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Nadie llamará al móvil de Rivera

El presidente de Ciudadanos no será decisivo para formar Gobierno, ni siquiera para apuntalar una gran coalición.

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Nadie llamará al móvil de Rivera
Albert Rivera,en su comparecencia tras conocer los resultados | EFE

Lo dijo un alto dirigente de Ciudadanos el antepenúltimo día de la campaña electoral, camino de Bilbao: "Ahora mismo estamos en el pelotón y hay escapados por delante, para ganarles tendría que pasar algo". Una afirmación que daba por hecho que, como ha ocurrido finalmente, el partido naranja sería la cuarta fuerza política del nuevo Congreso, lejos de las aspiraciones del inicio de la campaña, en la que en privado se hablaba de hasta 100 escaños que ni el segundo partido ha conseguido y, en público, de pelear por la victoria con Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. Particularmente mala es en el entorno más próximo de Rivera la opinión sobre el secretario general del PSOE, al que el candidato centrista ha logrado superar por un escaño en Madrid. El color naranja, sin embargo, no ha logrado imponerse al rojo ni en Cataluña, como lo hizo en las autonómicas de septiembre, ni en Valencia, donde en la capital superó al PSOE en las municipales de mayo. Especialmente decepcionante es el resultado en las circunscripciones catalanas, donde sólo tres meses después de hacer historia con el 18% de los votos obtenidos por Inés Arrimadas, la formación nacida en esa autonomía hace una década logra el 13% y queda como quinta fuerza, con el PP siguiéndole muy de cerca.

Rivera será, por tanto, y siendo fieles a la metáfora ciclista abonada por su entorno, el corredor con más equipo de un pelotón parlamentario que verá a distancia a los destacados en cabeza PP, PSOE y Podemos con toda su amalgama de partidos aliados. Pero quizá lo más frustrante para Ciudadanos es que sus cuarenta diputados no serán decisivos para la formación de un nuevo Gobierno. Su apoyo no le sirve ni a Rajoy, ni a Sánchez, ni a ambos en la hipótesis de un pacto de Estado para dar estabilidad.

Así las cosas, puestos los pies en la tierra y siendo como es indiscutido e indiscutible el liderazgo de Rivera, el partido naranja se enfrenta, como ya confesaban en los últimos días de campaña personas de la cúpula, al reto de construir un grupo parlamentario sólido en el que cohabitarán personas con experiencia y de la confianza de Rivera como José Manuel Villegas, Juan Carlos Girauta, Luis Salvador, Toni Cantó o Francisco de la Torre con otros candidatos que, o no han dado la talla en campaña o le han creado incluso más de un problema a Rivera.

Del resultado de ese trabajo dependerá en buena medida el futuro de Ciudadanos como partido que, en las próximas elecciones, sí pueda aspirar a liderar un cambio. Baste decir que, después de Rivera, la gran protagonista de la campaña ha sido Inés Arrimadas, que ni siquiera era candidata. La líder de la oposición en Cataluña se ha consolidado como la auténtica número dos política y, dado su peso específico a nivel institucional, es una persona muy a tener en cuenta en el futuro de la formación, que a principios de año afronta un congreso extraordinario, el primero desde que Ciudadanos tiene tamaño nacional.

Los errores de campaña

En la cúpula naranja no hay una versión única del balance del resultado y de la campaña. Mientras algunos de los más próximos a Rivera se limitan a decir que no tuvieron en cuenta la penalización del sistema electoral hacia los terceros y cuartos partidos, otros asumen que la estructura de la formación es aún deficiente, que se llegó a la campaña habiendo sacado ya todos los conejos de la chistera en las distintas presentaciones económicas en 2015 y, el asunto seguramente más peliagudo, que se falló en los debates.

La reivindicación de ellos, en todos los formatos, fue el asunto monográfico de varias intervenciones de Rivera después de reuniones de la Ejecutiva en las semanas previas a la campaña. El líder naranja se mostró retador pidiendo incluso enfrentarse cara a cara con Rajoy y Sánchez, quien rechazó el duelo ofrecido por Atresmedia. Sin embargo, su actuación no estuvo a la altura de lo esperado, como tampoco la de una de sus grandes apuestas, la número tres por Madrid, Marta Rivera de la Cruz, en un debate a nueve en TVE.

La acusación por parte de diversos medios, e incluso por el PP, de ser una formación machista por su propuesta de agravar de la misma manera las penas por violencia contra la mujer que las que se deriven de otro tipo de actuaciones violentas entre parejas homosexuales o entre padres e hijos ha sido una auténtica piedra en el zapato de Rivera durante toda la campaña. Prácticamente no ha habido comparecencia ante los medios en la que no se haya dedicado unos minutos a esa cuestión, en la que el líder centrista ha aparecido siempre como un político a la defensiva. En la cúpula naranja admiten que el redactado del programa era confuso y que es algo que les ha hecho mucho daño en las urnas.

Lo cierto es que en casi ningún momento de la campaña Rivera, que después de las diversas elecciones autonómicas y municipales celebradas en 2015 ha sido el gran actor político nacional, por encima incluso de Pablo Iglesias, logró llevar la iniciativa. La excepción llegó, de manera apresurada, el último día. En un desayuno informativo en Barcelona soltó la bomba que cambiaba toda su estrategia anterior: señaló a Podemos como amenaza para España sólo cuatro días después de haber compadreado con su líder en un plató de televisión y, consecuentemente, anunció que se abstendría para facilitar que PP o PSOE gobernasen si eran los más votados. Algunos de sus colaboradores presentes en el desayuno se acababan de enterar de ese giro copernicano, al que Rivera dedicó todo su énfasis en las últimas horas de una campaña que terminó en Madrid con el mismo decepcionante aforo que en casi todos los mítines de campaña, excepción hecha del llenazo en el acto central de Vistalegre. Ante unas mil personas en la Plaza de Santa Ana -Alberto Garzón era escuchado en ese momento en la vecina Getafe por un auditorio cuatro veces superior- Rivera presumió de ser el único que había dicho lo que iba a hacer con su voto. Puede que a cuarenta y ocho horas de que se abrieran los colegios electorales muchos votantes o ni se enterasen o la considerasen una explicación algo tardía.

Que el PSOE "no bloquee la legislatura"

Tras la reunión de la Ejecutiva de Ciudadanos celebrada este lunes por la tarde, Albert Rivera ha dejado muy clara su opinión sobre el escenario inédito que para la gobernabilidad abren las nuevas elecciones. A su juicio, "al PSOE le toca decidir si quiere que España sea un país gobernable". Igualmente, Rivera ha advertido una y otra vez del escenario incierto que se abriría con "un Gobierno de once partidos" en referencia a la mayoría que podrían formar los socialistas con Podemos, incluidos sus aliados nacionalistas, y el resto de la izquierda y el separatismo. El líder centrista le ha pedido a Sánchez expresamente que aclare “si va a bloquear la legislatura” ya que, a su juicio, repetir elecciones no sería un escenario deseable. Fuentes de la Ejecutiva de Ciudadanos consideran que la batalla interna entre los socialistas va a ser cruenta, con los barones territoriales oponiéndose al pacto con Pablo Iglesias y con la intervención, aseguran “de algún expresidente”.

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