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Reflexiones y sentadillas

Quizá el presidente debería tomar nota porque de algunas reflexiones históricas salieron muchas decisiones inteligentes.

Quizá el presidente debería tomar nota porque de algunas reflexiones históricas salieron muchas decisiones inteligentes.
Pedro Sánchez durante el pleno del Congreso en la que se han rechazado sus dos decretos de vivienda. | Eduardo Parra / Europa Press

Pedro Sánchez no reflexiona, cranea. Contorsiona las meninges. Agita los lóbulos. Pone a las neuronas a farmear aura. Del estrépito en la corteza cerebral, allá donde el cráneo pierde su nombre, salen siempre tres hallazgos, tres conceptos, tres brochazos que son la base más elaborada de su acción reflexiva: amor, Peugeot, y cloacas.

Si alguna vez llega más allá de tales ocurrencias, se le contraen los músculos como el morro de Smart Fortwo, se le hunden los pómulos, y emite un sonido similar al que hace mi cocina de vitrocerámica cuando te dejas una olla hirviendo sobre los botones: "Piiiii". La única manera de reiniciarlo es pidiendo ayuda a Begoña Gómez, no a su mujer, sino a Begoña Gómez, que es su mujer.

Casi todos los personajes de la historia han llevado a cabo retiros y reflexiones en los momentos más delicados. El primer periodo de reflexión de la historia lo abrieron Adán y Eva tras la expulsión del Paraíso.

— ¿Quién te mandó morder la manzana, pedazo de idiota?

— ¡Pero si fuiste tú, Eva!

— ¿Y si te digo que te tires por la ventana también lo haces?

— Todavía no se ha inventado la ventana… Está previsto que las primeras aparezcan en Mesopotamia, y no será hasta la llegada de los romanos cuando empiecen a instalarse ventanas con vidrio, o sea, ventanas.

— ¿Me estás haciendo mansplaining, Adán?

— En absoluto, cariño, tu inteligencia es superior, tu inteligencia es un amanecer, una explosión de sabiduría, un paraíso, eres astuta cual serpiente…

— Muy gracioso. Duermes en la entrada de la cueva.

Célebre fue también la reflexión de Robinson Crusoe tras el naufragio –"estoy jodido"-, la de Beethoven asumiendo que sería músico y sordo –"¿cómo?"-, y la de Carlos V en su retiro en el monasterio de Yuste –"¡que suene la música!"-. Cómo olvidar la de Napoleón en Santa Elena tras Waterloo –"nunca interrumpas a tu error cuando esté cometiendo un enemigo"-, la del entrenador de Malta en 1983 tras el 12-1 –"¿qué ha pachao?"-, la de Noé en el arca con tapones en los oídos –"al menos tenemos la despensa llena"-, o la de Clinton después de que Lewinsky le pintara coloretes –"lo que pasa debajo de la mesa del Despacho Oval se queda debajo de la mesa del Despacho Oval".

Quizá el presidente debería tomar nota porque de aquellas reflexiones históricas salieron muchas decisiones inteligentes. Edipo, tras descubrir que se había casado con su madre por error, se arrancó los ojos; Caravaggio se largó de la ciudad después de asesinar a Ranuccio Tomassoni; y Nixon dimitió por el escándalo Watergate. Dimitió del verbo dimitir, que Pedro Sánchez solo sabe conjugar en voz pasiva.

Hace tiempo se hizo popular en Twitter la cuenta que examina la actividad de las pizzerías que rodean al Pentágono para predecir conflictos y bombardeos de Estados Unidos. Cada periodo de reflexión del inquiokupa de La Moncloa, se disparan los pedidos de whisky en las inmediaciones de la avenida Padre Huidobro, lo que luego se traduce en chinches en Sol, maricármenes, paquitas, compraventa de narcos, o el aireo de los papeles clasificados del 23-F.

A esta hora, solo Sánchez sabe qué nos deparará su enésimo periodo de meditación, cavilación, y retiro. Dice que mantiene abiertos todos los escenarios posibles excepto, supongo, el de ponerse a disposición judicial, que es el que casi todos los españoles deseamos. Por lo demás –y no necesariamente desconectado de lo anterior-, crecen los rumores de que podría publicarse en los próximos días parte del contenido del famoso móvil hackeado del presidente, de modo que mi consejo de servicio público a ustedes es que hagan hoy mismo un pedido industrial de velas, otro de papel higiénico, y cancelen todos sus viajes previstos en tren. Guarden el consejo.

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