L D (EFE)
Fue el 3 de agosto de 1979 cuando Teodoro Obiang, entonces viceministro de Defensa, protagonizó una asonada militar que puso fin a los once años de dictadura de su propio tío, Francisco Macías Nguema, que fue ejecutado sumariamente apenas dos meses después. Al frente de lo que él mismo denominó entonces “golpe de libertad”, Obiang implantó un régimen que durante más de dos décadas ha alternado etapas de tímidas reformas políticas, incluidas polémicas elecciones legislativas y presidenciales, con otras de persecución implacable de sus opositores.
Los actos conmemorativos del aniversario se celebrarán oficialmente en la ciudad de Evinayong, capital de la provincia de Centro Sur, en la parte continental del país. Los principales líderes opositores criticaron la celebración de estos actos mientras sesenta opositores condenados el pasado junio a penas que van de seis a veinte años de prisión por una supuesta intentona golpista, viven en condiciones infrahumanas en la cárcel de Black Beach, en las afueras de Malabo, la capital de la nación. Celestino Bakale, candidato a la Presidencia de la República por el partido Convergencia para la Democracia Social (CPDS) en las próximas elecciones, aún sin convocar, dijo desde Malabo que el “sistema ha sufrido un grave retroceso y hay serios intentos de volver al régimen de partido único”.
Agregó que las autoridades guineanas “quieren acabar con los dirigentes de la oposición y las voces disidentes”, y denunció las duras condiciones de vida de la mayor parte de la población, compuesta por un millón de habitantes repartidos en 28.000 kilómetros cuadrados. La institucionalización de la corrupción y la pobreza en la que vive la mayoría de la población, a pesar de que el país produce unos 560.000 barriles de petróleo diarios, son otros de los temas denunciados por líderes opositores como Bakale, que esperan la convocatoria de elecciones generales para el próximo año.
Los actos conmemorativos del aniversario se celebrarán oficialmente en la ciudad de Evinayong, capital de la provincia de Centro Sur, en la parte continental del país. Los principales líderes opositores criticaron la celebración de estos actos mientras sesenta opositores condenados el pasado junio a penas que van de seis a veinte años de prisión por una supuesta intentona golpista, viven en condiciones infrahumanas en la cárcel de Black Beach, en las afueras de Malabo, la capital de la nación. Celestino Bakale, candidato a la Presidencia de la República por el partido Convergencia para la Democracia Social (CPDS) en las próximas elecciones, aún sin convocar, dijo desde Malabo que el “sistema ha sufrido un grave retroceso y hay serios intentos de volver al régimen de partido único”.
Agregó que las autoridades guineanas “quieren acabar con los dirigentes de la oposición y las voces disidentes”, y denunció las duras condiciones de vida de la mayor parte de la población, compuesta por un millón de habitantes repartidos en 28.000 kilómetros cuadrados. La institucionalización de la corrupción y la pobreza en la que vive la mayoría de la población, a pesar de que el país produce unos 560.000 barriles de petróleo diarios, son otros de los temas denunciados por líderes opositores como Bakale, que esperan la convocatoria de elecciones generales para el próximo año.
