Todos los diarios, excepto ABC, abordan las nuevas reformas del Código Penal que Aznar propone para combatir la delincuencia. El País y La Vanguardia, que ayer no lo hicieron, se centran más en las medidas anunciadas el domingo, entre las que figura la expulsión de España de los inmigrantes ilegales que cometan pequeños delitos.
El Mundo y La Razón abordan, por su parte, el anuncio de ayer de Aznar de que a partir de ahora la acumulación de cinco faltas se castigará como delito. Estos últimos diarios vuelven a dar un decidido respaldo a esta última medida que tiene por objetivo penalizar la reincidencia y acabar con la impunidad de los pequeños delitos que ahora estaban tipificados como faltas y que no tenían para el delincuente más coste que el de tener que pasar por la comisaría.
La Vanguardia da en su editorial un claro respaldo “al aumento de penas a los traficantes de extranjeros, la explotación sexual de estos o la comisión de practicas bárbaras, como la ablación del clítoris, que será considerada un delito de lesiones, lo que ahora no ocurre”. Este diario, sin embargo, se hace eco de algunas objeciones como las presentadas a la decisión de expulsión de los inmigrantes ilegales.
El País, finalmente, se limita a considerar “razonables” algunas de las medidas contra la reincidencia del delito, pero para endosar el mérito a la oposición —“que fue la que hace un año sorprendió al Gobierno situando este tema entre sus prioridades sociales”— en detrimento del Gobierno, “que reaccionó negando los datos y estableciendo más tarde una relación casi automática entre el aumento de la delincuencia y la inmigración”.
El País ahora, sin embargo, reconoce que “ignorar las conexiones entre inmigración irregular y ciertas formas de delincuencia sería irresponsable pero establecer una vinculación casi monocausal es demagógico”. En este sentido, muestra su rechazo a “la expulsión de inmigrantes sin papeles acusados de delitos con penas inferiores a seis años porque plantea serios problemas jurídicos y morales. Pero el Gobierno lo único que le importa es sacárselos de encima”.
También critica El País el supuesto “tono agresivo empleado ayer por Aznar respecto a la oposición, a la que acusó de demagogia, juego sucio y de alegrarse por desastres y accidentes”. Lo cierto es que Aznar hizo público su deseo de lograr un consenso en esta cuestión, sin considerarlo, no obstante, una condición sine qua non para que el Gobierno apruebe estas reformas.
La critica airada de Aznar hacía, por el contrario, referencia al papel de la oposición en otras cuestiones. El País, aunque mezcla todo, no tiene más remedio que admitir que la barbaridad a la que se refería Aznar es esa que han cometido algunos socialistas al relacionar "un accidente de tren con el déficit cero". Este diario se limita a reconocer que es una “salida de tono”, pero "nada comparable a las de Aznar cuando acusaba al Gobierno socialista de los atentados de ETA por el mal uso de los fondos reservados”.
Empezaremos por aquí la crítica a este útimo y bochornoso editorial. En primer lugar, Aznar jamás “acusó al Gobierno socialista de los atentados de ETA por el mal uso de los fondos reservados”. Lo que hizo —y bien— es señalar que ese robo y esa dilapidación de los fondos reservados, además de una apropiación indebida, suponía un debilitamiento de los recursos para combatir a ETA. Y eso, siendo cierto y gravísimo, es completamente distinto de acusar a los socialistas de los atentados. Lo que no es una mera “salida de tono” sino una autentica barbaridad —que justifica plenamente la protesta de Aznar— es que los socialistas relacionen un accidente de tren con el deseo del Gobierno de no gastar más de lo que ingresa.
Pero volvamos a la cuestión de fondo de la delincuencia. Es cierto que el PSOE hizo durante un tiempo suya las quejas ciudadanas por el aumento de la inseguridad ciudadana. De hecho fue Prisa, en general, y El País, en particular, el que más animó con editoriales, reportajes y datos a los socialistas para que hicieran suya esa bandera. Es cierto también que esta denuncia pilló al Gobierno con el pie cambiado y que, al principio, quiso hacer el avestruz ante ella.
Pero esto es lo único cierto que dice hoy el editorial de este diario. Porque la verdad es que su propia campaña contra la inseguridad ciudadana hizo que el PSOE desenfocara la cuestión al culpar del auge de la delincuencia a una supuesta falta de gasto público en policía, cuando el principal problema estaba, y está, en la lenidad de nuestras leyes y en nuestra deficiente administración de Justicia. Para una vez que los socialistas y El País denunciaron con acierto un problema, lo echaron a perder por las soluciones propuestas.
Ni el diario ni el partido de Prisa defendieron en ningún momento cambios en el tratamiento penal de la delincuencia. Y es evidente que los cambios requeridos hacían también especial referencia a la delincuencia practicada por los inmigrantes ilegales. El País dice ahora que es “irresponsable negar las conexiones” entre ambas cuestiones, pero eso es, de hecho, lo que sistemáticamente ha venido haciendo y, en buena medida, sigue haciendo.
Para salvar la cara dice hoy su editorial que también es “demagógico” plantear una “vinculación monocausal”, pero lo cierto es que nadie ha mantenido que la interrelación sea de este tipo. Prueba de ello es que muchas medidas propuestas por el Gobierno no tienen como destinatario exclusivo a los inmigrantes irregulares. Lo que no se puede seguir negando es que el aumento de la inmigración ilegal ha provocado un aumento de la inseguridad ciudadana. Algo, por otra parte, totalmente lógico, pues la clandestinidad a la que le fuerza su irregular entrada aboca a estas personas más que a otras a la comisión del delito.
Respecto a lo de la expulsión de inmigrantes sin papeles acusados de cometer delitos penados con menos de seis años de cárcel, El País considera que es muestra de la “demagogia” del Gobierno y de su “vinculación monocausal” entre delincuencia e inmigración irregular, lo que muestra que este diario sigue instalado en esa “irresponsabilidad” de la que dice ahora abjurar. Y es que su editorial falsea la cuestión al plantearla como una supuesta vulneración de la presunción de inocencia. En realidad, es justo, lo contrario: Expulsando al acusado de esos delitos se le va a tratar de la misma forma que a cualquier otro inmigrante sin papeles. Un inmigrante que no haya cometido otra ilegalidad que su entrada irregular a nuestro país podía ser inmediatamente expulsado. Lo absurdo es que, hasta ahora, la única forma que hayan tenido los irregulares para abortar esa expulsión es cometiendo un delito. La falta de severidad de la pena y la dilación judicial hacía más atractivo cometerlo.
La única advertencia que cabe hacer al Gobierno es señalar que el precio de la expulsión para la inmigración irregular no debe ser el mismo para los que hayan o no cometido delitos añadidos al de su entrada ilegal en nuestro país. Pero, desde luego, la situación hasta ahora era peor aun, pues el que cometía un delito “menor” ni entraba en prisión ni era expulsado.
El resquemor de El País ante estas necesarias y electoralistas iniciativas del Gobierno se comprende. Lanzó la campaña contra la delincuencia para desgastar al PP y ahora observa que se ha convertido en un bumerán. La delincuencia no sólo no va a desgastar al Gobierno sino que puede beneficiarle electoralmente. Ya era hora de que los “complejitos progres” tambien pasaran factura a la izquierda.
Otros asuntos tratados. El principal titular de La Razón y La Vanguardia hacen referencia a la catástrofe del Prestige: El primero para informar de que “Manos limpias” denuncia a “Nunca máis” por estafa ante la Fiscalía General del Estado, mientras que La Vanguardia señala que “Rajoy envía a Francia la flota antifuel catalana”. El resto de portadas tambien hacen referencia al caso del Prestige, para informar de que el PSOE y BNG abandonan la comisión de investigación ante los vetos del Gobierno.
Todas las portadas hacen también referencia destacada a la situación del Irak. El Mundo y La Vanguardia hacen referencia al severo alegato del Papa contra la guerra, mientras que ABC, La Razón y El País señalan que Bush y Blair están dispuestos a dar más tiempo a las inspecciones de la ONU.
Varios diarios señalan en sus portadas y dedican un editorial al Plan contra el tabaquismo que prohibirá fumar en el trabajo a partir de 2007.
En las portadas de ABC, La Razón y El País se hace referencia a las relaciones con Marruecos: La Razón asegura que “Rabat chantajea a España con el Sahara para devolver el embajador, ABC publica una entrevista a Ramón Gil-Casares en la que el secretario de Estado de Asuntos Exteriores asegura que el Sahara no tiene porqué enturbiar la relación con Marruecos. El País se limita a decir que “Ana Palacio quiere ver al ministro de Exteriores marroquí en Rabat el día 30”.
El Mundo asegura a dos columnas que “las autonomías socialistas acuerdan autorizar que se investigue con células madre”.
Finalmente, la foto del día en todas las portadas está dedicada al portero del Deportivo de La Coruña que ayer anunció su vuelta a los entrenamientos, tres meses después de su retirada a causa de un tumor testicular maligno.

El País y el bumerán de la delincuencia
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