Don José Luis, ya bautizado como el extodopoderoso, podría haber llegado a la Sala del Tribunal Supremo con chaqueta de coderas y un par de paquetes de tiza. Podría haber escrito su nombre en la pizarra y haberse bautizado maestro de Oratoria. "Soy su docente, Don José Luis o profesor Ábalos, como prefieran. Voy a enseñarles cómo no decir nunca nada mientras se habla todo el rato", podría haber comenzado su exposición encandilando a sus alumnos. Porque Don José Luis no ha venido a otra cosa al Alto Tribunal que no sea a hacer política. A sembrar dudas donde solo había certezas, a hacer piruetas con la palabra para parecer la víctima de todo, de las mil y una casualidades organizadas vilmente por la UCO para tumbarlo. Para intentar ser, en definitiva, a ojos del tribunal, la víctima de una cacería política.
Es complicado que Koldo no le mire con cierta admiración. Que se fije en esa forma de mantener el relato mientras el castillo de naipes se desmorona. Tranquilo. Esbozando una sonrisa y suspirando cuando le preguntan por algo a lo que le quiere quitar credibilidad. Al extodopoderoso no se le pilla en ningún renuncio. Tiene su relato inconsistente atado y bien atado con cinta aislante, como el que hace una chapuza con alguna balda de una estantería de casa. Sabe que aquello no engaña a nadie, pero no se cae. Se cree su propia película y la defiende como nadie. Uno de los letrados, me lo ha dejado clarinete en un pasillo: "Ojalá mis clientes tuvieran esa capacidad para mentir".
Fíjense hasta donde llega la cosa: intentó desmentir a Aldama por haber aportado pruebas. "Tantas credenciales abundan en la impostura". "Lo que ha habido es una sustracción de material oficial". Tal es su virtud. Que al que acredita, se le señala. Qué ruleta. "Yo vi jugar a Don José Luis", me ha dicho un colega de profesión. Luego, ha hablado de Jésica. "Era una relación extramarital". Me lo olía. "Tenía la expectativa de que la relación continuase". Le ha faltado decir que su único delito fue amar. "Ahí conocí la palabra ghosting –cuando lo dejaron–". Está bien modernizarse. "Soy carne de meme, duele porque yo la quise". Reconozco que tengo un par de ellos guardados en el teléfono. "Para mí que Jésica trabajaba". Para ti, para ti. Para todos los demás, cobraba sin currar. Ábalos, acusando a Aldama de comprar a Jésica para que delatase el enchufe en Ineco: "Ella no dice eso si alguien no le ha dicho previamente que si dice eso no le va a pasar nada". "Yo no pude hablar con ella antes de esto. Me bloqueó". A quién no le ha clavado un visto la chica que le gustaba.
El profesor sigue su clase. En un momento dado, pierde el hilo de su relato impostado. No importa. Silencio de tres segundos. Respira. Se le enciende la bombilla. Y sentencia. Lo que era un despiste se convierte en una pausa dramática que aporta credibilidad a su explicación, que llama la atención de los presentes en la sala. Incluso, si hace falta, se enfrenta al Fiscal Jefe Anticorrupción, pero con algo más de clase de como lo hiciera Koldo. Luzón: "Le hablo de los hechos que, con rigor, demuestra la UCO". Ábalos, a carcajada limpia: "¿Y yo no tengo rigor? Es que es tremendo". ¿Aprobó la filtración del Ministerio a favor del rescate de Air Europa? "No me opuse". "Fuimos bastante rácanos con Air Europa". Si alguien rácano está leyendo esto, le invito a que me preste 475 milloncitos. "No tengo ni para el peculio de la cárcel". Pobre. Que alguien le dé una moneda. "Mi hijo está trabajando de camarero, sin ningún enchufe". Le pediré un descafeinado. De sobre.
Ábalos no respondió a la acusación popular: "Es un uso torticero de la Justicia". En fin, lo esperado. Tampoco al abogado defensor de Aldama, José Antonio Choclán. Aquí ha patinado el profesor. Le ha hecho caso a su letrado. Se esperaba que se enfrentara a Choclán en un duelo magistral de oratoria. Respondió a Leticia de la Hoz, la abogada de Koldo. Que sí, que Koldo es inocente pero que no le cuenten sus penas. Que lo que tenga que defender, que lo defienda Koldo, que él ya tiene su guerra.
¿Y por qué le adelantaba Koldo los gastos? "Había gastos que, por su propia naturaleza, los ya conocidos, no interesaba que los conociese mi mujer". Marino Turiel hizo lo que no hicieron ninguno de los otros abogados defensores: "Seré breve". "¿En consecuencia, ha aminorado usted su patrimonio?". Ábalos: "Bastante, bastante". "Aldama dijo una cosa que fue muy cierta: que nunca fue amigo mío, que siempre marqué distancia, que le gusta alardear y que hubo malestar 'por su parte y la de Javier Hidalgo con la famosa nota de prensa". Mágnifica réplica parlamentaria. Clavando los tiems. "Lo único que tenemos Koldo y yo en común es la lealtad". Excelente alegato. Que sean muy leales entre rejas.
Acabó la clase y se liaron los letrados y los magistrados a discutir sobre si daba tiempo a las conclusiones. Acabaron retrasando la nueva sesión hasta el miércoles. Un día más de presunción de inocencia.

