La designación por el teniente general Ricardo Izurieta, definidos como de "fuerte renovación", implica el pase a retiro de 12 miembros del actual alto mando, que serán reemplazados en enero próximo por igual número de coroneles, que tendrán el rango de brigadier general.
Asimismo, el general Ricardo Izurieta deberá dejar su puesto el 11 de marzo del año 2002, tras cuatro años al frente de la institución. En ese momento será reemplazado por alguno de los otros 40 generales que desde el próximo año formarán el alto mando.
En este contexto, para los analistas políticos, los nombres que surgen como probales para la sustitución de Izurieta al frente Estado Mayor son: el general Juan Emilio Cheyre; el nuevo jefe de la II División de Ejército, brigadier general Juan Carlos Salgado y del general Carlos Molina Johnson, director de Operaciones. El analista político de la Universidad de Chile, Guillermo Holzmann, ha señalado al diario “El Mercurio” que, "es obvio el nivel de entendimiento exhibido en este proceso por Izurieta y el Gobierno".
Lo primordial, no obstante, es la característica del nuevo alto mando "que abre espacios a oficiales de una nueva generación, tanto por su formación como por sus vínculos directos con el gobierno militar", sostiene Guillermo Holzmann, quien además ha enfatizado que es un signo positivo del Ejército, consistente con la modernización que lleva adelante.
Para Holzmann, el nombramiento de Cheyre al mando del Estado Mayor es "muy importante", considerando sus últimas destinaciones, sobre todo la del Comando de Institutos Militares, donde ya ha acumulado suficiente experiencia para encabezar el proceso modernizador. Asimismo, cree posible encarar uno de los máximos retos del Ejército: no sólo modernizarse, sino ser capaz de aportar al diseño de un nuevo sistema de defensa nacional, más acorde con las nuevas necesidades del país, lo que puede implicar, incluso, la creación de un nuevo Ministerio de Defensa.
El profesional ha recalcado que todo ello no implica reducción de presupuesto, pues éste debe definirse en función de las necesidades de alcanzar niveles de operatividad cercanos a los de las potencias mundiales
