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El relato de la víctima: el DAO trató de silenciarla proponiéndole ascensos

La denuncia relata cómo el DAO introdujo "los dedos en la vagina" de su víctima pese a su insistente rechazo.

El ya dimitido DAO de la Policía Nacional en un acto el pasado 12 de febrero. | Europa Press

En el juzgado de instrucción número 8 de Plaza Castilla está depositada la denuncia que ha conducido a la dimisión del Director Adjunto Operativo de la Policía Nacional, José Ángel González, por un delito de agresión sexual con penetración. La víctima del máximo responsable de este cuerpo policial es una subordinada. Los hechos estarían grabados en un audio que todavía no se habría aportado a la causa.

El estremecedor relato de los acontecimientos data de abril del año 2024 cuando la mujer se encontraba prestando a mediodía "servicio activo ordinario en la comisaría de Coslada". En ese momento recibió "múltiples llamadas telefónicas" del DAO "requiriendo su presencia de forma inmediata y perentoria".

La víctima se negó en primera instancia alegando "razones laborales obvias", a lo que el querellado, "haciendo uso explícito de su autoridad institucional, le instó e instruyó para que abandonara su puesto de trabajo utilizando un vehículo policial camuflado de la comisaría de Coslada, con la finalidad de reunirse con él con carácter urgente", tal y como detalla la denuncia.

La cita tuvo lugar en un restaurante donde el DAO compartía sobremesa con otro comisario. Tras unos minutos González y la mujer se trasladaron a un inmueble. Al que ella se negó a subir en primera instancia explicándole "su incomodidad y su deseo de marcharse".

Ante la insistencia del DAO subieron ambos al inmueble propiedad del Ministerio del Interior, donde le sirvió dos cervezas para iniciar a continuación "de forma inmediata un acercamiento físico de naturaleza sexual hacia la víctima". "Acercamiento que fue rechazado de forma verbal, expresa, rotunda y continuada por la víctima en todo momento", tal y como figura en la denuncia.

A pesar de las reiteradas negativas González inició "una conducta agresiva de naturaleza sexual caracterizada por violencia física e intimidación ambiental, aprovechándose de la situación de aislamiento, superioridad física y autoridad institucional".

La denuncia relata con detalle el momento de la agresión física. Es en este momento cuando el querellado, "toca con su mano la vagina a la víctima, le introduce los dedos y comienza a masturbarla, mientras exclama que le bese, la víctima le dice que se está negando en serio a lo que el querellado le dice que estás gilipollas, y continúa con su acción intentando doblegar la voluntad de la víctima, que reitera su negativa expresa, pese a lo que el querellado le dice que hagan el amor y se vayan, siendo nuevamente rechazado por la víctima que se va y no quiere hacer nada".

A continuación "amenaza con forzarla y pidiéndole que lo haga por él, procediendo este a bajar el pantalón a la víctima de forma inconsentida y sorpresiva, procediendo a meter la mano de nuevo e introduciendo los dedos en la vagina, mientras, con su otra mano, cogía la mano de la víctima y se la llevaba a su miembro erecto para que lo tocara, mientras exclama que la víctima no puede dejarle, que le toque, que tiene muchas ganas de estar con ella, de mantener relaciones sexuales y que le está suplicando mucho, lo que la víctima de forma reiterada expresa y nítida rechaza".

En un momento dado, y "Tras conseguir zafarse del querellado y poder abandonar el domicilio, la víctima recogió el vehículo policial camuflado que había utilizado para desplazarse hasta el lugar, se dirigió a la comisaría de Coslada donde prestaba servicio, dejó el vehículo, y se dirigió a su domicilio particular".

Durante meses el DAO comenzó, tras aquel episodio, una "campaña sistemática, obsesiva e intensiva de acoso telefónico y manipulación psicológica sobre la víctima orientada a mantener el control sobre la víctima, minimizar la gravedad de su conducta delictiva. Durante todo este tiempo, probablemente, siendo consciente de la gravedad de los hechos y temiendo la denuncia que finalmente interpuso, trató de hacer valer su superioridad tratando de culpabilizar a la víctima de lo sucedido. Es más, "llegó a ofrecer compensaciones laborales como precio del silencio"

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