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Carrascal: "En Berlín hubo auténtico pánico cuando mataron a JFK"

El periodista español José María Carrascal cuenta para Libertad Digital cómo vivió el asesinato de JFK desde el Berlín dividido por el muro.

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El periodista español José María Carrascal cuenta para Libertad Digital cómo vivió el asesinato de JFK desde el Berlín dividido por el muro.
José María Carrascal, en una imagen de archivo | EFE

"El único periodista español que vio levantar el muro de Berlín. Testigo de excepción de la guerra de Vietnam; de las revueltas raciales de Luther King; del movimiento cultural Hippie. Cubriendo cada hazaña de la carrera espacial. Informando del escándalo Watergate. Siguiendo paso a paso el polémico caso Iran Gate. Analista de la era Reagan. Fue el único periodista español que lo entrevistó en la Casa Blanca. Escritor. Ganador del prestigioso Premio Nadal. Dio la primicia de la Guerra del Golfo". Así presentaba una voz en off a José María Carrascal en los informativos de Antena 3 Noticias en 1991, antes de que el propio Carrascal dijera: "Y aunque parezca mentira, después de tantos años y de tantas cosas, sigue uno con la misma ilusión".

Y así, con la misma ilusión de siempre y esa bonhomía que dejaba traslucir en cada uno de sus informativos, José María Carrascal atendía a Libertad Digital con motivo del 50 aniversario del asesinato del presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy el 22 de noviembre de 1963 en Dallas. Ya no utiliza el télex o el fax para comunicarse con la redacción en Madrid. El ordenador, "una máquina de escribir muy perfecta" para Carrascal pero a la que no le saca mayor partido -"las cosas de la informática se las dejo a los más jóvenes"- hace el trabajo de mensajería de forma automática.

Aquel noviembre de 1963, José María Carrascal no estaba en EEUU. Seguía siendo corresponsal de ABC en Berlín. Llevaba allí un tiempo, el suficiente como para ser testigo de excepción del levantamiento del muro de Berlín en 1961 -"entonces no era muro, sino sólo una alambrada", recuerda Carrascal, aunque "cuando mataron a Kennedy ya habían construido el muro de cemento"-.

Aquel 22 de noviembre de 1963, los tres disparos en Dallas resonaron en todo el mundo, pero fuera de EEUU, en ninguno con tanta intensidad como lo hizo en Berlín. Allí, a cuatro kilómetros de la central de correos, José María Carrascal veía la televisión en casa, junto a su mujer, casi como un berlinés más, cuando la emisión se cortó para informar del magnicidio, el primero retransmitido por televisión. Carrascal descuelga el teléfono al otro lado del Atlántico, desde la gran manzana...

Libertad Digital: Jose María, ¿dónde estaba usted cuando recibió la noticia del atentado contra JFK?

José María Carrascal: Estaba en el Berlín dividido del muro. Estaba en casa, viendo la televisión con mi mujer, cuando interrumpieron la emisión. Dieron paso a lo que parecía una redacción de informativos, era en blanco y negro. Entonces, salió alguien en mangas de camisa y dio la noticia de que el presidente norteamericano había sufrido un atentado. La programación de la televisión alemana se interrumpió durante horas. Toda la noche continuó con una programación especial informando del magnicidio.

(Dos soldados de la Alemania Soviética, colocan el alambre de espino del primer muro de Berlín | Archivo TV)

En noviembre en Alemania anochece muy temprano. A las tres de la tarde ya es de noche y aquel 22 de noviembre pasamos toda la noche pegados al televisor, especulando con qué sucedería. Así, al principio había esperanza de que con los buenos médicos que hay en América, la cosa no fuera a llegar muy lejos. Luego, empezaron a llegar una serie de noticias raras: que había muerto un policía que intentaba detener a un sospechoso. Luego la detención del sospechoso y, al día siguiente, el asesinato del sospechoso.

LD: Han sido muchos los presidentes norteamericanos que pronunciaron discursos en Berlín occidental, pero, ¿qué significó el de JFK?

JMC: Berlín tenía una relación especial con Kennedy en ese momento. Aquel verano, Kennedy había pasado por Berlín atrayendo las multitudes que solía atraer. Kennedy, que manejaba la televisión como nadie, dijo aquella frase de "ich bin ein Berliner", soy un berlinés como vosotros. Aquello, en un Berlín occidental, que era una isla en el mar rojo, que estaba rodeado de tanques soviéticos, oír al presidente de la primera potencia occidental decir que era un berlinés más estableció una relación afectiva especial con ese presidente.

(Kennedy, el 26 de junio de 1963 en Berlín, unos meses antes de su asesinato | Archivo TV)

Cuando sucedió el atentado, se temía -y era una de las sospechas más tremendas- que hubiera una relación directa entre el atentado y los soviéticos. El detenido y sospechoso principal había estado en la URSS. Había verdadero temor de que aquello terminase en un estallido de violencia directa entre ambas potencias. Aquella tensión en Berlín fue muy fuerte.

Aquella sociedad dividida del muro, más en aquellos primeros años, vivía con mucha incertidumbre. Recuerdo que en el 61 cuando se levantó la alambrada que se convertiría más tarde en un muro de cemento, el pánico fue tal que mucha gente se marchó como pudo del Berlín oriental. Para animar a que la gente se quedara, las autoridades dieron trescientos marcos a los vecinos. Los berlineses, que también tienen su sentido del humor, llamaron aquello "el premio del escalofrío, del temblor". Sí, en Berlín siempre había temor. Lo que ocurre es que al miedo también se acostumbra el ser humano.

LD: ¿Cómo vivió aquel Berlín partido por la mitad el asesinato de Kennedy?

JMC: Lo primero fue shock, un shock tremendo que dejó a todo el mundo paralizado. Uno podría esperarse cualquier cosa, pero esto no. No éramos conscientes, no era nadie consciente de que EEUU fuera un país donde pudiera suceder algo así, fue un shock. Berlín occidental, era una ciudad -yo viví en ella 9 años- muy especial, había muchos ejércitos, no sólo los soviéticos al otro lado del muro, sino que en la parte occidental había tres, el sector norteamericano, el sector británico y el sector francés. Curiosamente, en la calle principal había una casa, La maison de France, que tenían el mejor restaurante de Berlín pero en la que no tenían permitida la entrada los alemanes. Allí nos reuníamos diplomáticos y periodistas. Y había mucha curiosidad por el impacto que pudiera tener el asesinato de JFK. Al día siguiente, muchos especulaban con la posibilidad de que se desencadenaría una crisis. Recuerdo que un cónsul austriaco conjeturó que el atentado podría suponer, al fin y al cabo, una buena repercusión para la situación. Decía que haría ver a rusos y americanos lo cerca que estábamos de un conflicto nuclear que podría destruir ambas naciones. Casualidad o no, años después vendrían los pactos atómicos.

En la calle, la gente estaba desconcertada. La primera reacción fue de miedo. La relación de los berlineses con Kennedy era muy, muy, muy especial. Una relación que no vi en el resto de Alemania, que, dicho sea de paso, dependía tremendamente de los EEUU, ya que eran los norteamericanos los que defendían la libertad en Alemania. Ni Francia ni Reino Unido tenían capacidad para resistir a la Unión Soviética.

LD: Fue el primer gran magnicidio retransmitido por televisión

JMC: Así es. Recuerdo que la noche del atentado salí un momento de casa para recorrer a pie los 4 kilómetros que me separaban de la central de correos de Berlín, donde enviaba por télex mis crónicas y artículos a ABC. No se me olvidará la calle totalmente vacía. No es que suela haber mucha gente en Berlín a aquellas horas, pero alguien hay. Aquella noche, no había un alma en la calle. En cambio, si mirabas a los edificios, podías ver las ventanas con las luces encendidas y el resplandor aquel blanquecino de las televisiones en blanco y negro encendidas. Todo el mundo estaba pegado al televisor, atento a las noticias que venían desde Dallas. Al día siguiente, la gente estaba desconcertada e incrédula. Se preguntaban, entre otras cosas, cómo era posible que el presidente de los EEUU viajase en un coche descapotable. Se resistían a creerlo. '¡No puede ser!', se repetían una y otra vez.

Fue entonces cuando me di cuenta del tremendo efecto de la televisión. Y ya no te digo nada de lo que siguió al atentado, el traslado a Washington, el funeral... Aquel funeral debió batir todos los récords de audiencia mundial. Allí estaban los jefes de estado llegados de todas las partes del mundo. Y la imagen es que fue espectacular, la imagen del hijo pequeño haciendo el saludo militar al paso del féretro... Ahí fue cuando pensé que aquello de la televisión era más de lo que yo me creía.

LD: Usted vivía en la parte occidental, pero podía pasar a la oriental en aquel entonces. ¿Pudo ver cómo se vivió aquel asesinato en la mitad soviética de Berlín?

JMC: Sí, claro. Ten en cuenta que en Berlín occidental se podía sintonizar la emisión soviética de la Alemania del Este. En aquellos informativos se dio la noticia, pero como una información más dentro del bloque del telediario. No se hizo el seguimiento que hicieron los informativos de la RFA.

Había que tener también presente que en Berlín oriental estaba prohibido ver la televisión occidental, aunque se cogía por la antena. Recuerdo que los pioneros, las juventudes comunistas, vigilaban las casas y por la orientación de la antena sabían que estaba viendo. Aquella noche vigilaron más de lo habitual. La televisión del otro lado lo dio, pero lo dio en las noticias. Yo lo vi. Después lo aprovecharon muy bien como propaganda comunista. Decían que el capitalismo mataba y asesinaba a sus propios jefes e, inmediatamente, venía la imagen de él recibiendo el impacto de las balas.

LD. ¿Cómo fue la reacción de la gente que vivía en la zona soviética? ¿Se registraron más intentos de atravesar el muro?

JMC: La verdad es que es difícil de decir. Sí puedo decirte que hubo un auténtico pánico y se incrementó el número de unidades soviéticas que vigilaban el muro. También las guarniciones aliadas en la RFA se pusieron alerta de inmediato. En cuanto a la gente que quería cruzar el muro, pasaban siempre que era posible. El problema es que no se sabía realmente cuál había sido el problema, si la muerte de Kennedy era obra de la URSS o no. Ten en cuenta que el asesino había tenido tantas concomitancias que era difícil de precisar. Decían que había estado en la URSS, que quería irse a Cuba, en fin. El miedo en todas las cancillerías fue total. Hubo auténtico pánico. Éramos prisioneros de la situación política. La gente no se atrevía a salir a la calle.

El asesinato de Kennedy mostró toda la potencia y la impotencia de los EEUU, la gran potencia occidental, la gran potencia democrática muestra también lo bueno y lo malo que hay en la democracia. Hay que tomarla como es. Nos hizo conscientes de la vulnerabilidad de aquel país y de la grandeza de la democracia.

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