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¿Censura?

Ya harta ver siempre a los mismos alardear de un "progresismo" homologado por el poder mientras predican el amordazamiento de quien piense distinto.

Ya harta ver siempre a los mismos alardear de un "progresismo" homologado por el poder mientras predican el amordazamiento de quien piense distinto.
Cuatro (Mediaset) | Cuatro (Mediaset)

He seguido con interés, con pasmo y con algo de vergüenza —mayormente ajena, pero también un poco propia— todo este rifirrafe en torno a la salida de Marta Nebot del programa En boca de todos que presenta Nacho Abad en las mañanas de Cuatro. Según ella, la censuraron por sus ideas "progresistas". Nacho Abad contraatacó emitiendo unas imágenes donde Nebot afirma sentirse avergonzada de estar ahí, en ese plató, y precisando que la línea roja no estuvo en las ideas sino en la actitud.

Vamos por partes, como Jack el Destripador. Si quien esto firma tuviera que "chivarse" de los programas de radio y de televisión en que la han censurado, no por maleducada precisamente, sino por llevar la contraria al guión y al paradigma dominante, ya les juro yo que este artículo se me quedaba corto. Y que el lector se llevaría unas cuantas sorpresas. A mí me han echado de un programa del que era colaboradora regular por criticar el pin parental de Vox; de otro, por defender a Israel y por decir que el único genocidio palestino que verdaderamente existe es el perpetrado por las naciones y organizaciones terroristas antisionistas que anteponen la destrucción de Israel a la construcción de ningún Estado palestino; una gran dama de la radio con la que llevaba años colaborando me informó de que iba a prescindir de mis servicios por mis "ideas extremistas" después de discutir en directo si Carles Puigdemont era o no era técnicamente un prófugo de la justicia. De ese nivel de terraplanismo hablamos. Por cierto, yo defendía que sí lo era y todo un Juan Manuel de Prada defendía que "para él, no".

Oír para creer. En fin, por eso he asumido siempre con deportividad tanto que me seleccionen, como que me enseñen tarjetas rojas. Nunca he preguntado a nadie por qué me invitaba a colaborar en su programa, ni por qué me invitaba a abandonarlo. Sería tan absurdo cómo preguntar a alguien porque un día te quiso y ya no.

Otra cosa es sacar conclusiones. Creo que llevo bastante en este oficio para poder sacar algunas. Ahí van: en tiempos, los moderadores o conductores de tertulias, así fuesen conocidos por su sesgo ideológico, tenían que ejercer su moderación o conducción con exquisita neutralidad. O parecerlo. Eso cada vez está menos de moda. Los hay que resisten dignificando el oficio, pero cada vez son más los más orgullosos de "defender aquello en lo que creen" que de informar con veracidad y opinar con sensatez.

En el clima bipolarizado actual, los activistas triunfan más que los periodistas. Los que deploran el show business de Vito Quiles y claman por su expulsión del ágora parlamentaria a lo mejor podrían darle una vuelta a algunas perlas cultivadas de agit-prop por ejemplo de Silvia Intxaurrondo, esa que tan baratita nos sale. O la misma Marta Nebot, que no estaría de más recordar que se hizo famosa sacando de quicio una anécdota estúpida con José María Aznar. Ella le preguntó no sé qué en tono provocador, él en lugar de contestar le puso un bolígrafo en la solapa, ella se dio la vuelta denunciando que le habían "insertado un objeto"… y curiosamente zanjó el tema igual que ahora. Diciendo que no sabía cómo tomárselo.

Yo no sé si Marta Nebot es progresista. Lo que tengo claro es que es oficialista. Va con los que mandan. A ver, no a todo el mundo que le quitan una colaboración le da ánimos públicamente Óscar Puente. Supongo que es cuestión de tiempo que la nueva "mártir" de la Brunete mediática sanchista aterrice en otro programa más chulo y mejor pagado. Hay quien capitaliza los despidos como otros capitalizan el paro.

Es bastante desoladora y lamentable esta dinámica de moros y cristianos, que de momento van ganando sin discusión los moros. Yo siempre he dicho lo siguiente: sin considerarme una persona especialmente de derechas —me consideraría una liberal o incluso libertaria progresista—, para trabajar siempre he preferido los medios de derechas a los de izquierdas. Porque en los primeros, si no eres de confianza o de la cuerda, igual no te hacen directora, pero te dejan respirar. En los de izquierdas, o marcas el paso o no te dejan acercar ni a la máquina fotocopiadora.

A nivel de tertulias todavía es peor. Cuando un medio o un programa muy oficialista de izquierdas —no diré nombres, usen su memoria y su imaginación— quiere dárselas de plural y de invitar a todo el mundo, pesca en las aguas de la "derecha" con mucho cuidado. Curiosamente no buscan al más moderado, dialogante, conciliador. Qué va. Buscan al "facha" más indocumentado y más grotesco, más fácil de ridiculizar y de reducir al absurdo. Si no eres de ellos, pero sabes defender lo tuyo con un punto de seriedad, es muy probable que no tengas la oportunidad de defenderlo dos veces.

¿Es en cambio el espacio mediático de derechas, o meramente no de izquierdas oficialistas, una inmaculada congregación de seres de luz, incapaces de veto, manipulación o censura? No, claro que no. Pero si algo se ha demostrado es que son históricamente más torpes, más blandos, más dubitativos. Les da más vergüenza. Lo que ha hecho Nacho Abad —dar explicaciones— a según quien ni se le ocurre. Vamos, ni harto de vino.

En resumen: nunca es buena noticia que la pluralidad de voces se limite en ninguna plataforma, a ningún nivel. Pero, francamente, ya satura e incluso harta ver siempre a los mismos alardear de un "progresismo" homologado por el poder de turno y una "pluralidad" de andar por casa mientras predican sin rubor el amordazamiento de cualquiera que piense distinto… o simplemente piense. La opinión personal es sagrada pero la objetividad periodística, o por lo menos honestidad, más. Quien de verdad defiende aquello en lo que cree no suele odiar a quien hace lo mismo desde creencias incluso opuestas. Los únicos que odian a muerte la dialéctica son los que no tienen nada más que defender que su medro personal. A cualquier precio u opinión.

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