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Rivera, un CEO enigmático

Sus colaboradores actuales aseguran que Ciudadanos es "como su hijo"; quienes trabajaron con él en el pasado describen su pronta ambición política. 

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Rivera, un CEO enigmático
Albert Rivera con su equipo en la Asamblea de C's | EFE

Como es natural, sobre Alberto Carlos Rivera Díaz (nombre que figura en su DNI), barcelonés de 1979, hijo único de comerciantes, padre separado de una niña de cinco años, licenciado en Derecho, waterpolista y campeón de la liga de debate universitario, han corrido y correrán ríos de tinta. Algo que no impide que el personaje siga encerrando enigmas que ni siquiera los más próximos saben desvelar. "Es increíble, no le he visto enfadarse nunca"; "este no se relaja con nadie" son dos de las pinceladas pronunciadas por gente de su entorno que pueden dar la medida de su psique más interna.

"El colmillo retorcido de político lo tenía desde el primer momento", cuenta uno de los miembros de su primer gabinete, cuando fue elegido en 2006 presidente de Ciudadanos, como resultado de una componenda entre las distintas familias que alumbraron la formación para combatir al nacionalismo en Cataluña. Esta misma persona cuenta una anécdota de una de sus primeras entrevistas: "Estábamos en una emisora de radio y le pidieron, fuera de micrófono, que eligiese una canción. En vez de dar una respuesta natural, la estuvo pensando y lo consultó con Mariona [la madre de su hija] hasta que optó por Mediterráneo, pero en la versión de Estopa. Puro cálculo".

Lo ideológico

Por entonces tuvo que afrontar, cuando ya había logrado el hito de entrar en el Parlament de Cataluña, posado desnudo mediante, una noticia que desvelaba parte de su pasado y que, aun una década después, es tabú en las filas naranja: su coqueteo con el PP, a cuyas Nuevas Generaciones se afilió en 2003. "Se puso muy nervioso y lo negó todo, nosotros le decíamos que, como si fuéramos sus abogados, nos tenía que contar toda la verdad, para afrontar la respuesta a los medios", relata otro de los colaboradores de la primera hora.

Rivera salió del trance hablando de su afiliación a la UGT -probablemente una mera rutina propia del empleado de caja de ahorros que era, desprovista de contenido ideológico- y de sus simpatías con sectores críticos del PSC. La noticia llegó a ser objeto de una entrevista exclusiva en el prime time de TV3. Un hecho es indudable: de haberse conocido esa ‘mácula’ en su expediente, nunca habría llegado a presidir el partido naranja. Rivera, incluso, matizó que no llegó a pagar cuota, algo que permiten los estatutos de la rama juvenil de los populares.

El episodio plantea una de las cuestiones clave al afrontar la biografía de cualquier político, la de establecer el origen de su vocación, su Rosebud ideológico, por decirlo en la terminología del Ciudadano Kane de Orson Welles.

En una entrevista con Libertad Digital en 2014, cuando estaba a punto de eclosionar como líder nacional, fijaba el ingreso de España en la UE en 1986, cuando contaba con siete años, como su primer recuerdo político, y explicaba cómo se vivían las cuestiones públicas en su casa: "No tengo tradición política familiar. Aunque al ser comerciantes mis padres, hay cosas como los impuestos, o los servicios, que obviamente se comentan. Recuerdo que mi padre compraba el periódico los fines de semana, cuando íbamos a tomar el vermut. Luego veía los telediarios. Mi madre leía algún libro político. Pero era una inquietud más práctica que teórica".

Se ha escrito que Rivera es discípulo intelectual del constitucionalista Francesc de Carreras, uno de los principales fundadores de Ciudadanos. Algo que el propio Carreras negaba en otra entrevista hace tres años con este diario: "No teníamos amistad. Lo que pasa es que yo fui su profesor en un curso de doctorado, que es de poca gente, siete o diez personas. En cuanto se publicó el manifiesto en internet recibí un mail suyo diciéndome que estaba interesado y que vendría a la presentación en Barcelona. Recuerdo que le vi desde la mesa presidencial. Es verdad que en esos cursos él, junto a alguno de sus compañeros, había mostrado una inquietud política por su rechazo al nacionalismo. Eso es lo que ocurrió, luego he oído hablar de que es discípulo mío pero eso no es así, ni remotamente".

En esa época de su vida anterior a Ciudadanos, hasta los veintiséis años, Rivera conoció a quien hoy es un importante dirigente del partido, José María Espejo, actual miembro de la mesa del Parlament de Cataluña y Secretario de Acción de Grupos Institucionales en la nueva Ejecutiva. Espejo, tres años mayor que Rivera, recuerda para Libertad Digital cuando se cruzaron sus caminos: "En abril de 2004 ambos coincidimos en el ascensor, subiendo a la planta de asesoría jurídica donde los dos empezaremos nuestro primer día como abogados en La Caixa. Yo había llegado a Cataluña desde mi Madrid natal hacía muy pocos días y fue de mis primeros amigos aquí. Se preocupó de que me encontrase bien en un lugar que aún no conocía y me presentó personas que hoy siguen siendo buenos amigos. Desde el primer momento, Albert demostró su talento como abogado y también su capacidad para trabajar en equipo".

La dura forja de un liderazgo

La carrera política de Rivera ha sido de todo menos fácil. El glamour que ahora le rodea dista mucho de esos años, de 2006 a 2012, en los que bregó con apenas tres diputados en el Parlament de Cataluña contra el Tripartito de José Montilla, primero, y contra el primer Gobierno de Artur Mas, después. El periodista de La Vanguardia Iñaki Ellakuría, autor junto a José María Albert de Paco del libro "Alternativa Naranja", la obra más sólida sobre la historia de Ciudadanos, le recuerda desayunando sólo, en la cafetería de la cámara catalana, mientras ultimaba alguna iniciativa.

A su exigua fuerza parlamentaria se unía el hecho de la profunda división con sus dos compañeros de bancada: Antonio Robles, a la sazón primer secretario general del partido, y José Domingo, hoy vinculado al movimiento cívico no nacionalista. Ambos abandonaran la nave después del acuerdo de Rivera con Libertas para las europeas de 2009.

Fue en esos años cuando empezó a viajar regularmente a Madrid, a estrechar lazos con periodistas y a dejarse ver por los medios de la capital, cuando el fenómeno de las tertulias televisivas aún no había alcanzado su magnitud actual. Rivera se fajó duro, sin rechazar ninguna intervención, por pequeño que fuese el medio que la ofreciera. En su ultima rueda de prensa, el lunes 23 de enero, había más de treinta medios acreditados, pero Rivera sabe lo que es una mesa con micrófonos contados con los dedos de una mano o menos, lo que es atender por teléfono un fin de semana al redactor de guardia de algún diario o apurar la mañana del sábado en Madrid, antes de la vuelta a Barcelona, para intervenir en una tertulia radiofónica tras haberlo hecho horas antes en una televisiva.

En alguna ocasión comentó a sus colaboradores la oportunidad que suponía la aparición de nuevos actores mediáticos con la irrupción de la TDT y de los diarios digitales, demostrando una visión de futuro de la que luego haría gala abriendo en 2010 un perfil de Twitter que hoy es de los más seguidos de un líder político. Eso y un curso de comunicación política que realizó en el verano de 2009 en la Universidad George Washington, en EEUU, terminaron de decantar su escaso interés por el aspecto interno de los partidos y su fijación por la repercusión de la actividad política a través de los medios. En 2011, comentaba a un grupo de periodistas que aparecer en tertulias por la noche no era la pasión de su vida, pero que no podía renunciar a la audiencia potencial que para un nuevo partido significaban.

Estaba actuando, claro, con una mentalidad de Ejecutivo, de CEO, que siempre parece haberle acompañado. Vuelve a hablar uno de sus colaboradores de la primera hora: "Una de las primeras cosas que me dijo fue que quería dirigir el partido como una empresa". Años después, conceptos corporativos como el coaching forman parte de lo que en su cabeza parece ser Ciudadanos S.A.

Alguien que le ha conocido en los dos últimos años, los de su consolidación como figura nacional, y que actualmente es uno de sus más estrechos colaboradores, el diputado por Barcelona Toni Roldán, lo ratifica. "Es un mánager extraordinario" afirma el economista catalán, quien desde el primer momento formó parte de la dirección del grupo parlamentario y que ahora ha sido ascendido a la Comisión Permanente de la nueva Ejecutiva como Secretario de Programas y Áreas Sectoriales. Roldán define a su actual jefe como alguien con "valores muy profundos" que vive Ciudadanos "como un hijo". Afirma además que con la oficina económica, que dirige Luis Garicano, la comunicación ha sido siempre muy fluida: "Siempre nos escucha mucho, valora que se le lleve la contraria. Para nosotros es un lujo trabajar con él, porque une dos cosas que no son fáciles de aunar: un gran olfato político y un conocimiento profundo de los temas".

Los referentes

Que a Rivera se le podría haber ido la mano en sus citas a Adolfo Suárez lo evidencian dos hechos recientes, uno más anecdótico que el otro. Durante la tradicional cena de la Asociación de Periodistas Parlamentarios, el pasado 13 de diciembre, el líder de Ciudadanos fue objeto de varias chanzas en los vídeos emitidos durante la ceremonia a cuenta de las incontables veces que citaba al primer presidente de la democracia; por otro lado, una de las enmiendas parciales que se discutirán en la IV Asamblea General de Ciudadanos, el primer fin de semana de febrero, le pide expresamente que renuncie a incluir en sus discursos las referencias al padre de la UCD.

Sin embargo, su acercamiento a Suárez es tardío, curiosamente por la misma fuente que el de Pablo Iglesias: la lectura del libro Anatomía de un Instante de Javier Cercas. No es muy difícil conjeturar que quien le influye decisivamente es Barack Obama, no en vano el político más célebre de la última década. En el citado curso en la George Washington, Rivera quedó muy marcado por un vídeo que le mostró uno de los profesores con varios discursos del entonces presidente norteamericano, en los que invariablemente repetía determinados conceptos. Una táctica que luego ha empleado con profusión, con frases ya marca de la casa en sus discursos como "imposible es sólo una opinión" o "el último pueblo de Girona es tan español como La Castellana".

De los políticos en activo, Toni Roldán apunta al primer ministro canadiense, Justin Trudeau, como la referencia que Rivera aspira a importar a España: "Trudeau tiene dos cosas que son muy de Albert: su apertura en cuestiones éticas, armonizadas con ideas más liberales en lo económico que nunca han tenido mucho predicamento en España, y su apuesta por hacer ofertas sexys políticamente para combatir al populismo. En esa línea están también Emmanuel Macron o Mateo Renzi".

¿Un futuro fuera de la política?

Rivera ha asegurado en muchas ocasiones que su carrera política terminará algún día y que volverá entonces a la sociedad civil. El líder de Ciudadanos tiene su plaza en la entidad financiera donde comenzó a trabajar, pero no parece que ese pueda ser su destino futuro. En privado ha comentado muchas veces que quiere irse bien de la política, algo que considera muy difícil en España, dados los precedentes. En público afirma que le gustaría retomar su inconcluso doctorado. No es ningún secreto su pasión por los medios. En 2011, cuando el futuro de Ciudadanos no estaba tan claro, probó fortuna como jurado de un Talent Show presentado por Mercedes Milá.

Desde luego, su vida dista mucho de estar resuelta, como por otra parte es normal en alguien de su edad. Según la declaración de bienes que consta públicamente en la página web del Congreso de los Diputados, Rivera adeuda más de 350.000 euros de sendas hipotecas sobre bienes inmobiliarios, dos viviendas en Barcelona adquiridas en 2004 y 2008. En sus cuentas corrientes hay algo más de 5.000 euros y es propietario también de una moto Yamaha, que compró en 2009, y de un Volkswagen Golf adquirido en 2012. Actualmente vive de alquiler en Madrid, en una zona próxima al Congreso, de las más caras de la capital, y afronta una pensión como padre separado que es.

A sus treinta y siete años, no oculta su ambición de mudarse alguna vez al Palacio de la Moncloa, algo que para Toni Roldán "será posible en el futuro". Ocurra lo que ocurra, su nombre quedará ligado, junto al de Pablo Iglesias, como uno de los jóvenes líderes políticos que volteó la realidad política en España en la segunda década del siglo XXI.

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