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El PP cambia de estrategia para frenar a Vox: de la confrontación al abrazo del oso

Guardiola coloca a Abascal frente al espejo de compartir gestión y desgaste.

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, con la presidenta en funciones de Extremadura, María Guardiola. | Cordon Press

El Partido Popular extrajo varias conclusiones del resultado electoral en Extremadura. Neutralizado el PSOE, el principal objetivo ahora es frenar el ascenso de Vox, a pesar de ser su aliado político. En la formación de Alberto Núñez Feijóo preocupa especialmente el porcentaje alcanzado por los de Santiago Abascal, un 17%, que lograron sin candidato conocido y en un territorio tradicionalmente de izquierdas.

La proyección de esa cifra en otras comunidades y, especialmente, a nivel nacional, pone en riesgo cualquier mayoría del PP, como apuntó acertadamente el presidente de Andalucía, Juanma Moreno, tras la victoria de María Guardiola. Los barones ya avanzaron a un cambio de rumbo con Vox el día posterior a los comicios, cuando elogiaron su resultado sin complejos.

La dirección nacional, con Feijóo a la cabeza, insistió después en que los extremeños habían votado en un 60% a la derecha, empujando a la presidenta en funciones a negociar con Vox, no con el PSOE. Y así lo hizo. A pesar de que la noche electoral prometió hablar con todos los grupos, sólo ha llamado a los de Abascal.

El primer contacto se produjo antes de las Navidades y, según ha podido saber Libertad Digital, no ha habido más llamadas. Sin embargo, el PP se descolgó este jueves con una propuesta lanzada a través de los medios: que Vox entre en el Gobierno y presida la Asamblea a cambio de un acuerdo de legislatura que incluya los presupuestos autonómicos. "Quien se presenta a unas elecciones para no gobernar, ¿para qué lo hace?", defienden fuentes del PP consultadas por este periódico.

Un cambio de estrategia que podría aplicarse también a nivel nacional, a pesar de que Alberto Núñez Feijóo prometió el pasado mes de junio no gobernar con Vox, convencido de que era la forma de contrarrestar la estrategia de Pedro Sánchez de agitar el fantasma de la ultraderecha. Roto ese esquema en Extremadura, se abre la vía para otro escenario en el que Feijóo y Abascal puedan acercar posturas, aunque públicamente vayan al choque para consolidar distintos espacios electorales.

Fuentes de Vox consultadas por este periódico muestran reticencias ante el ofrecimiento de Guardiola por haberlo hecho a través de la prensa, no de manera privada. Unas formas que consideran "poco serias". "Así no va bien con nosotros", aseguran. Evitan valorar el contenido de la propuesta, que les coloca en una encrucijada: rechazar entrar en el gobierno y evidenciar que sus promesas electorales caerán siempre en saco roto o aceptar la oferta y someterte al desgaste de la gestión.

El precedente de Cs y Albert Rivera

Es el conocido como abrazo del oso que el PP dio a Cs y que Vox ha estado esquivando hasta ahora, después de constatar que su entrada en los gobiernos autonómicos, sumado a la crisis interna, les hundió en las encuestas. El resultado de Alvise en las europeas, donde logró tres eurodiputados, hizo saltar aún más las alarmas en Bambú.

Aquél movimiento les permitió retener el voto protesta y ensanchar su base arrebatando votos al PSOE, su máxima aspiración desde que iniciaron su giro lepenista hace más de tres años. Un ascenso que empieza a chocar con los intereses del PP, satisfecho hasta ahora porque la suma de la derecha ronda los 200 diputados a nivel nacional. Sin embargo, si la subida de Vox sigue imparable, los de Feijóo podrían empezar a perder apoyos con respecto al 23-J, lo que abriría una crisis en la derecha.

Para evitarlo, el PP ha tomado la iniciativa en lugar de esperar a la propuesta de Vox que, de momento, sólo ha puesto sobre la mesa las 200 medidas que ya trasladó a Guardiola para apoyar las cuentas públicas en la anterior legislatura. Se trata, también, de una estrategia que afecta a la campaña electoral en Aragón y Castilla y León, donde ambos candidatos irán a las urnas habiendo perdido el miedo a decir que gobernarán con Vox si hace falta.

Aunque es una línea que ya cruzaron, lo hicieron forzados por Abascal y entre fuertes reticencias, tras un debate interno caótico que se saldó por la vía de los hechos, con Carlos Mazón pactando de manera apresurada con Vox y María Guardiola atacándoles ferozmente. Ahora, el PP vira y es el primero en ofrecer acuerdos de Gobierno a Vox para situarle frente al espejo de sus propias contradicciones.

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