El escándalo DAO hace tambalearse a Marlaska y, la gravedad de los hechos, pueden acabar con su carrera política. Los colaboradores señalan que el escándalo no es un hecho aislado, sino que existen al menos otras cuatro denuncias adicionales y ocho casos más en embajadas, destacando el trato vejatorio y el acoso brutal sufrido por subordinadas en la delegación de la India a manos de un comisario conocido internamente como Emilio El Loco.
La trama se complica con la aparición de una finca utilizada presuntamente para fiestas por parte de poderosos, donde se habrían mezclado miembros de la cúpula policial con figuras políticas. Según los testimonios, se habrían realizado grabaciones para extorsionar a aquellos que accedían a estas celebraciones, lo que demuestra una perversión sistémica de las instituciones públicas bajo el actual Gobierno. Se menciona específicamente a Francisco Pardo Piqueras, director político de la policía, quien se ha mantenido escondido sin dar explicaciones ante la gravedad de los hechos, reforzando la imagen de impunidad del sanchismo.
El testimonio de Alfredo Perdiguero, policía y representante sindical, arroja luz sobre la farsa de los protocolos internos de acoso. Perdiguero denuncia que el sistema está diseñado para que quien active el protocolo sea investigado por la propia unidad que depende de los mandos denunciados, lo que garantiza el archivo de las causas y el hostigamiento al denunciante. Además, critica duramente la práctica de premiar a los comisarios que cometen irregularidades con puestos de oro en embajadas, donde llegan a cobrar sueldos de hasta 30.000 euros mensuales, en lugar de ser sancionados o expulsados del cuerpo.

