L D (EFE)
Así lo relató el propio guardia urbano de Barcelona que intervino en la detención, en su declaración en el juicio a Krutxaga y a otros dos supuestos integrantes del “comando Barcelona” —Lierni Armendariz y Fernando García Jodrá— que este jueves quedó visto para sentencia después de que el fiscal Javier Balaguer mantuviera su petición de 54 años de cárcel para cada uno de ellos por el asesinato del ex ministro socialista Ernest Lluch en noviembre de 2000.
Según los agentes, Krutxaga y Armendariz fueron identificados en Barcelona dentro de un vehículo que a los guardias les pareció sospechoso porque las matrículas estaban “torcidas” y porque cuando avisaron a Krutxaga para que cerrara la puerta que parecía abierta, vieron que éste no sabía manejar la manivela, por lo que dedujeron que el coche podía ser robado. Una vez que Krutxaga estuvo fuera del coche, los agentes le pidieron la documentación, para lo que volvió a entrar, momento en el que éstos vieron cómo Armendariz le decía algo y Krutxaga se llevaba la mano a la espalda, por lo que uno de los agentes le encañonó. En un primer momento, dijeron que eran policías, después que guardias civiles, hasta que finalmente admitieron que pertenecían a ETA.
Los dos iban armados y, según los guardias, Armendariz trataba de destruir unos documentos manuscritos que tenía en la mano y donde había “números de matrículas y posibles objetivos” y ésta admitió ante la pregunta de uno de los agentes que el coche estaba “cargado (de explosivos), pero no preparado”. En el interior de su bolso los guardias encontraron un detonador y un escáner para barrer frecuencias policiales y ella en ese momento tenía puesto un auricular.
Tras la declaración de los testigos, el fiscal elevó a definitivas sus conclusiones provisionales al considerar a los tres presuntos integrantes del “comando Barcelona” responsables del asesinato de Lluch, basándose, entre otros aspectos, en que la pistola que se ocupó a Krutxaga fue con la que los terroristas dispararon contra Lluch en el aparcamiento de su casa en Barcelona.
Según los agentes, Krutxaga y Armendariz fueron identificados en Barcelona dentro de un vehículo que a los guardias les pareció sospechoso porque las matrículas estaban “torcidas” y porque cuando avisaron a Krutxaga para que cerrara la puerta que parecía abierta, vieron que éste no sabía manejar la manivela, por lo que dedujeron que el coche podía ser robado. Una vez que Krutxaga estuvo fuera del coche, los agentes le pidieron la documentación, para lo que volvió a entrar, momento en el que éstos vieron cómo Armendariz le decía algo y Krutxaga se llevaba la mano a la espalda, por lo que uno de los agentes le encañonó. En un primer momento, dijeron que eran policías, después que guardias civiles, hasta que finalmente admitieron que pertenecían a ETA.
Los dos iban armados y, según los guardias, Armendariz trataba de destruir unos documentos manuscritos que tenía en la mano y donde había “números de matrículas y posibles objetivos” y ésta admitió ante la pregunta de uno de los agentes que el coche estaba “cargado (de explosivos), pero no preparado”. En el interior de su bolso los guardias encontraron un detonador y un escáner para barrer frecuencias policiales y ella en ese momento tenía puesto un auricular.
Tras la declaración de los testigos, el fiscal elevó a definitivas sus conclusiones provisionales al considerar a los tres presuntos integrantes del “comando Barcelona” responsables del asesinato de Lluch, basándose, entre otros aspectos, en que la pistola que se ocupó a Krutxaga fue con la que los terroristas dispararon contra Lluch en el aparcamiento de su casa en Barcelona.
