L. D. / EP.-
Así, la publicación que se edita en la localidad francesa de Bayona y en la que se esconde Pepe Rei como articulista (en realidad la dirige), contiene en su número actual un amplio informe bajo el epígrafe "Poder y corrupción" en el que asegura que "la seguridad privada es uno de los negocios más rentables del PP y del PNV", y cifra en más de 3.000 el número de escoltas que protegen a 466 concejales del PP y PSOE y a los 544 de UPN en Navarra, además de ser "la sombra de 164 junteros y parlamentarios de esos partidos y de algunos de sus funcionarios y cargos interinos".
La caterva de enemigos de lo vasco. Empresarios, jueces y periodistas
Asimismo, añade que al citado número de "guardaespaldas" se agregan los que se encargan de la seguridad de destacados miembros del PNV, así como "de empresarios, jueces y periodistas, intelectuales, profesores de universidades que se han sumado a la caterva de tertulianos y oradores beligerantes con todo lo vasco", señala el artículo.
El artículo de "Kale Gorria" también dedica a las empresas de seguridad privada varias páginas en las que cita a las más importantes así como sus cifras de negocio, sus orígenes y principales promotores. A su vez, se refiere a las recientes partidas del Gobierno vasco y del Ministerio del Interior destinadas a contratar seguridad privada, "1.800 y 2.515 millones de pesetas" respectivamente, y añade que "la población vasca sufre la mayor densidad policial de Europa".
Por otra parte, el artículo recoge que "la derecha española se percató pronto que la liberalización del sector de la seguridad en los últimos años del franquismo le podía dar muchos dividendos" y que los entonces ministros López Rodó y Martín Villa "se encargaron de allanar ese camino". "UCD primero, AP después y el PP por herencia tejieron una amplísima red de empresas de seguridad que en la actualidad mantiene a los populares como máximos mandamases del sector, pero no los únicos".
Dando nombres a ETA
"EL PNV" --se agrega otro párrafo-- no quiso quedarse a la zaga. Advertidos por conocidos empresarios vinculados al nacionalismo conservador, los "jeltzales" se dieron cuenta de que también ellos podían participar en el negocio". Además de denunciar la compra de armamento para una unidad de la Ertzaintza a una empresa de seguridad de un industrial peneuvista en lugar de que lo hiciera la Consejería de Interior del Gobierno vasco como es preceptivo, "Kale Gorria" señala que "en 1998 cuando el debate de la contratación de escoltas privados adquirió su punto más álgido varios empresarios afines al PNV que controlaban empresas vinculadas al partido decidieron hacerse con más partes del pastel", y según la publicación, que cita sus nombres, se dan casos de socios peneuvistas de empresas de seguridad dedicadas a escoltar a cargos del PP.
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La caterva de enemigos de lo vasco. Empresarios, jueces y periodistas
Asimismo, añade que al citado número de "guardaespaldas" se agregan los que se encargan de la seguridad de destacados miembros del PNV, así como "de empresarios, jueces y periodistas, intelectuales, profesores de universidades que se han sumado a la caterva de tertulianos y oradores beligerantes con todo lo vasco", señala el artículo.
El artículo de "Kale Gorria" también dedica a las empresas de seguridad privada varias páginas en las que cita a las más importantes así como sus cifras de negocio, sus orígenes y principales promotores. A su vez, se refiere a las recientes partidas del Gobierno vasco y del Ministerio del Interior destinadas a contratar seguridad privada, "1.800 y 2.515 millones de pesetas" respectivamente, y añade que "la población vasca sufre la mayor densidad policial de Europa".
Por otra parte, el artículo recoge que "la derecha española se percató pronto que la liberalización del sector de la seguridad en los últimos años del franquismo le podía dar muchos dividendos" y que los entonces ministros López Rodó y Martín Villa "se encargaron de allanar ese camino". "UCD primero, AP después y el PP por herencia tejieron una amplísima red de empresas de seguridad que en la actualidad mantiene a los populares como máximos mandamases del sector, pero no los únicos".
Dando nombres a ETA
"EL PNV" --se agrega otro párrafo-- no quiso quedarse a la zaga. Advertidos por conocidos empresarios vinculados al nacionalismo conservador, los "jeltzales" se dieron cuenta de que también ellos podían participar en el negocio". Además de denunciar la compra de armamento para una unidad de la Ertzaintza a una empresa de seguridad de un industrial peneuvista en lugar de que lo hiciera la Consejería de Interior del Gobierno vasco como es preceptivo, "Kale Gorria" señala que "en 1998 cuando el debate de la contratación de escoltas privados adquirió su punto más álgido varios empresarios afines al PNV que controlaban empresas vinculadas al partido decidieron hacerse con más partes del pastel", y según la publicación, que cita sus nombres, se dan casos de socios peneuvistas de empresas de seguridad dedicadas a escoltar a cargos del PP.
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