992 se cambia el plan de estudios y Derecho Político pasa a ser una asignatura optativa mientras Derecho Constitucional entra dentro de las materias troncales. Para no perder los ingresos que le concede la Universidad, Xabier Arzalluz, uno de los principales enemigos de la Constitución, enseña la Constitución Española aunque, debido a su carácter anárquico, la mayoría de las clases las dedica a hablar de Maquiavelo, de los Borgia, de la influencia de la Iglesia en los estados o de la central nuclear de Lemoniz.

Otra de las grandes mentiras que quedan desveladas en este libro es que su ingreso en el PNV se produjo a finales de 1970 –en el momento en que es secularizado por el Papa– y no en 1968, tras la primavera de Praga y la muerte de Melitón Manzanas, como él suele decir.

Es cierto, en cambio, que se falsificaron los archivos del partido (entonces, en plena clandestinidad, no había grandes ficheros) y se hizo constar su pertenecía al PNV en 1968 para que pudiera optar a cargos dentro del Partido Nacionalista, ya que los estatutos obligaban a pertenecer a la organización entre dos y cuatro años (según el puesto al que se optara), para ostentar cargos dentro del mismo.

Entre 1968 y 1970, tras ser rechazado por los socialdemócratas de la Universidad Complutense de Madrid, Arzalluz estuvo basculando entre el PNV y ETA. Así, según ha recocido el propio Arzalluz, en ese periodo se entrevista en París y Bruselas con el ex miembro de ETA José Luis Alvarez Emparanza, Txillardegui , con el fin de crear un frente común de los nacionalistas euskaldunes y luchar por la independencia del País Vasco. Posteriormente, durante el Consejo de Guerra de Burgos de diciembre de 1970, se entrevista en un piso de Getxo con tres militantes de ETA berri (el sector marxista lenninista de la organización) y pide el ingreso en la banda armada. Se le niega cuando él mismo reconoce que en la primavera de 1968 había acudido a la embajada de la URSS en la RFA a tirar tomates y huevos contra la fachada del edificio por la invasión de Praga por los tanques rusos.

Sin embargo, la teoría del “frente común” ha sido una constante en la estrategia política de Arzalluz y del PNV. En 1978, mientras negocia la Constitución en Madrid, el PNV se reúne con ETA en Chiberta (Francia) para constituir un frente de partidos antiespañoles . En 1979, al tiempo que pactan el Estatuto de Gernika en el Congreso de los Diputados, Arzalluz se entrevista cuatro veces en Francia con ETA. “Cámbiate de trinchera y ganamos todos”, le sugiere entonces Eugenio Echeveste, el líder político de ETA.

El doble juego queda patente en 1981, cuando Arzalluz se entrevista en tres ocasiones con ETA, y ese mismo año, según cuenta el presidente del Gobierno Leopoldo Calvo Sotelo a los autores del libro, le dice en tres ocasiones en el Palacio de La Moncloa que “ayer estuvo con la plana mayor de ETA”, lo que éste interpreta como una amenaza y está a punto de mandar a detenerle.

Los contactos con los terroristas son una constante en su vida política. En 1983 vuelve a entrevistarse con ETA para exigirle que dejen de cobrar el “impuesto revolucionario” a los militantes del PNV. A este encuentro acude en compañía del consejero del Interior del Gobierno Vasco, Luis María Retolaza.

Algunas de las gestiones con ETA se hacen incluso desde el palacio de Ajuria Enea, hecho del que el ministro del Interior José Barrionuevo tiene conocimiento por un informe que le remite el enlace policial español en Bruselas (Bélgica).

En 1986, Arzalluz presiona a los gobiernos español y francés para que no se deporte a Gabón al dirigente de ETA Domingo Iturbe Abasolo, al que conoce desde 1989, y al que el PNV ha elegido como interlocutor para una salida pactada al conflicto vasco.

En 1989, el PNV rompe las “negociaciones de Argel” presionando al PSOE, ya que los “beneficios políticos” de aquellos encuentros van a ser capitalizados por HB y los hombres de Arzalluz no quieren ceder cuotas de poder al brazo político de ETA militar.

En 1992, tras la caída de la cúpula de ETA en Bidart y cuando los terroristas están a punto de tirar la toalla acosados por el Pacto de Ajuria Enea y la acción policial, Arzalluz se entrevista con dirigentes de HB y autoriza que se cambie el trazado de la autovía de Leizarán (pactado por todas las instituciones y fuerzas políticas del país, incluido el PNV). El acuerdo es un balón de oxígeno a los terroristas, que ese año inician una nueva campaña de asesinados y salen reforzados.

El cambio de Leizarán supone, además, la ruptura del pacto de Ajuria Enea y de la unidad de los partidos constitucionalistas. Entre el medio centenar de documentos inéditos de ETA revelados, el libro “Arzalluz, la dictadura del miedo” se incluye un análisis interno de ETA en el que propone “atraer al PNV a la órbita de ETA” y recoge, punto por punto, lo ocurrido en 1998, es decir cinco años después, en el pacto de Estella, lo que demuestra que la banda terrorista dirige desde entonces la estrategia del “frente común” nacionalista, la exclusión de los partidos constitucionales y la política de desobediencia civil puesta en práctica por HB, PNV y EA entre 1998 y 2001.

Y es que el papa negro del nacionalismo, admirador del canciller alemán Hemult Kohl, el hombre que tras la caída del Muro de Berlín reunificó a las dos alemanias acogiendo en el mismo seno a los descarriados comunistas de Alemania del Este, quiere aplicar en Euskadi la misma teoría. Arzalluz sostiene que HB, Jarrai (ahora Haika), ETA y todo el conglomerado de los “chicos de la gasolina” y de las bombas son, al fin y al cabo, personas extraviadas del árbol común del PNV.

En lugar de detenerles y encarcelarles por sus fechorías, es preciso atraerles al redil del Partido nacionalista, la trinchera desde la que espera alcanzar la independencia, aunque sea con un 51 por ciento de los votos, tal y como hace un año Xabier Arzalluz le contó a su hermana Victoria, una viuda residente en San Sebastián, y ésta relató a los autores del libro.

Por eso, su partido jamás ha pretendido acabar con el terrorismo y, a pesar de declararse enemigo de la violencia, sus adversarios afirman que tiene las manos manchadas de sangre al imponer la negociación del Estatuto bajo chantaje terrorista. Durante años se pensó en él como la solución al nebuloso “contencioso vasco”; hoy nadie duda que es el principal problema.

Informe elaborado con extractos del libro remitidos por los propios autores

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