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Perú, en su mismo laberinto: destituye a su presidente y tendrá un noveno gobernante en 10 años

La inestabilidad política ha sido una característica en el país con una clara polarización y una debilidad de los partidos políticos.

La inestabilidad política ha sido una característica en el país con una clara polarización y una debilidad de los partidos políticos.
José Jeri, presidente destituido de Perú. | EFE

Si algo puede definir la coyuntura política en el Perú en los últimos 10 años es claramente su inestabilidad y polarización. Una prueba de lo que le espera al país es que en las próximas elecciones presidenciales de abril se presentarán hasta 36 candidatos, una muestra de la desorientación política que existe.

Lo que ya no parece raro es que cada cierto (corto) tiempo, el Congreso peruano utilice un artículo de su reglamento para presentar mociones de censura o de vacancia (destitución) para decidir un cambio al frente del Ejecutivo, algo que se convirtió en costumbre desde la elección de Pedro Pablo Kuczynski, que sucedió a Ollanta Humala (2011-2016). Desde ese año 2016, la bancada fujimorista de Fuerza Popular -cuya candidata Keiko Fujimori había perdido en segunda vuelta- no dejó de presionar a su gobierno y presentó hasta dos vacancias contra él (la primera en diciembre de 2017), lo que finalmente llevó a su renuncia en marzo de 2018 para ser reemplazado por su vicepresidente Martín Vizcarra (2018-2020). Vacado también, le siguió Manuel Merino (2020), Francisco Sagasti (2020-2021) y Pedro Castillo (2021-2022).

El último caso de destitución fue Dina Boluarte -designada presidenta tras el intento de golpe de estado de Castillo-, en un contexto de un aumento de la inseguridad ciudadana, además de los casos de extorsión, sicariato y asesinatos, y otros casos de corrupción en los que estuvo involucrada. Además de eso, durante su gestión la represión policial dejó unos 50 fallecidos por proyectiles e impactos de bombas lacrimógenas.

Su reemplazo fue el congresista José Jerí, de 39 años, en tanto que fue elegido meses antes como presidente del Congreso y pese a haber estado involucrado en un caso de violación. De hecho, muchos medios revelaron la existencia de una gran cantidad de mensajes de Twitter relacionados con mujeres y sexo, además de seguir en Instagram a numerosas de cuentas de mujeres, muchas de ellas dedicadas a la creación de contenido erótico.

Durante su corta estancia al frente de la presidencia, Jerí se llenó de problemas y escándalos, más allá de que en sus primeros meses gozó de cierta popularidad, sobre todo por sus constantes salidas buscando protagonismo en las operaciones contra la inseguridad ciudadana, no solo en las calles, sino también en algunas cárceles, con una imagen muy similar a la del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, con gorra y camisas remangadas.

Sin embargo, a inicios de este año, se difundieron imágenes de Jerí en reuniones privadas con el empresario chino Zhihua Yang, realizadas fuera de su agenda oficial, en un "Chifa", como se llama en Perú a los restaurantes de comida china, y también en un local del barrio chino de la capital. Estos encuentros, cuyo escándalo fue bautizado como "Chifagate", generaron una fuerte polémica y una investigación fiscal por presunto tráfico de influencias.

Otro caso sonado fue la contratación entre octubre de 2025 y enero de 2026 de mujeres jóvenes sin la experiencia laboral requerida en el sector público tanto en el Despacho Presidencial como otras áreas del Poder Ejecutivo, después de haberse reunido con el propio presidente, situación que también viene siendo materia de investigación.

Con esto a sus espaldas, el Congreso movió ficha y presentó hasta siete mociones de censura, todas ellas aprobadas en una sola votación (5 votos a favor, 24 en contra y 3 abstenciones), lo que finalmente llevó a su destitución.

Sin embargo, esta censura es a toda la Mesa Directiva del Congreso (Jerí era su presidente), por lo que los parlamentarios tendrán que resolver la situación y elegir a nuestras autoridades, cuya cabeza tendrá el encargo de la presidencia hasta el 28 de julio de este año, cuando asuma el ganador de las elecciones. Esto, obviamente, de no haber una nueva destitución de por medio.

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