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Pueblos en riesgo por rotura de presas y falta de planes de emergencia: Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura

A los fallos estructurales por la falta de mantenimiento se une la falta de planes de emergencia en una mayoría de las presas españolas.

A los fallos estructurales por la falta de mantenimiento se une la falta de planes de emergencia en una mayoría de las presas españolas.
El embalse del Gergal desembalsando agua del río Guadalquivir por las lluvias de los últimos días. | EFE/José Manuel Vidal

Según los informes de expertos, y más concretamente la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y de la Ingeniería Civil, al menos 143 presas en España tienen actualmente su "seguridad hidráulica comprometida". Esto implicaría que, ante lluvias extremas, como las que estamos sufriendo en 2025 y 2026, las infraestructuras podrían no responder como deberían si se hubiera invertido adecuadamente en su mantenimiento.

Es complicado señalar qué pueblos se encuentran realmente en peligro en España ante el posible colapso de presas cercanas, ya que el riesgo suele medirse por la probabilidad de fallo en la infraestructura combinado con la vulnerabilidad de la población río abajo. A fecha de febrero de 2026, los informes de asociaciones de ingeniería y protección civil señalan puntos críticos específicos que se derivan tanto del estado técnico de la presa como de su ubicación geográfica.

Pero si hay algo que resulta realmente sorprendente, teniendo en cuenta los ríos de tinta que han corrido sobre la tardanza en enviar el ES-Alert cuando se produjo la dana de Valencia, es que el 75% de las presas de titularidad estatal carecen de planes de emergencia implantados al 100%, como volvía a reiterar este miércoles en La Noche de Cuesta Jesús Contreras, vocal de la Asociación de Ingenieros de Caminos, que se preguntaba "cómo es posible que puedan dormir tranquilos" cuando están en riesgo "la vida de muchísima gente" porque, en su opinión, el riesgo es real: "Sin duda, hay presas que sí se pueden romper". Y si esto sucede, no tener implantado un Plan de Emergencia es una auténtica irresponsabilidad que sólo puede achacarse a la dejadez de las administraciones y de las concesionarias privadas cuando de ellas dependen esas infraestructuras.

Castilla-La Mancha

Tras la dana de 2024, que en Castilla-La Mancha dejó 7 muertos y cuantiosos daños materiales, sobre todo en Letur (Albacete) y Mira (Cuenca), el Pricam (Plan Especial de Protección Civil ante el Riesgo de Inundaciones en Castilla-La Mancha) detectó 213 puntos habitados de la región susceptibles de anegarse, entre ellos las siete ciudades más pobladas —las cinco capitales de provincia, Talavera de la Reina y Puertollano—.

Por su cercanía a grandes presas, además de por estar en zonas definidas como de rápida inundación, el Pricam identifica 40 núcleos de población con riesgo elevado. Es el caso del entorno de la Presa de El Atance, con pueblos como Huércemes del Cerro, Viana de Jadraque, Baides, Matillas y Bujalaro. La presa de El Atance, desde su construcción, ha sido un dolor de cabeza para la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT), ya que el terreno sobre el que se asienta tiene una geología compleja con presencia de calizas y riesgos de karstificación. Durante años, la presa no pudo llenarse a su máxima capacidad debido a importantes filtraciones en los estribos —los laterales donde se apoya el muro—, por lo que hubo que acometer obras de impermeabilización y "cosido" del terreno mediante inyecciones de hormigón. Aunque sigue siendo una presa bajo vigilancia especial, no puede afirmarse que su seguridad esté comprometida, pero sigue sin tener implantado totalmente —sirenas instaladas y operativas en los pueblos de aguas abajo, como Huérmeces del Cerro— un Plan de Emergencia que sí tiene redactado.

El mismo problema presenta el Embalse de Buendía, que tiene un Plan de Emergencia redactado —que establece mapas de inundación que definen exactamente qué calles y qué edificios se inundarían en cada pueblo en caso de rotura o desborde máximo mediante un sistema de zonificación— pero no totalmente implantado en febrero de 2026: le falta completar la instalación física de sistemas de aviso acústico (sirenas) y centros de control redundantes. Un desborde del Embalse de Buendía afectaría a las poblaciones situadas aguas abajo en el valle del río Guadiela —Buendía, Bolarque y Sayatón—y, posteriormente, en el valle del Tajo —Almonacid de Zorita, Zorita de los Canes, Aranjuez y barrios modernos y zonas industriales de Toledo—.

Y lo mismo ocurre con el Embalse de Entrepeñas, con un Plan de Emergencia redactado, pero no implantado en febrero de 2026, crítica constante de los colegios de ingenieros y asociaciones locales. La implantación 100% del plan requiere la instalación de sirenas en la llamada "zona de autorrescate" es decir, zonas donde la inundación alcanzaría en menos de 30 minutos; Centros de Control (Salas de Emergencia): la presa debe tener una sala con comunicaciones redundantes que funcionen incluso si caen los satélites o la telefonía, conectada directamente con el 112; y haber realizado simulacros periódicos con los vecinos de los pueblos de aguas abajo para que sepan hacia qué cimas o zonas altas correr si suenan las alarmas. En caso de desborde o rotura (muy improbable) de Entrepeñas, los puntos críticos serían Auñón y Bolarque, con la Presa de Bolarque que actúa como regulador. Aunque los tiempos de aviso aumentan según nos alejamos de la zona de autorrescate, también estarían en riesgo Sacedón, Sayatón, Almonacid de Zorita, Zorita de los Canes, Pastrana e Illana. En la larga distancia, el impacto se sentiría en todo el eje Tajo-Aranjuez-Toledo.

Talavera de la Reina y el Puente del Arzobispo se consideran poblaciones de "doble riesgo" por su ubicación en zona inundable y su posición bajo grandes presas del Tajo, cuya seguridad no es sólo teórica. En el contexto actual de 2026, tras los incidentes de crecidas en 2025, el foco está puesto en infraestructuras específicas que presentan deficiencias técnicas o falta de planes operativos completos.

Si atendemos a los informes técnicos más recientes (enero-febrero de 2026) varias presas de la cuenca del Tajo y del Alberche se encuentran bajo vigilancia porque no cumplen con todos los estándares de seguridad. Una de las más críticas para la comarca de Talavera es la Presa de Navalcán (río Guadyerbas), que tiene los desagües de fondo parcialmente inoperantes (por acumulación de lodos y sedimentos) por lo que no puede regular con precisión su caudal cuando se producen fuertes lluvias como en marzo de 2025, regulación que tiene que hacerse por los aliviaderos de superficie, con el consiguiente riesgo de inundación repentina en las zonas bajas de la comarca. A pesar de la inoperatividad de estos desagües, los técnicos de la Confederación Hidrográfica del Tajo mantienen que la presa es estructuralmente segura y no existe riesgo de rotura de la misma.

Otra presa que por su antigüedad podría tener comprometida su seguridad es la Presa de Cazalegas, en el río Alberche. Es una presa pequeña, próxima a Talavera, y los técnicos han reportado necesidades de auscultación para detectar posibles anomalías estructurales, pese a que es una presa a priori muy robusta y que, a diferencia de Navalcán, tiene operativos sus órganos de desagüe.

Las presas madrileñas de Picadas y San Juan, que no tienen fallos estructurales graves, sí tienen comprometida su seguridad operativa por la enorme presión que reciben, algo que sucedió en los desembalses masivos que se vieron obligadas a realizar en 2025 y que pusieron en jaque los puentes de Talavera.

Tanto Navalcán, como Cazalegas, las madrileñas Picadas y San Juan y otras presas que afectan a zonas inundables de Talavera de la Reina y Puente del Arzobispo, como Valdeverdejas y Azután, incumplen, como tantas otras, la exigencia de tener un Plan de Emergencia totalmente implantado a febrero de 2026, es decir: sirenas instaladas, sistemas de comunicación directa con Protección Civil operativos y una población formada que sepa que hacer ante una situación de riesgo extremo. De todos ellos, el que se encuentra en mejor situación es el Pantano de San Juan, con un grado de implantación alto con un sistema de comunicación avanzado y sirenas en puntos estratégicos por su cercanía a núcleos urbanos. El embalse de Picadas, infraestructura crítica para el abastecimiento, cuenta con un sistema de monitorización en tiempo real, pero la red de sirenas aguas abajo es incompleta. Azután-Valdeverdeja tiene un plan aprobado, pero apenas implantado el sistema físico de aviso en zonas rurales de difícil acceso. Cazalegas, pese al riesgo que representa para Talavera, tiene un sistema de aviso acústico a la población insuficiente. En cuanto a Navalcán, puede decirse que la situación es crítica: pese a que existe un plan, la inoperatividad de sus órganos de desagüe hace difícil su ejecución en tiempos de respuesta cortos, es decir, en lo que se conoce como "zona de autorrescate" donde la inundación alcanzaría a la población en menos de 30 minutos como hemos señalado.

Andalucía

Como ocurre en otras comunidades autónomas, el estado de las infraestructuras hidráulicas, donde la mayoría de los grandes embalses fueron construidos entre los años 50 y 80, y la falta de implantación o la desactualización de los Planes de Emergencia, genera una preocupación legítima entre los expertos y los ciudadanos, especialmente cuando, como en momentos de lluvias persistentes como los que está sufriendo la región en febrero de 2026 y fenómenos extremos como las danas más falta hace que estas infraestructuras estén al 100% de sus capacidades operativas e implantados los planes de aviso a la población.

Los riesgos estructurales de las presas andaluzas podemos dividirlos en tres tipos: por obsolescencia —presas que están llegando al final de su vida útil teórica o necesitan inversiones masivas para modernizar sistemas de desagüe y sensores­—; por colmatación —la acumulación de lodo y sedimentos en el fondo que no solo reduce la capacidad de agua, sino que puede llegar a bloquear las compuertas de fondo, vitales para liberar presión en caso de riada—; y problemas de filtración, como el caso crítico de Benínar (Almería) debido a la geología del terreno, lo que limita su capacidad de llenado por seguridad.

Un documento del Gobierno —actualizado a finales de 2025 y principios de 2026— reconoce que el 60% de las presas de titularidad estatal en Andalucía necesitan actuaciones para corregir vulnerabilidades de carácter estructural bien sea por inoperatividad de los desagües de fondo, por obsolescencia o por filtraciones. Todo ello agravado por la falta de mantenimiento activo: falta de auscultación, falta de datos en tiempo real (debido a los recortes en los presupuestos para esta partida) e incumplimiento de las concesionarias privadas.

Informes recientes de ingenieros de Caminos y técnicos ministeriales alertan de que aproximadamente 40 presas en Andalucía tienen su seguridad comprometida por falta de inversión y personal. La Asociación de Caminos ha señalado específicamente la Presa de La Puebla de Cazalla (Sevilla) por la existencia de problemas estructurales que requieren de atención urgente. Pueblos afectados por esta infraestructura serían La Puebla de Cazalla, Marchena, Carmona, además de la Autovía A-92. También en Sevilla, los expertos han apuntado al Embalse del Gergal que, aunque está operativo, se debate la capacidad de sus aliviaderos y el riesgo que supone la falta de un mantenimiento profundo ante una situación de lluvias extremas. Se verían afectados Guillena, La Algaba, La Rinconada, San José de la Rinconada, zonas norte y ribereñas de Sevilla capital, Camas y San Juan de Aznalfarache.

Un caso de fracaso histórico es el de la Presa de Benínar (Almería), que tiene limitado su llenado por filtraciones geológicas desde su inauguración en 1983. Su problema no está en el muro (de hormigón y estable) sino en el vaso: un terreno calizo lleno de cuevas, simas y fallas, por lo que el agua se escapa literalmente por debajo —lo han descrito como "un pantano sobre un colador"— y por los lados del embalse. El fondo del embalse está cubierto por una capa de lodo que amenaza con bloquear los desagües de fondo, y el llenado y vaciado del embalse afecta a la estabilidad de las montañas que lo rodean, habiéndose registrado deslizamientos de las laderas. Pueblos que se verían afectados por una rotura de esta presa serían las zonas residenciales cercanas al pueblo original de Benínar, la pedanía de Darrícal, La Alquería (Adra), casco urbano de Adra (punto de mayor riesgo humano y económico), Puente del Río y la Autovía A-7.

Lo mismo ocurre con Cuevas del Almanzora, también en Almería, bajo vigilancia constante por su compleja gestión de lodos y seguridad. Su mayor problema no es el muro de hormigón, sino, de nuevo, el terreno donde se apoya, por lo que el agua se filtra por los laterales hacia los acuíferos al superar determinada cota generando inestabilidades a largo plazo si no se inyectan lechadas de cemento periódicamente. En el caso de una rotura estructural o un desembalse masivo por colmatación los pueblos que se verían directamente afectados serían Cuevas de Almanzora, Las Herrerías, El Real, El Calón, Vera, Villarricos y Palomares, además de la carretera A-332 y los puentes que conectan Cuevas con Vera y Huércal-Overa, que serían los primeros en quedar inutilizados dificultando las labores de rescate.

En relación a los Planes de Emergencia, en Andalucía existe una división competencial entre el Estado (Confederación Hidrográfica del Guadalquivir) y la Junta de Andalucía (Cuencas Mediterráneas) que a veces ralentiza la ejecución de estos protocolos. Si una presa tiene problemas de mantenimiento y recibe un aporte masivo de agua, el margen de maniobra es mínimo. El riesgo no es solo que la presa rompa, sino que se vea obligada a desembalsar de forma controlada y, si el cauce del río está ocupado por viviendas o invernaderos —algo común en zonas como Málaga y Almería—, el desastre está servido si no se cuenta con un Plan de Emergencia 100% implantado, una de las lagunas más importantes en la comunidad autónoma andaluza, especialmente en la llamada zona de autorrescate, donde apenas se cuenta con 30 minutos para la evacuación. A falta de estos planes, se está utilizando el sistema ES-Alert, mucho menos elaborado que un Plan de Emergencia que incluye sirenas instaladas, sistemas de comunicación directa con Protección Civil operativos y una población formada que sepa que hacer ante una situación de riesgo extremo por haber realizado simulacros de evacuación.

Extremadura

En Extremadura, la preocupación a febrero de 2026 radica en la fatiga de materiales y la gestión de caudales cuando se produce el llenado masivo de sus grandes presas. Muchas de las que regulan el Guadiana y el Tajo fueron construidas entre 1950 y 1970 y su principal problema estructural es la carbonatación del hormigón y la oxidación de armaduras. Además, no todas las presas tienen implantados sus Planes de Emergencia: un porcentaje significativo de presas de titularidad municipal o de pequeñas comunidades de regantes en Cáceres y Badajoz carecen de sistema de aviso. Y las presas en manos de grandes hidroeléctricas no están bien coordinadas con los ayuntamientos para los planes de evacuación en caso de que fuese necesario.

En Extremadura el riesgo no está tanto en el colapso inminente de presas por falta de mantenimiento de los grandes muros (gestionados por las Confederaciones Hidrográficas y las eléctricas), sino por la obsolescencia de presas medianas y pequeñas, así como en la falta de Planes de Emergencia implantados en municipios que han crecido en zonas inundables. Otras presas bajo vigilancia en Extremadura son sus balsas de residuos mineros, con el recuerdo de desastres pasados en otras regiones.

En la cuenca del Guadiana, que funciona como una escalera —si fallase la presa superior por fatiga estructural, las inferiores no podrían contener la avenida— se verían afectados poblaciones como Puebla de Alcocer y Esparragosa de Lares (presas de La Serena y Zújar); Mérida (presas del Alange o del sistema Cíjara-García Sola) y Badajoz capital, que aunque está protegida por muros, zonas como Gévora o la pedanía de Valdebótoa están en riesgo directo si fallaran las presas que regulan el río Gévora o los aliviaderos de Montijo.

En esta cuenca la Presa de García Sola (Badajoz) aunque a priori es segura, requiere de inversiones constantes y ha sido objeto de vigilancia por filtraciones y estado de sus galerías internas. En la Presa de Cíjara, una de las más antiguas de la cuenca del Guadiana, es prioritario la modernización de sus órganos de desagüe (compuertas y válvulas) para evitar que queden bloqueadas por sedimentos.

En la cuenca del Tajo, aunque el pueblo de Alcántara se encuentra en una cota segura, el Puente Romano y las zonas de ribera están en peligro total ante un fallo de la Presa de Alcántara, una de las más grandes de Europa. En embalses como Alcántara o Valdecañas los desembalses masivos provocan riesgo estructural en la base de la presa. En cuanto a Coria, situada aguas abajo de la Presa de Gabriel y Galán en el río Alagón, un fallo estructural en la misma inundaría la parte baja de la ciudad y su vega.

Sin embargo, el mayor riesgo en Extremadura de "rotura por fallo estructural" este 2026 reside en presas más pequeñas que no han tenido un mantenimiento profesional constante. Es lo que ocurre en la Sierra de Gata y Las Hurdes, en localidades como Hoyos, Perales del Puerto o Pinofranqueado con presas de abastecimiento cercanas, muchas de los años 70, en las que una rotura por fatiga del muro daría apenas unos minutos de reacción a estos pueblos. Además, en estas presas más pequeñas el lodo puede llegar a tapar las tomas de fondo (colmatación). Si una presa no puede vaciarse por el fondo durante una avenida extrema, la estructura sufre un estrés para el que no fue diseñada originalmente.

En el Valle del Jerte, se vigila con lupa la moderna Presa del Jerte, afectada por los deshielos de la Sierra de Gredos y ahora por las persistentes lluvias de la borrasca Leonardo. El carácter torrencial del Jerte hace que el riesgo estructural de esta presa sea el desbordamiento por coronación, algo que en las presas de materiales sueltos como esta puede provocar la erosión rápida del muro y su colapso. La presa está situada encima de Plasencia, por lo que el riesgo para la población es claro: la onda de inundación llegaría a la ciudad, en caso de rotura, en menos de 10-15 minutos. Plasencia, al menos, sí cuenta con un sistema de sirenas de aviso implantado. Otros pueblos aguas abajo que también se verían afectados serían Galisteo y Aldehuela de Jerte.

En cuanto a los Planes de Emergencia de Presas, se encuentran ya operativos o en fases muy avanzadas de implantación, contando con redes de sirenas y comunicación directa con el 112, la Presa de Gabriel y Galán —implantado y sistema de alerta operativo—; La Serena —implantado y con protocolos específicos para las poblaciones de La Serena y La Siberia—; Alange, Los Canchales, Acebo, Hervás y Nuñomoral (de titularidad estatal) han realizado recientes inversiones para asegurar que sus sistemas de aviso temprano por radio y sirenas funcionan correctamente; en presas de hidroeléctricas, como Alcántara o Valdecañas, Iberdrola ha implantado planes integrando sus centros de control con Protección Civil.

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