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ESCOGIÓ A PUTIN COMO ESCUDO

Escándalo en Rusia tras la publicación de extractos de las memorias de Yeltsin

El ex presidente ruso Borís Yeltsin dice en sus memorias que escogió como sucesor a Vladímir Putin "sólo por el bien de Rusia", pero los extractos publicados hasta ahora delatan que más bien buscaba un escudo para protegerse de la Justicia. Así se deja ver en algunos párrafos de su libro "El maratón presidencial", presentado en Moscú poco antes de su lanzamiento mundial, que se producirá esta semana en la feria de Fráncfort.



Las confesiones de Yeltsin, quien antes de dimitir estuvo cerca de ser destituido por el Parlamento bajo cinco acusaciones de graves delitos, se publican mientras el Tribunal Constitucional se prepara para dictaminar sobre la legalidad de la inmunidad que le otorgó Putin. Fragmentos de tres capítulos aparecidos en la prensa rusa estos días revelan también que, pese a su afirmación de que los llamados "oligarcas" no influían en él, se las arregló para destituir a los dos hombres que más luchaban contra la corrupción.

Esos dos personajes eran Serguéi Kovaliov, director en 1998 del Servicio Federal de Seguridad (FSB, antiguo KGB) y Yevgueni Primakov, primer ministro hasta mayo de 1999. Yeltsin los sustituyó en ambas ocasiones por el mismo personaje, un Putin que realizó una meteórica carrera política casi desde el anonimato hasta el Kremlin.

En los primeros textos publicados de "El maratón presidencial", tercer volumen de sus memorias, el ex presidente afirma que se fijó en Putin por "su carácter luchador" y que llevaba tiempo "en busca de un hombre de ese calibre". Cuando llegó el momento de dejar el cargo porque "debía dimitir a tiempo" y porque "hacía falta un nuevo presidente", escogió a Putin.

Las decisiones de dimitir y de designar sucesor las tomó "sólo en bien de Rusia", asegura Yeltsin, quien escribe que "en toda Rusia no había ni hay alternativa a Putin, un político joven, enérgico y fuerte que ha demostrado su compromiso con la democracia". "En cierto sentido, Putin salvó al país del pánico, de la amenaza de colapso de la Federación Rusa y del caos", subraya.

Pero pese a las muchas páginas dedicadas a los últimos días en el Kremlin, Yeltsin no aclara por qué escogió ese momento para dimitir, y en otros párrafos aporta otra interpretación sobre su heredero. "Gradualmente fui reflexionando sobre: ¿quién está conmigo, quién me va a apoyar?", escribe el ex presidente en relación al momento en que decidió destituir a Primakov el año pasado. A continuación, el propio Yeltsin se contesta a sí mismo: "en algún momento me di cuenta: Putin".

Las preguntas que se hace Yeltsin vienen justo después de opinar sobre uno de los episodios más oscuros de Putin, ocurrido en 1997, cuando era número dos en el ayuntamiento de San Petersburgo, cuyo alcalde, Anatoli Sobchak, estaba procesado por corrupción. "Cuando supe que Putin había sacado a Sobchak al extranjero, mi reacción fue ambivalente", reconoce Yeltsin en un doble juicio sobre el "riesgo" de un acto que vulneraba la legalidad y sobre el "profundo respeto humano" por el valor de la amistad.

Este episodio, que por primera vez se confirma por escrito aunque se conocía, se refiere a cómo Putin se las arregló para que Sobchak saliera del hospital en que estaba internado por un infarto y se embarcara en un avión hacia París. Las memorias de Yeltsin no ocultan su admiración por Putin al dar ese paso para proteger a su amigo y padrino político, Sobchak, quien falleció hace pocos meses.

La peripecia de Sobchak también está en el fondo de otra decisión el año anterior, cuando el entonces presidente llegó a la conclusión de que debía destituir a Kovaliov porque "tenía una íntima antipatía por los hombres de negocios". "Era superior a sus fuerzas: no le gustaba la gente que tenía mucho dinero", explica Yeltsin, a quien se atribuye estrecha amistad con varios "oligarcas" o nuevos multimillonarios, en particular el polémico magnate Borís Berezovski.

"Yo tampoco había olvidado cómo en 1996 los investigadores del FSB habían llevado el ficticio asunto de Sobchak", confiesa Yeltsin al calificar de "política" la acusación contra el alcalde. El ex presidente sigue su relato: "Así que en el verano de 1998, empecé a pensar: ¿a quién pongo en lugar de Kovaliov?". "La respuesta me llegó inmediatamente: Putin", concluye Yeltsin, quien pocas horas después de entregar el poder al nuevo presidente obtuvo por decreto la inmunidad absoluta para él y su familia.

El "paquete de jubilación", como se le llamó en su día, incluyó totales garantías contra acciones judiciales, protección, sueldo vitalicio y uso gratuito de comunicaciones y transportes públicos. Considerado anticonstitucional por círculos de la oposición, el más alto tribunal de Rusia abordará la legalidad del decreto en su nueva sesión y se espera un dictamen para el mes que viene.

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