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Emilio Campmany

Siempre nos quedará Pumpido

Ahora se hace evidente por qué el presidente asumió el desgaste de pedir a Conde-Pumpido que hiciera la cacicada del caso de los ERE.

Cándido Conde-Pumpido y Pedro Sánchez durante la visita del Papa León XIV al Congreso de los Diputados | Eduardo Parra / Europa Press

Con diferencia de horas, dos notables socialistas en apuros han anunciado que pedirán la nulidad: de la sentencia, en el caso de Ábalos, y de las actuaciones hasta ahora realizadas, en el caso de Zapatero. Ambos por vulneración de sus derechos fundamentales. La apelación a esa clase de derechos apesta a Pumpido. La pretensión del primero carece de fundamento. La del segundo tiene algo más de base. Pero, eso es lo de menos y no tiene sentido discutir los argumentos de uno y otro porque se estimarán o no dependiendo de lo que haya decidido Sánchez, no de su rigor.

Cuando Pumpido, a toro muy pasado, libró de toda responsabilidad criminal a Chaves y a Griñán en el caso de los ERE, no fueron evidentes las razones. Sánchez no debía nada a quienes presidieron el latrocinio y, desde el punto de vista de la opinión pública, escasa remuneración cabía esperar de la exculpación de los responsables de un asunto con tan mala prensa. Ahora se hace evidente por qué el presidente asumió el desgaste de pedir a Pumpido que hiciera la cacicada. Lo hizo para que para otros fuera creíble la promesa de que el Constitucional los libraría de toda culpa a cambio de su silencio. Cuánto más lejos de la razón estuviera la sentencia del Constitucional, más creíble sería la promesa. Por eso se escogió el caso de los ERE. El mensaje fue claro: Pumpido salvará a todo preboste socialista por pobre que sea la base jurídica a la que haya que recurrir para hacerlo siempre que el interfecto se mantenga silente.

La relativa apatía de Ábalos durante el juicio, su desconexión con los argumentos que podrían haber servido mejor a su defensa, la renuncia a buscar una rebaja de la pena colaborando con la Fiscalía, era todo prueba de que alguna clase de promesa había recibido. Ahora se ve que es la estimación de su recurso de amparo ante el Constitucional. Por eso Ábalos no quiso renunciar, como le aconsejaron, al acta de diputado. Para que el juicio fuera en el Tribunal Supremo y hubiera una sentencia irrecurrible lo antes posible y poder así interponer cuánto antes el recurso a Pumpido.

Zapatero no puede esperar a una sentencia y, cuando su petición de nulidad de actuaciones haya agotado los recursos ante la jurisdicción ordinaria, apelará la decisión en recurso de amparo ante el Constitucional con el argumento de que la clonación del teléfono de Robles en Estados Unidos se hizo sin previa autorización judicial. Hay doctrina de que las pruebas obtenidas legalmente en otro país lo son también aquí. Pero es una jurisprudencia que Pumpido puede fácilmente revocar con su elocuencia, digna de mejor causa, disfrazando el disparate.

Los habrá que piensen que desde el punto de vista político da igual porque Zapatero ya está retratado ante la opinión pública. No es así. Lula da Silva, obvio político corrupto, sepultado en pruebas que le señalaban, se libró por un tecnicismo similar al que Pumpido aplicará a Zapatero y, no sólo se volvió a presentar y salió elegido presidente, sino que ahora es recibido en todos sitios como luminaria de la izquierda entre alabanzas de tirios y troyanos. Indultado preventivamente por Pumpido, no sería de extrañar que Zapatero volviera a los mítines socialistas a decir sus habituales memeces.

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