Menú

La demagogia de la izquierda con los manteros

Lo que exigen como obligado para los españoles, lo consideran en cambio prescindible para los manteros africanos. Pero los racistas son quienes piden que la ley sea igual para todos.

0

En la misma plaza de Lavapiés que fue el epicentro de los disturbios de la pasada primavera –en los que inmigrantes ilegales y radicales de extrema izquierda arrasaron el mobiliario urbano, rompieron escaparates, saquearon comercios, destruyeron cajeros automáticos, incendiaron contenedores y agredieron a periodistas y fuerzas del orden–, un portavoz de los manteros dio el pregón de las fiestas del barrio. En él ha denunciado como "racismo institucional" el mero hecho de que la policía persiga esta actividad ilegal, exigiendo que les dejen delinquir en paz. Por ello ha recibido el aplauso de Ahora Madrid, la coalición que gobierna el ayuntamiento, y que junto a Ada Colau en Barcelona están permitiendo en la práctica este comercio ilegal, mientras muestran toda su inquina contra terrazas y floristerías con los papeles en regla.

La teoría del "racismo institucional", como casi todas las malas ideas, ha sido importada de Estados Unidos, donde se habla de "impacto desproporcionado". La idea sería que aunque una medida o una ley no se haya adoptado por razones racistas ni tenga en cuenta la raza en su texto, si su impacto se siente de forma desproporcionada sobre una minoría racial es una ley injusta que debe derogarse. Así, aunque las normas contra la venta ambulante no hayan sido adoptadas contra los negros –algo obvio porque preceden en muchos años al fenómeno de los manteros africanos–, ni las razones por las que se aprobaron tengan nada que ver con la raza de quienes ejercen hoy esta actividad, hacerlas cumplir es racista.

Habrá quien vea la actividad de los manteros con simpatía porque trabajan duro, ganan poco, tienen un vida difícil y en general no hacen daño a nadie. Más o menos por estas razones han salido en su defensa significados izquierdistas como Gabriel Rufián o Rubén Sánchez, portavoz de FACUA. Sorprende este último caso, al tratarse de una asociación de consumidores altamente subvencionada que pone el grito en el cielo cuando un negocio carece del preceptivo libro de reclamaciones, pero a la que le parece bien la existencia de un comercio de imitaciones que no paga impuestos, no pide permisos para ocupar la vía pública ni paga ningún canon por ello, carece de garantías y es ejercido por personas sin contrato, alta de autónomos o retención fiscal de ningún tipo. Lo que exigen como obligado para los españoles, lo consideran en cambio prescindible para los manteros africanos. Pero los racistas son quienes piden que la ley sea igual para todos.

Los comercios legales están sometidos a unas enormes barreras de entrada regulatorias, que encarecen artificialmente su actividad a cambio de unos beneficios para sus clientes en ocasiones más que dudosos. Pagan unos impuestos que muchos juzgamos excesivos, pero que son los que marca la ley. Y a cambio lo que reciben es la incomprensión, cuando no animadversión, de los responsables municipales mientras tienen que observar cómo sus competidores se pueden saltar todas las normas que para ellos son obligatorias y hasta les conceden el honor de ser pregoneros de las fiestas. Mientras, los ciudadanos tienen que circular por unas vías públicas atestadas –la paliza que propinaron los manteros de Barcelona a un turista tuvo su origen en las quejas una madre que no tenía sitio para pasar el carrito de su bebé– y en ocasiones sufrir el riesgo de ser atropellados por unos manteros a la fuga.

Cada vez es más extendida la demagogia de considerar que una misma acción es defendible y legítima cuando la ejercen "los de abajo", mientras resulta abominable si los culpables son "los de arriba", que resumió Anatole France cuando escribió que "la ley, en su magnífica ecuanimidad, prohíbe, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan". Pero la ley también prohíbe a ricos y pobres por igual el uso en beneficio propio de información privilegiada en los mercados. Si las normas dejan de ser iguales para todos abandonaremos el ideal de un gobierno de leyes y pasaremos a la tiranía del gobierno de los hombres, donde los poderosos eligen quién gana y quién pierde. La venta ambulante ilegal debe perseguirse, y debe cesar la demonización de la policía por hacer ese trabajo. Aunque sea mucho pedir a la izquierda dejar de hacer demagogia con este asunto.

En España

    Lo más popular

    0
    comentarios

    Servicios

    Máster EXE: Digital Marketing & Innovation