La socialdemocracia ya no está en crisis. Ya no. La socialdemocracia está muerta. Muerta y enterrada. La mató la inmigración. Quizá habría que decírselo a Sánchez.
Lo que exigen como obligado para los españoles, lo consideran en cambio prescindible para los manteros africanos. Pero los racistas son quienes piden que la ley sea igual para todos.
La realidad nos enseña que las disparidades son la norma, no la excepción que debe ser explicada, y que están causadas por razones muy distintas a la genética o la discriminación.