L. D. / Agencias.-
El explosivo que causaba la muerte a una mujer, heridas graves en la cara a un niño de 16 meses y leves a su hermano de cuatro años en San Sebastián, se encontraba oculto en un coche de juguete. Era pólvora prensada, según fuentes policiales. El juguete no era mucho más grande que un teléfono móvil. La consejería de Interior, en una nota, explicaba que el explosivo estaba listo para activarse cuando se activara de nuevo el mecanismo del juguete.
El sábado por la tarde, alguien dejó abandonados en la puerta del bar Txioka, en la Parte Vieja de San Sebastián, dos juguetes: un cochecito y un muñeco con forma de jirafa. Los propietarios del establecimiento los recogieron y, este lunes, después de que nadie los reclamara, se los dieron a sus hijos. Ambos pequeños, de 16 meses y 4 años, junto a su madre, su abuela y una tía montaron en un coche Opel Corsa blanco en el que circulaban por la calle Aldamar de la Parte Vieja de la capital donostiarra cuando, sobre las once menos cuarto de la mañana, explotó el coche de juguete.
La mujer fallecida es Francisca Araunzetamurgil Alkorta, de 62 años de edad. Murió cuando manipulaba el juguete con la boca, según Europa Press. Al parecer, la mujer intentaba activar el mecanismo del coche. Según confirmó la consejería de Interior del Gobierno vasco, una esquirla del cilindro que contenía la pólvora fue la que causó su muerte, al clavársele en el cuello tras la explosión.
A consecuencia de la deflagración, el niño más pequeño sufrió heridas muy graves en la cara, por lo que fue trasladado por un particular al Hospital Donostia. Su hermano, de cuatro años, fue atendido en el lugar de los hechos de heridas leves y varios cortes, aunque no fue necesario evacuarlo a ningún centro hospitalario, mientas que su madre y su tía resultaron ilesas, según precisó el departamento vasco de Interior.
El niño herido sufre una fractura en la cabeza, con pérdida de masa encefálica y hemorragia cerebral, además de estallido de ambos globos oculares. Según el parte médico facilitado por el gerente del Hospital Donostia, el doctor Juan José Múgica, el pequeño esta siendo intervenido quirúrgicamente y su pronóstico es "muy grave". El parte indica que el niño presenta "múltiples lesiones post-traumáticas con estallido de ambos globos oculares, presencia de cuerpos extraños en tejidos blandos de la cara, fractura de hueso frontal izquierdo con salida de masa encefálica, hemorragia cerebral y presencia de objetos metálicos que dañan el parenquiano cerebral".
Después de que el juez de guardia diera orden de retirar el cadáver de la mujer fallecida, agentes de la Ertzaintza hacían una primera inspección ocular y no hallaban restos de explosivo en el interior del coche. Poco después, la noticia de que el coche era un juguete de automodelismo surgía desde fuentes de la investigación. Sin embargo, y en declaraciones a la agencia "Vasco Press", un profesional del sector de los coches teledirigidos afirmaba que estos vehículos tienen un depósito de combustible (metanol) que “no explota, sino que arde”. Reconocía asimismo que lo único que puede explotar son las baterías “por un cortocircuito”.
Pese a que la Consejería de Interior del Gobierno vasco no descartaba ninguna hipótesis, horas más tarde se confirmaba, de fuentes policiales, que el juguete era un cochecito más pequeño que un teléfono móvil. Por tanto, no se trataba de un vehículo de automodelismo que hubiera explotado fortuitamente, sino de algo más grave: un cochecito manipulado para que se activara una pequeña carga explosiva al conectar su circuito para ponerlo en marcha.
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El sábado por la tarde, alguien dejó abandonados en la puerta del bar Txioka, en la Parte Vieja de San Sebastián, dos juguetes: un cochecito y un muñeco con forma de jirafa. Los propietarios del establecimiento los recogieron y, este lunes, después de que nadie los reclamara, se los dieron a sus hijos. Ambos pequeños, de 16 meses y 4 años, junto a su madre, su abuela y una tía montaron en un coche Opel Corsa blanco en el que circulaban por la calle Aldamar de la Parte Vieja de la capital donostiarra cuando, sobre las once menos cuarto de la mañana, explotó el coche de juguete.
La mujer fallecida es Francisca Araunzetamurgil Alkorta, de 62 años de edad. Murió cuando manipulaba el juguete con la boca, según Europa Press. Al parecer, la mujer intentaba activar el mecanismo del coche. Según confirmó la consejería de Interior del Gobierno vasco, una esquirla del cilindro que contenía la pólvora fue la que causó su muerte, al clavársele en el cuello tras la explosión.
A consecuencia de la deflagración, el niño más pequeño sufrió heridas muy graves en la cara, por lo que fue trasladado por un particular al Hospital Donostia. Su hermano, de cuatro años, fue atendido en el lugar de los hechos de heridas leves y varios cortes, aunque no fue necesario evacuarlo a ningún centro hospitalario, mientas que su madre y su tía resultaron ilesas, según precisó el departamento vasco de Interior.
El niño herido sufre una fractura en la cabeza, con pérdida de masa encefálica y hemorragia cerebral, además de estallido de ambos globos oculares. Según el parte médico facilitado por el gerente del Hospital Donostia, el doctor Juan José Múgica, el pequeño esta siendo intervenido quirúrgicamente y su pronóstico es "muy grave". El parte indica que el niño presenta "múltiples lesiones post-traumáticas con estallido de ambos globos oculares, presencia de cuerpos extraños en tejidos blandos de la cara, fractura de hueso frontal izquierdo con salida de masa encefálica, hemorragia cerebral y presencia de objetos metálicos que dañan el parenquiano cerebral".
Después de que el juez de guardia diera orden de retirar el cadáver de la mujer fallecida, agentes de la Ertzaintza hacían una primera inspección ocular y no hallaban restos de explosivo en el interior del coche. Poco después, la noticia de que el coche era un juguete de automodelismo surgía desde fuentes de la investigación. Sin embargo, y en declaraciones a la agencia "Vasco Press", un profesional del sector de los coches teledirigidos afirmaba que estos vehículos tienen un depósito de combustible (metanol) que “no explota, sino que arde”. Reconocía asimismo que lo único que puede explotar son las baterías “por un cortocircuito”.
Pese a que la Consejería de Interior del Gobierno vasco no descartaba ninguna hipótesis, horas más tarde se confirmaba, de fuentes policiales, que el juguete era un cochecito más pequeño que un teléfono móvil. Por tanto, no se trataba de un vehículo de automodelismo que hubiera explotado fortuitamente, sino de algo más grave: un cochecito manipulado para que se activara una pequeña carga explosiva al conectar su circuito para ponerlo en marcha.
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