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Rajoy desespera al PP: "Esto no pasaba con Aznar"

Los frentes son muchos, pero Rajoy no mueve ficha. Los señalados a la UE se descartan para no quemarse. Y hay un goteo de bajas de militantes.

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Los frentes son muchos, pero Rajoy no mueve ficha. Los señalados a la UE se descartan para no quemarse. Y hay un goteo de bajas de militantes.
Mariano Rajoy, este miércoles, entrando al Congreso | D. Crespo

El pasado mes de enero -los días 10 y 11-, Mariano Rajoy se encerró con la cúpula de su partido para diseñar la estrategia electoral y marcar prioridades. La economía como eje del discurso, siendo todo lo demás secundario. Según Pedro Arriola, su sociólogo, el PP ganará las europeas si no desvía el tiro y logra explicar a la ciudadanía los frutos que empiezan a dar las reformas. En la cita aún estaba Jaime Mayor Oreja, que poco después se descartaba como candidato desencantado con el rumbo tomado por el líder y con el miedo de que no se posara en él su dedo divino.

Han pasado más de dos meses de aquella reunión secreta y el partido sufre como nunca el desgaste del manejo de los tiempos de Rajoy. Aún no hay cabeza de cartel y, ni mucho menos, lista electoral para Europa. Y quienes han sido señalados en las quinielas se descartan, temerosos de quedar achicharrados. "No quiero ser el José Luis Sanz de las europeas", es el argumento estrella. En Andalucía, todo el mundo dio por hecho que el líder iba a ser Sanz, con el apoyo de María Dolores de Cospedal, y entonces el presidente se decantó por Juanma Moreno desatando un auténtico vendaval interno.

"Lo estamos intentando", se excusaba un miembro de la dirección, en relación a los intentos por marcar la precampaña. Propuestas para acercar el programa a los ciudadanos, una mayor implicación de las autonomías, foros sectoriales para ir calentando el ambiente... Pero nada parece servir: "Llegamos a una rueda de prensa y sólo queréis el nombre del candidato". Así ocurrió el lunes, cuando Carlos Floriano se las vio y deseó para esquivar la cuestión mientras Esteban González Pons, uno de los señalados para Europa, le observaba desde la primera fila para después tener una conversación informal en la que dijo que la UE no está en sus planes. Este mismo miércoles, Miguel Arias Cañete hacía lo propio en los pasillos del Congreso: ni ha recibido la llamada ni ha preguntado.

Las diferencias con Aznar

Históricos del PP creen que el problema es más profundo que el hecho de que aún no haya candidato. Comparando la situación actual con la de José María Aznar, coinciden en el enorme poder interno de ambos y que tanto Rajoy como su antecesor han tenido "siempre" la última palabra para poner o quitar a alguien de un puesto. Pero hay diferencias: "Esto no pasaba con Aznar, él controlaba el partido, nunca se fue de Génova, pero Rajoy con su silencio genera todo tipo de conspiraciones", según un diputado de ambas etapas.

Algunos ven en la fractura entre Moncloa y Génova el problema clave. Con Aznar, el Gobierno era también el partido. "Todo fluía más, éramos una máquina perfecta". Pero ahora el partido parece un "ministerio" de Cospedal sin conexión con el Ejecutivo. Al inicio de la legislatura, los lunes se organizaban reuniones de coordinación, pero todo ello prácticamente se ha perdido. Rajoy dijo tras superar el rescate que se centraría más en el PP, pero que se sepa hasta la fecha sólo ha reunido una vez a maitines en Presidencia. Y Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría se telefonean para lo preciso, pero no hay complicidad. Más al contrario, toda crisis interna se interpreta como una batalla entre ambas.

Cargos del PP hablan con uno u otro ministerio, pero no es regular. "A veces nos piden que defendamos una reforma pero no tenemos esa reforma, no sabemos de qué va", lamentan en la sede nacional. Ocurrió, por ejemplo, con la ley del aborto. ¿Hay coordinación? "En Moncloa se han olvidado de que el partido es la base de que ellos esten allí, y así nos va", contesta un pata negra.

El partido está patas arriba prácticamente en todas sus estructuras. En Madrid, el gran caladero de votos, diputados autonómicos se quejan de no saber quién concurrirá a las elecciones. Todo está en el aire pese a que Ana Botella e Ignacio González han dicho que quieren dar el paso. "Estamos a la espera, llevamos meses a la espera. El partido está dormido", en voz de un alto cargo. Y ello sin contar que no se descarta el regreso de Esperanza Aguirre, que ya de por sí es líder del partido, y el nombre de Cristina Cifuentes no deja de sonar. "No sabemos si irnos con papá o con mamá", dicen a día de hoy.

En no pocas comunidades se habla de cambios. Esta misma semana, Alicia Sánchez Camacho (Cataluña) tuvo que descartar que formará parte de la candidatura europea. Según las fuentes consultadas, en un primer momento mostró interés por irse, luego lo dejó apartado y ahora podría volver a estar interesada. La cantidad de nombres que surgen en España para convertirse en europarlamentarios alarma a los que ya lo son y temen que se queden sin hueco. En Castilla-La Mancha, La Rioja o Murcia afrontan procesos de renovación que no están siendo fáciles.

La situación del gabinete

El silencio de Rajoy también alimenta roces en el propio gabinete. Así lo entienden las fuentes consultadas. El presidente deja hacer y las fricciones crecen. La enemistad entre Cristóbal Montoro y Luis de Guindos es la comidilla en Moncloa; también los roces entre Sáenz de Santamaría y José Manuel Soria o éste último con Montoro. El Ejecutivo se mueve y especula ante la aparente inacción del líder, y esto acaba traduciéndose en batallas internas. Además de Cañete y Soria, José Manuel García Margallo también estaría aspirando por una comisaría en la UE. Y es conocido que Guindos quiere presidir el Eurogrupo.

Rajoy dice ser previsible y su círculo próximo asegura que lo que menos le gusta son los líos. Pero con su inacción los alimenta. Así quedó constatado en Andalucía, pero también en el País Vasco, en el congreso más turbulento en años. Un presidente autonómico radiografía: "Sólo Mariano sabe lo que quiere hacer y a veces pongo en duda que él mismo lo sepa". Y, mientras, el partido especula e intenta hacer ganar su jugada.

La mayoría tiene claro que el partido está hecho unos zorros, pero también que una vez se pose el dedo -en cualquier de las citas electorales que están por llegar- nadie rechistará públicamente. "Tal vez Esperanza", matizan, pero poco más. Y todo ello, recalcan principalmente en el poder autonómico y local, con un enfado que se mantiene en las bases: impuestos y política antiterrorista es la queja más común, reconocen. Se está produciendo un incesante goteo de bajas de militantes, sin ir más lejos en la capital.

Pasan los días y se acercan las elecciones. Algunos creen que habrá crisis de Gobierno, otros la descartan. "Yo estoy tranquila y no veo señales", opinaba una de las ministras teóricamente de salida. "No tengo noticias y no he hablado de eso con Rajoy", desvelaba un barón que no sabe aún si irá a las urnas. "Me descarto o pierdo una batalla que no estoy dando", en voz de un cargo en las quinielas europeas. Mientras, Rajoy calla y apura los plazos. "Aquí no se da ninguna batalla porque el presidente decide y todos acatamos. Aznar tenía su libreta azul, Rajoy tiene su manejo de los tiempos. Pero con el expresidente no hubiera pasado que el PP no estuviera dando la cara y defendiendo a muerte las reformas del Gobierno", resume un histórico.

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