Donald Trump ya es presidente de Estados Unidos… otra vez. Y ahora que la izquierda se centra en el bulo de que Elon Musk hizo el saludo nazi y la derecha en el tono triunfalista de su discurso de investidura, lo más importante son los decretos que empezó a firmar uno tras otro, como si fuera una fábrica de salchichas, justo después de todo eso. Porque al final para evaluar a un político hay que fijarse no tanto en lo que dice, sino en lo que hace.
Para empezar por lo peor, los 1.500 indultos a los condenados e investigados por la invasión del Capitolio del 6 de enero. Sí, es cierto que después de que Biden haya indultado a toda su familia para evitar condenas por la organización criminal que dirigió durante años y los indultos preventivos, así como a personajes como Anthony Fauci, al que ha perdonado su responsabilidad en la creación del coronavirus, poco puede quejarse la izquierda. También que hubo mucho abuso por parte de jueces y fiscales de Washington DC, jurisdicción donde es difícil encontrar un jurado que no quiera condenar a muerte a alguien por ser de derechas, de modo que el grueso de los indultos es para condenados por faltas como estar cerca o dentro del Capitolio sin violencia y sin que la policía hiciera siquiera ademán de pararles. Pero también hay indultos y revisiones de condena para gente con mucha mayor responsabilidad y que merece pasar tiempo a la sombra, aunque hará falta un poco de tiempo para separar el grano de la paja.
Otros decretos discutibles, por ser presumiblemente inconstitucionales, son el parón al cierre de TikTok y acabar con el derecho a la ciudadanía a todo aquel que nazca en Estados Unidos. Mientras que en su primer mandato Trump fue muy escrupuloso con la legalidad, después de ver que Biden hacía de su capa un sayo con decretos como los de que perdonaban la deuda de los préstamos para hacer estudios universitarios, Trump parece decidido a seguir la misma ruta. En el primer caso para ganar tiempo; en el segundo está por ver si cree que tiene argumentos legales.
La mayor parte de lo aprobado tiene que ver con la inmigración. Trump ha declarado emergencia nacional la situación de la frontera con México, que considera equivalente a "una invasión", lo que le permite militarizarla, ha congelado durante cuatro meses la aceptación de refugiados y ha declarado a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas, lo que le facultaría hipotéticamente para realizar incursiones armadas en territorio mexicano para actuar contra ellos.
Otro asunto que engloba varios decretos es la gestión del funcionariado federal, que tendrá congeladas las contrataciones excepto en lo referido a las fuerzas armadas y policiales. También ha acabado con el teletrabajo, ha facilitado el despido de mandos intermedios y ha acabado con los puestos y departamentos dedicados a la "diversidad" y la "justicia medioambiental".
Otra serie de decretos aborda precisamente el cambio de políticas respecto al clima y la energía, abandonando el acuerdo de París, eliminando medidas para prohibir progresivamente los vehículos de combustión, quitando las restricciones a la exportación de gas, permitiendo la explotación de los recursos naturales de Alaska, paralizando los permisos a los campos eólicos en el mar y en general declarando como emergencia natural la explotación de los recursos de Estados Unidos. También ha pedido a su Gobierno que vuelva a intentar llevar agua del norte al centro y sur de California, esfuerzos que el gobernador Newsom paralizó en su primer mandato y que han jugado un papel en los incendios de Los Ángeles.
Pero Trump ha firmado muchos más decretos y directivas, como la declaración de que oficialmente el Gobierno federal sólo reconocerá los dos sexos masculino y femenino y que prohíbe que haya hombres participando en deportes femeninos y la introducción de presos masculinos en cárceles femeninas. Además, castigará a los colegios e institutos que reconozcan el "sexo sentido" a sus alumnos, por ejemplo, permitiendo a chicos acceder al baño de las alumnas. En el apartado de ajuste de cuentas, ha revocado los permisos para acceder a información confidencial de los 51 exoficiales de inteligencia que apoyaron a Biden asegurando que la historia completamente real del portátil incriminatorio de Hunter Biden era propaganda rusa. Y ha sacado a Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud.
Pero lo que no ha hecho, por ejemplo, es imponer aranceles, aunque ha anunciado que sus esbirros lo estudiarán. Todo apunta a que, como sucedió en su primer mandato pero con más intensidad, los empleará no sólo para incrementar ingresos fiscales sino sobre todo para lograr concesiones de los demás países. No deberíamos despreciar como un "error" que incluyera a España en los BRICS. De nuevo, no lo tomemos literalmente, pero sí en serio. Gracias a Sánchez y su empeño en convertirnos en un país con una política exterior antioccidental, nos tiene en el punto de mira. En ese sentido, la elección de Donald Trump es una mala noticia a corto plazo para España. Pero sólo mientras no nos libremos del PSOE y sus socios.