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La "mesa socialdemócrata" de Gonzalo Miró, Borja Cabezón y Màxim Huerta en Masterchef

El adjunto de Ferraz habría usado un testaferro en Costa Rica para desviar beneficios a Londres, eludiendo al fisco mediante empresas pantalla.

El adjunto de Ferraz habría usado un testaferro en Costa Rica para desviar beneficios a Londres, eludiendo al fisco mediante empresas pantalla.
Boris Izaguirre, Borja Cabezón y Maxim Huerta en MasterChef Celebrity 5 | MasterChef Celebrity 5

El panorama político en Ferraz se ha oscurecido de forma definitiva para el que hasta ahora era considerado el hombre más cercano al presidente. Borja Cabezón, adjunto a la Secretaría de Organización del PSOE, se encuentra en el centro de una tormenta mediática y judicial tras una exclusiva de El Confidencial que revela un sofisticado entramado de empresas falsas diseñado para eludir impuestos. La exclusiva, que apunta al uso de una Agrupación Europea de Interés Económico (AEIE) y testaferros internacionales, coloca al "último superviviente" del Gobierno de Pedro Sánchez en una situación de extrema vulnerabilidad.

El esquema del "cartero costarricense"

La ingeniería fiscal atribuida a Cabezón destaca por su opacidad y complejidad. A través de la mercantil Glengrove Limited, el político habría desviado el 80% de sus beneficios hacia Londres, utilizando como pantalla a un humilde cartero de Costa Rica que actuaba como testaferro.

El esquema permitía que la empresa española, Divinal SL, tributara únicamente por una mínima parte de las ganancias reales, mientras que el grueso del capital quedaba fuera del radar de la Agencia Tributaria española.

Para blindar aún más este sistema, Cabezón habría contado con la colaboración de Alejandro Molina, un empresario vinculado a su pasada carrera política en Majadahonda, para ocultar su identidad tras la estructura societaria.

Conexiones de alto nivel: de Sánchez a Gonzalo Miró

La caída de Cabezón no es solo la de un técnico del partido, sino la de un hombre con profundas raíces en los círculos de poder y la vida social madrileña. Su amistad íntima con Gonzalo Miró —quien presentó actos de su candidatura— y su constante apoyo mutuo en escenarios tan dispares como mítines políticos o el plató de MasterChef, dibujan el perfil de un dirigente perfectamente conectado.

"Yo he visto en más de una discusión a Borja defender y proclamar que la política es un instrumento necesario para cambiar las cosas", plantea Miró a su amigo del PSOE en un evento en 2011 para 'recuperar la ilusión'. "Para hacer que las cosas mejores y acabar con las injusticias sociales".

El reencuentro de Borja Cabezón y Maxim Huerta en la misma mesa de Masterchef

El reencuentro televisivo en la Gala 9 de MasterChef Celebrity 5 dejó una estampa que hoy resulta casi profética. Boris Izaguirre, con su habitual agudeza, no tardó en bautizar el encuentro al sentarse junto a Borja Cabezón y Maxim Huerta, como amigos de Gonzalo: "Esta mesa es la más socialdemócrata de la velada. Hay un diputado, un exministro, y un votante casi".

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Boris Izaguirre, Borja Cabezón y Maxim Huerta en MasterChef Celebrity 5

En un ambiente distendido, Izaguirre definió a su amigo Gonzalo Miró como un "príncipe socialdemócrata", mientras se interesaba por los vínculos que unían a los comensales con el concursante. Maxim Huerta recordaba sus inicios con Gonzalo, describiéndolo como alguien que "se protegía mucho" pero que terminó siendo "muy generoso", aunque lanzaba un dardo sobre sus dotes culinarias: "De cocinar no, es de ir de restaurantes y elegir el vino".

Fue en ese contexto de camaradería donde Borja Cabezón pronunció una frase que hoy, bajo el foco de la investigación de El Confidencial, resuena con un eco diferente: "Cuando Gonzalo se propone algo… suele conseguirlo". Esa fe ciega en la capacidad de éxito de su círculo íntimo era correspondida por el propio Gonzalo Miró, quien al entrar al plató y ver a sus amigos exclamó entre risas: "¡Pero bueno!, ¿qué es esto?... Esto está lleno de gentuza, por favor". La confianza era tal que Cabezón se permitió bromear sobre el aspecto de su amigo, señalando las manchas de su delantal: "¿Eso te lo has hecho cocinando hoy?", a lo que Gonzalo respondió con ironía sobre el esfuerzo real que exige el programa frente a la mirada de los invitados.

En aquella mesa se sentaba el "pasado" del estándar ético de Sánchez, un Maxim Huerta que ya había pagado su salida del Gobierno por una sociedad interpuesta, y el "futuro" del círculo de confianza del presidente, un Borja Cabezón que entonces crecía en la Asamblea de Madrid. Aquella noche terminó con la expulsión de Gonzalo Miró, pero la verdadera "eliminación" ha llegado años después, cuando la lealtad de ese círculo socialdemócrata se ve empañada por el rastro de testaferros en Costa Rica que ahora asfixia el discurso de regeneración de Ferraz.

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El dilema ético y el "fantasma" de 2015

Es precisamente su lealtad incondicional lo que le había permitido escalar hasta la cúpula de la Secretaría de Organización, convirtiéndose en la mano derecha necesaria tras las salidas forzosas de figuras como José Luis Ábalos, Santos Cerdán o Paco Salazar.

La permanencia de Cabezón en el cargo supone un desafío directo a la hemeroteca del propio Pedro Sánchez. En 2015, el presidente sentó cátedra al afirmar que cualquier miembro de su partido con una sociedad interpuesta para pagar menos impuestos estaría "fuera al día siguiente".

Aquella promesa, que se cobró la carrera de Màxim Huerta en apenas una semana, hoy se vuelve contra el Gobierno. A diferencia de Huerta, que cometió una irregularidad administrativa ya liquidada y renunció a su escueta indemnización para no dañar al Ejecutivo, Cabezón se enfrenta a acusaciones de elusión planificada mediante testaferros, lo que eleva el listón de la gravedad a un nivel desconocido hasta ahora en el entorno de Sánchez.

Un futuro político en el aire

Las consecuencias para Borja Cabezón podrían ser inmediatas si la Agencia Tributaria decide abrir una inspección formal sobre sus cuentas en el extranjero. Políticamente, su caída dejaría al presidente Sánchez en una situación de aislamiento total dentro de Ferraz, perdiendo al último guardián de su confianza en el aparato del partido.

El "milímetro Huerta" vuelve a ser la vara de medir. Si el Gobierno decide proteger a Cabezón ante un fraude presuntamente más grave y profesionalizado que el de 2018, la imagen de regeneración con la que nació el sanchismo quedará definitivamente enterrada bajo los cimientos de una mansión en Londres y un rastro de testaferros en Costa Rica.

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