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Anna Grau

Mariconadas las justas

Nadie está en condiciones de arrogarse la defensa de ningún colectivo ni orientación sexual. Quien lo pretenda o miente o tiene una agenda muy oscura.

El diputado del PP Jaime de los Santos interviene durante el último pleno ordinario del período de sesiones en el Congreso de los Diputados. | EFE/ Sergio Pérez

Una vez servidora sobresaltó a unos cuantos progres –de salón– diciendo en prime time de laSexta que "la homofobia es cosa de maricones". Que un hombre seguro de su sexualidad no necesita juzgar la de otros. Por eso me ha hecho bastante gracia, pues sí, la salida del diputado del PP Jaime de los Santos haciendo valer su personal visión del Orgullo Gay: estar orgulloso de ser del PP y de ser "maricón".

Creo que era Roberto Bolaño en Los detectives salvajes quien ponía a una feroz poetisa de la vieja guardia a desasnar a un melifluo crítico al grito de:

¿Te crees que enculando a cualquier muchachito alcanzarás el arte de Jaime Gil de Biedma? Él era homosexual y altísimo poeta y tú un escritorzuelo y triste maricón.

Sólo en un país como el nuestro, en que toda la tradición política se ha visto alterada por la Guerra Civil, posterior Dictadura y la apertura de una fea zanja que parecía obligar a todos los izquierdistas a ser ateos, anticlericales y quemacuras, y a todos los de derechas a reverenciar la sotana, se ha podido llegar a perder tanto de vista la brújula de la libertad. La libertad individual no es, no ha sido nunca, la prioridad de la izquierda. Mucho menos la sexual. ¿Cómo va a serlo, si su afán es el intervencionismo, la fiscalización, el decirle a todo el mundo lo que puede y no puede hacer con sus bienes, sus ideas y sí, también su cuerpo? ¿De verdad hay que recordar qué suerte corrieron Reinaldo Arenas y otros homosexuales que tuvieron la mala suerte de nacer en paraísos socialistas?

Ciertamente en todas partes cuecen habas. Y contradicciones. Se veía raro que el PP se opusiera a la legalización de matrimonio homosexual para después acudir en alegre procesión a la boda de uno de ellos con otra persona de su mismo sexo. Pero la cuestión es que aquí nadie está en condiciones de arrogarse en exclusiva la defensa de ningún colectivo ni orientación sexual. Quien lo pretenda, o miente, o tiene una agenda muy, muy oscura. La misma que permite oponerse a la ablación de clítoris pero no a la mutilación ideológica de legiones de adolescentes hechizados por un credo trans… que pocas veces se valida médicamente con las debidas garantías. Y luego pasa lo que pasa.

Yo creo que sería una magnífica noticia que llegara el día en que no hubiera que celebrar ni el Orgullo Gay ni el de no serlo, porque todo esto estuviera tan asumido, se diera tan por descontado, que, dentro de un orden y de un respeto a los derechos de los demás, cada cual pudiera tener la fiesta en paz. Que ni maricones ni lesbianas ni frígidas ni impotentes tuvieran que preguntarse qué partido político les representa, porque les respetaran y les representaran todos. Que a nadie se le negara esa representación, como ocurrió en 2019, cuando bajo la mirada complacida de Fernando Grande-Marlaska varios dirigentes de Ciudadanos tuvieron que abandonar la manifestación del Orgullo Gay en Madrid bajo una lluvia de insultos, orines y pedradas. Los que no les querían allí lo que no querían era que nadie les discutiera el monopolio de defender la libertad… según ellos la entienden. Que si lo piensas despacio, no da otra cosa que pavor.

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