Por fin lo han conseguido. Después de la campaña del Partido Demócrata y su rama militar, los medios de comunicación, para descabalgar a Biden después de la debacle que fue el debate con Trump, en la que el triunvirato de Obama, Pelosi y Schumer ha tenido un papel esencial, Biden ha dado su brazo a torcer.
— Joe Biden (@JoeBiden) July 21, 2024
¿Qué nos queda por delante?
Los dos grandes partidos llevan a cabo elecciones primarias para elegir a sus respectivos candidatos. En el caso de los aspirantes a la Presidencia, cada estado emplea un método propio, elecciones o caucus, para elegir a un número de delegados que son quienes acudirán luego a la convención del partido para elegir al ganador. Oficialmente, hasta que no es proclamado en la convención, no se es candidato, lo cual ha hecho especialmente peculiar que se eligiera tener el primer debate presidencial a finales de junio, cuando ni Trump ni Biden son candidatos aún.
La convención demócrata se celebrará entre el 19 y el 22 de agosto en Chicago. Los delegados con derecho a voto son unos 4.000 y todos menos una docena se han comprometido a votar por Biden. Al renunciar, libera de su compromiso a sus delegados, que votarían una primera vez por quien quieran. Como si quieren votar al Papa, o a Bernie Sanders. Si nadie alcanza mayoría, comenzarían sucesivas rondas de votaciones donde además de los 4.000 que ya he mencionado entrarían los más de 700 "superdelegados" puestos ahí por el Partido hasta que alguien alcance la mayoría. Previsiblemente los capitostes del partido llegarán a la convención proponiendo un número reducido de candidatos. Ya se han comentado formas de llegar con unos pocos nombres, o uno solo, a la convención, como es preguntar directamente a los delegados y hacer debates exprés entre aquellos que ya cuenten a priori con su favor, en lo que se parecería más al congreso de un partido español que a la forma tradicional de los partidos americanos.
En definitiva, podemos estar ante una convención dividida que además se celebrará en Chicago, donde cabe esperar que intenten reventarla un número no pequeño de activistas de extrema izquierda especialmente enfadados por que sus líderes aún no se han lanzado del todo en brazos de Hamás. Salga quien salga, parece difícil que emergiera un candidato de consenso y comenzaría la campaña bastante debilitado. La única forma de evitarlo sería elegir a la única persona que podría argumentar que tiene más derecho que nadie a suceder a Biden y evitar así ese escenario, que no es otra que la vicepresidenta Kamala Harris. Conseguirían así que un partido que se declara muy a favor de la diversidad y la inclusión no le diera un portazo a una mujer negra que en la mente de la mayoría sería la sucesora natural y que podría convertirse en la primera presidenta de los Estados Unidos.
El problema, naturalmente, es que Harris es aún más impopular que Biden, que ya es decir, y nunca, en toda su carrera, ha podido ganar unas elecciones competidas. Cuando comenzaron los debates de las primarias de 2020 era ya senadora, pero por California, es decir, que tenía el puesto esencialmente garantizado. Estaba entre las favoritas y tenía una buena posición en las encuestas. Pero en cuanto el público empezó a conocerla mejor, cayó a plomo en las encuestas y se retiró antes incluso de que comenzara a votarse. Como vicepresidenta, también hundió su popularidad en el primer año, que es cuando quiso tener más protagonismo. Su impopularidad es lo que, sin duda, ha impedido que activara el artículo 25 de la Constitución para destronar a su jefe durante su primer mandato, que es lo que esperábamos muchos.
Así pues, las opciones que tienen los demócratas son dos: Harris y una convención dividida donde previsiblemente se presentarían tanto ella como alguno de sus gobernadores más populares, como Gavin Newsom. Las encuestas que se han hecho estos días no muestran que haya nadie, en este momento, cuyos resultados frente a Trump sean muy diferentes a los de Biden, pero eso podría cambiar durante la campaña. Posiblemente el gobernador de California sea la mejor opción con que cuentan los demócratas, pero la más realista sería Kamala Harris. De modo que el panorama, aunque haya mejorado, sigue sin ser halagüeño para los demócratas. No me dan ninguna pena, la verdad: han tenido durante cuatro años todas las oportunidades del mundo de presionar a Biden para que no se presentara a la reelección y prefirieron seguir intentando engañar a todo el mundo sobre su estado. Ahora sólo les queda sufrir las consecuencias.