El escritor y periodista Plinio Apuleyo Mendoza dio comienzo a la sesión de la mañana del sábado con un análisis de la situación de su país, Colombia. Las FARC y el ELN llevan más de cuarenta años atormentando a la sociedad colombiana con una estrategia de desgaste a largo plazo calcada de la guerrilla vietnamita. La guerrilla más antigua del mundo, cuyos referentes políticos son los atroces totalitarismos cubano y norcoreano, siega la vida de 30.000 colombianos al año, secuestra a más de 3.000 y ha provocado dos millones de desplazados.
Su principal fuente de financiación, una vez cortadas las fuentes de financiación soviéticas, es el narcotráfico –mil millones de dólares al año–, que a pesar de la campaña de fumigación de cultivos no ha hecho más que aumentar. Plinio Apuleyo se muestra partidario de la legalización como la solución óptima al problema, aunque señalo la imposibilidad práctica de acometerla unilateralmente, por lo que considera que la única salida posible es una reforma legal que permita actuar con plena eficacia al ejército y la justicia –actualmente infiltrada por ONG partidarias de la guerrilla–, y el completo abandono de la política pactista de Pastrana, que no ha hecho más que fortalecer a las FARC y el ELN.
En cuanto a las consecuencias del once de septiembre para Colombia, Plinio Apuleyo cree que EEUU no puede seguir sosteniendo la tesis de un conflicto local, porque es patente que la guerrilla colombiana comparte campos de entrenamiento y objetivos con grupos terroristas como la ETA, el IRA y otros grupos islámicos, todos enemigos de lo que representa Occidente y, particularmente, EEUU.
A continuación, el periodista uruguayo Rubén Loza analizó el impacto que para su país puede tener el 11 de septiembre. El primer objetivo de un país pequeño como Uruguay es conseguir no verse eclipsado en el concierto internacional, procurando anticiparse sus iniciativas de los principales actores. Uruguay, siguiendo esta línea, se ha mostrado partidario de colaborar activamente en la represión del terrorismo, procurando activamente que ninguna célula integrista se instale en su territorio superando el antiamericanismo que domina la izquierda uruguaya.
Rocío Guijarro, gerente del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (CEDICE), inicio su intervención destacando la poca credibilidad del régimen Chavista venezolano a la hora de condenar los atentados, para pasar a relatar el largo historial de complicidad que une a Chávez con casi todos los regímenes que alientan y cobijan el terrorismo. Una merecida denuncia a la política exterior de Chávez que Guijarro completó con un repaso a la no menos injustificable situación interna del país, en donde los derechos de propiedad corren peligro y la libertad económica es víctima de un populismo barato.
El economista Carlos Rodríguez Braun destacó que las principales víctimas de las dos guerras mundiales fueron el comercio exterior y la moneda, que aún siguen bajo el control del Estado, ya que la libertad de comercio depende de acuerdos multilaterales y la política monetaria de los bancos centrales. La Guerra Fría hizo surgir el estado del bienestar y el intervencionismo en Occidente, que en aquella época se consideraba una vacuna contra el comunismo. No obstante, la caída del muro de Berlín propició que se revisaran los fundamentos de las políticas económicas. Empezó a cuestionarse el estado de bienestar y las políticas inflacionistas quedaron completamente desacreditadas, propugnándose la completa independencia de los bancos centrales respecto del poder político y la recuperación del principio de la competencia como rector de la vida económica.
Sin embargo, los sucesos del once de septiembre han servido de pretexto a los defensores del intervencionismo de inspiración keynesiana para resucitar sus viejas tesis, mil veces refutadas por la experiencia. No obstante, Rodríguez Braun no teme una vuelta atrás por las siguientes razones: en primer lugar, porque el escrutinio –fruto de la globalización– al que se ven sometidas las políticas nacionales, impide que los gobiernos cedan totalmente a los cantos de sirena del intervencionismo sistemático. En segundo lugar, puesto que la presión fiscal ya es asfixiante, no es probable que los contribuyentes vayan a tolerar nuevos incrementos impositivos, máxime cuando la democracia –al contrario que en los años 30– ya es absolutamente incuestionable.
El abogado peruano Enrique Ghersi abordó un aspecto de la globalización que también se va a ver afectado por el atentado del once de septiembre, como es la internacionalización de la justicia; un proceso institucional que ya se había iniciado con anterioridad a los atentados pero que va a recobrar protagonismo como consecuencia de los mismos. Gershi señalo los dos senderos por los que puede discurrir este aspecto de la globalización judicial. Por una lado, el proceso espontáneo de competencia entre los diferentes ámbitos y sistemas judiciales, y por otro, la tentación de someter a una única jurisdicción internacional los litigios y delitos de naturaleza transnacional. Tras destacar la superioridad de la opción competitiva que hacen posible las cláusulas arbitrales, el escritor peruano también quiso dejar patente su postura ante el dilema seguridad-libertad, advirtiendo del riesgo de sacrificar la libertad invocando su defensa.
