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Los medios y su partido han estado años haciéndonos luz de gas sobre su estado hasta que el debate mostró a millones de norteamericanos la verdad.

El Partido Demócrata y los medios, contra Biden

Los medios y su partido han estado años haciéndonos luz de gas sobre su estado hasta que el debate mostró a millones de norteamericanos la verdad.

Parecía que a Biden le había venido bien el atentado contra Trump y la posterior convención republicana para aliviar la tensión que tanto su partido como los medios, valga la redundancia, llevan aplicando desde el debate presidencial para intentar que renuncie a ser el candidato demócrata con la excusa de que no está capacitado mentalmente.

El problema es que todo el mundo que había puesto algo de interés en saberlo sabíamos que Biden está senil ya en 2020, donde hizo la campaña sin moverse de casa con la excusa del covid, acudiendo a los medios lo justo y necesario. Durante toda su presidencia se han acumulado lo que en Estados Unidos llaman "momentos sénior" en sus intervenciones públicas. Sin embargo, los medios y sus compañeros de partido se dedicaron de hacernos luz de gas ocultando su estado quitándole importancia o incluso acusando a quienes se limitaban a publicar vídeos en los que se veía que ya, por decirlo suavemente, no estaba en plena forma mental de elaborar "fakes baratos", incluso una semana antes del debate. Durante años han aceptado que la Casa Blanca les pasara las preguntas para las entrevistas a Biden e incluso que en las ruedas de prensa también se pactara quienes y qué iban a preguntar.

Todo esto ha pasado desapercibido para quienes no prestan demasiada atención a la actualidad, que son aquellos a quienes los medios tradicionales pueden pastorear. Pero entonces llegó el debate y la dura verdad sobre Biden llegó directamente los televisores de decenas de millones de personas. No se podía ocultar más. La montaña de mentiras sobre el estado mental del presidente cayó como un castillo de naipes y ahora los medios no sólo han dejado de protegerlo, sino que se han puesto a la cabeza de la muchedumbre armada con antorchas prestos al linchamiento.

¿Acaso ha sido porque de repente se han dado cuenta de que no se puede tener a un presidente con semejante incapacidad y están indignados por que se lo ocultaran? Por supuesto que no. El problema es que ahora lo sabe todo Estados Unidos y eso dificulta a los demócratas ganar en noviembre. Y no hay más. De modo que en las semanas inmediatamente posteriores al debate la prensa yanqui estuvo hablando continuamente del estado de salud de Biden y a presionar para que se retire de la candidatura demócrata.

Lo cierto es que el Partido Demócrata lo tiene muy difícil, casi imposible, para retirar a Biden si éste no quiere renunciar. ¿Lo hará? Su respuesta a la debacle del debate fue atrincherarse con su familia, en concreto con su mujer Jill y su hijo putero y cocainómano Hunter, que parecen ser los únicos que podrían hacerle cambiar de opinión, y a la vez los más dispuestos a que no lo haga. Sus apariciones en medios desde entonces no ha ido bien, y no ha ayudado que, por una vez, estos lo presionaran un poquito. Incluso en la cumbre de la OTAN cometió errores no forzados como llamar Putin a Zelensky o Trump a su propia vicepresidenta. Desde principios de año ha visitado regularmente la Casa Blanca un médico especializado en Párkinson, y aunque no sepamos a ciencia cierta si eso es lo que le pasa si hay algo que ha dejado claro desde el debate con Trump es que no va a ir a mejor.

Pero los demócratas se enfrentan a un problema peliagudo. Necesitan presionarlo para que se retire, pero sin elevar el tono en público para no hundir completamente sus expectativas de cara a las elecciones de noviembre si, decide continuar de candidato. Los grandes donantes de los demócratas han dejado de dar dinero a su campaña y las voces en su partido que le exigen la retirada han pasado de ser congresistas de medio pelo a algún senador e incluso, por ahora en privado, los Obama, Pelosi o Schumer le han enseñado la puerta de salida.

Ahora mismo estamos en el peor de los escenarios para los demócratas. Si Biden se hubiera ido inmediatamente ya estarían moviéndose para sustituirlo. Si se aferra a su nominación, seguramente una actuación coordinada y decidida de todo el Partido podría haberlo descabalgado. Pero lo dejaron vivir. Ha sido sólo después del atentado cuando esa presión ha elevado el tono, quizá convencidos de que con la imagen de Trump elevada por su reacción al mismo es imposible que Biden gane de todos modos. Hasta han filtrado una noticia diciendo que se irá este mismo domingo. Pero, si lo hace, ¿quién podría sustituirlo y cómo se haría? Lo veremos en un próximo vídeo.

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