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"Madrid Central cambiará la vida de los madrileños. Va a ser un caos"

El 1 de diciembre, el Ayuntamiento de Carmena pondrá en marcha el proyecto urbano que cambiará la vida de los madrileños. 

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"Madrid Central cambiará la vida de los madrileños. Va a ser un caos"
Cortes de tráfico en Gran Vía (Madrid) | David Alonso Rincón

El proyecto estrella del Ayuntamiento de Manuela Carmena, Madrid Central, marcará un antes y un después en la vida de la ciudad. El próximo 30 de noviembre, la capital de España se transformará por completo. Lo preocupante, quizás, es que los afectados, los propios habitantes de la ciudad, apenas tienen una mínima idea del drástico cambio que tendrá en sus rutinas diarias, sobre todo a los que transitan el núcleo madrileño en coche.

La portavoz del Consistorio, Rita Maestre, no deja de repetir que están siguiendo la senda marcada por las principales ciudades europeas. La semipeatonalización de las vías interurbanas centrales es una realidad en Copenhague, Oslo, Londres o Hamburgo, entre otras grandes urbes. La nueva fisonomía y futuro del entorno urbano pasa por dar protagonismo al peatón y reducir los espacios públicos ocupados por motores. Sin embargo, lo que no dice Ahora Madrid es que su plan es diferente, ya que quieren ser Dinamarca, pero sin copiar su modelo, lo cual conducirá a resultados distintos.

Y es que, de la noche a la mañana, la alcaldesa restringirá el tráfico en 472 hectáreas agrupadas en las cuatro APR actuales y amplía su espacio también a barrios como Justicia y Universidad. Tal y cómo indica la web del Gobierno local, "en su interior no habrá calles de libre circulación, salvo algunos viales con objeto de permitir determinadas incorporaciones, por lo que se elimina el tráfico de paso por el centro de la ciudad". Quienes sí podrán hacerlo son sólo las personas empadronadas en el Distrito Central, vehículos industriales, motocicletas y ciclomotores. El resto, si no se dispone de un vehículo eléctrico o híbrido, sólo tendrá acceso si va directo a estacionar en un parking -pagando ya no se contamina-.

En total, se calcula que los 230.000 viajes en coche que se realizan al centro cada día se reducirán en unos 76.000. Un 33% menos de personas conducirán por el núcleo de la capital, o eso piensan en Ahora Madrid. La principal cuestión y el motivo de debate es: ¿está la ciudad preparada para ese aumento de viajeros que tendrán que optar por el transporte público? Y es en este punto en el que se escuchan grillos.

Diseñar ciudades a escala humana

Lars Gemzoe, arquitecto urbanista, ha liderado el proyecto de semipeatonalización del centro urbano de Copenhague. Según Gemzoe, la planificación urbana desde los años 40 se ha diseñado en torno al automóvil. Se construían carreteras en el casco de la ciudad lo suficientemente amplias para que el flujo del tráfico alcanzara grandes velocidades.

Cuenta cómo se les planteó un problema como expertos: los motores se habían impuesto frente a los peatones. Para ello, iniciaron hace más de una década las restricciones al tráfico en la capital danesa. "Comprobamos cómo los patrones de comportamiento de las personas cambiaron en Copenhague según se eliminó el tráfico del centro de la ciudad. Lo hicimos de forma progresiva a lo largo de los años. Se construyeron 350 km de carril bici y ahora el 35% de personas pedalean y el 24% van en coche". Bien, pero ¿ha previsto la dirigente de Ahora Madrid otras alternativas al coche? Madrid, además, no es plana y las distancias son mucho mayores, lo cual dificulta enormemente el moverse en bici.

Desde la oposición, por ejemplo, han denunciado que el servicio de transporte en Metro es deficiente. PSOE y PP han coincidido en lo apresurado del proyecto, al tiempo que inciden en los efectos negativos para la ciudadanía y el colapso que va a suponer la puesta en marcha de Madrid Central de forma improvisada e irreflexiva. No hay plan B. Reforzar y aumentar las líneas de autobús, la frecuencia del paso del Metro, disponer de tranvías o crear espacios para las bicicletas y los patinetes eléctricos son desafíos de los que Rita Maestre no ha especificado apenas nada.

Jorge Arévalo, arquitecto especializado en el diseño de ciudades, está de acuerdo con los efectos positivos que puede tener en un futuro para los madrileños, aunque también puntualiza y aclara a Libre Mercado que "Madrid tiene un sistema de infraestructura pública basado en un modelo radial que, si por algo destaca, es por estar preparado para conectarse con el centro y tal vez no tanto entre lugares de la periferia, donde el uso del vehículo privado sigue siendo necesario. Es por ello que la mejora de las infraestructuras públicas de Madrid debería atender a estas necesidades para seguir incidiendo en la promoción de otros modelos de movilidad más sostenibles", explica el urbanista madrileño de la empresa Paisaje Transversal.

En este sentido, si se copia el modelo de los entornos urbanos internacionales más desarrollados, por ende, se deberán tener en cuenta las inversiones económicas que han realizado sus representantes políticos. Un ejemplo es Nueva York que, en 2007, comenzó la semipeatonalización de su centro neurálgico. Janette Sadik-Khan, responsable del proyecto, hablaba de recuperar la ciudad invirtiendo en infraestructuras de transporte público: "No se puede empezar la casa por el tejado", recalcaba la arquitecta estadounidense. Por ello, las zonas de Broadway y Times Square se prepararon con nuevos tranvías, más autobuses y la apertura de un nuevo mapa de carriles bici cruzaban las principales arterias de la urbe americana. Cuando se restringió el tráfico, el caos no se apoderó de Nueva York.

Precisamente, sobre esa más que probable situación caótica que podría sufrir Madrid, se pronuncia el técnico urbanista Ramón Sánchez: "Madrid Central va a cambiar la vida de los madrileños, sus rutinas diarias. Va a ser una transición caótica, sin previsiones y con grandes aglomeraciones en el metro y autobuses". Ciertamente, asusta un poco.

Otro experto, Iñaki Romero, arquitecto urbanista y firme defensor de las ciudades sostenibles y libres de contaminación, apuesta por los cambios moderados o, como él mismo define, "un urbanismo táctico". "Se trata de testear calles durante un tiempo cambiando la señalización o su infraestructura para estudiar la reacción de los vecinos". Sin embargo, Carmena tiene prisa, y, aunque hasta febrero no piensan empezar a multar (por aquello de las elecciones), el 1 de diciembre Madrid ya no será la misma. ¿Mejorará la vida de sus habitantes? Veremos.

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